

Experiencias
Reflexiones acerca del Foro Mundial de Alimentación 2023
Reflections on the 2023 World Food Forum
Revista Electrónica de Derecho Internacional Contemporáneo
Universidad Nacional de La Plata, Argentina
ISSN-e: 2618-303X
Periodicidad: Frecuencia continua
vol. 7, núm. 7, 2024
Recepción: 30 noviembre 2024
Aprobación: 06 diciembre 2024

Cómo citar este artículo: Dreon, E. (2024). Reflexiones acerca del Foro Mundial de Alimentación 2023. Revista Electrónica De Derecho Internacional Contemporáneo, 7(7). Recuperado a partir de https://revistas.unlp.edu.ar/Redic/article/view/18579
“We showed the world the importance of the active engagement of the youth in all global processes, for a truly inclusive decision-making process... The importance of partnership, collaboration and solidarity… And we heard from everyone, across all events, from all partners, on the importance of leveraging the power of science and innovation, and investments. This is the only way we can accelerate bold and actionable solutions to catalyze the transformation of global agrifood systems.”
QU Dongyu (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, s.f.) Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
El Foro Mundial de Alimentación 2023 (WFF por sus siglas en inglés), que inició su proceso en el 2021 en forma paralela y conjunta a la Cumbre de las Naciones Unidas sobre Sistemas Alimentarios, tuvo lugar en la ciudad de Roma (Italia) entre el 16 y el 20 de octubre. El Foro es un movimiento y una red liderada por jóvenes para transformar los sistemas alimentarios. En esta oportunidad, el lema fue “La transformación de los sistemas alimentarios acelera la acción por el clima”. Los eventos se estructuraron en ejes temáticos, a saber: Acción de la juventud, Innovación, Educación y Cultura. Ello se tradujo en cuatro espacios de trabajo y diálogo entre pares que guiaron el trabajo durante las jornadas: Juventud, Inversión, Juventud indígena y Ciencia e Innovación.
En el ámbito del Foro se buscó generar agencia y un diálogo interinstitucional a fin de visibilizar los principales obstáculos para lograr que los sistemas alimentarios sean sostenibles. En este marco, el rol de las juventudes ha sido significativo en términos cuantitativos, pero, ulteriormente, en diversos discursos se pudo evidenciar ausencias de propuestas respecto a estrategias y búsqueda de resultados concretos (ver Figura 1).
Mi participación en representación de la academia tuvo lugar en el marco de mis estudios del Máster de Desarrollo y Cooperación Internacional en la Universidad del País Vasco. De igual modo, la oportunidad de participar tuvo como principal móvil enriquecer mi abordaje sobre los sistemas alimentarios en mi trayecto formativo en la instancia de posgrado iniciada en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina.
Sin dudas, en la carpa destinada a la juventud indígena −establecida fuera del edificio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) − tuvieron lugar las palabras más reveladoras y sentidas del Foro (ver Figura 2). Entre los distintos expositores, representantes brasileños/as señalaron que los pueblos indígenas se enfrentan a la negación de sus derechos. Por su parte, un representante del público, en calidad de oyente, proveniente de Kenia expresó que debe priorizarse la vida, no los beneficios/ganancias. Resulta crucial sostener y brindar apoyo para ampliar las voces, promoviendo el diálogo y las iniciativas.

Con relación a los mecanismos internacionales dedicados a la juventud, si bien se indicó que existen se debería escuchar más las demandas de dicho colectivo. La premisa fundamental para ello es la construcción para garantizar la protección de sus derechos. Precisamente, una cuestión que ha sido repetida en el transcurso de las jornadas con insistencia fue la lengua como desafío y elemento de exclusión de los actores sociales de los grandes eventos. El límite idiomático es hoy en día un vacío sin resolver por parte de las instancias multinivel. Sobre este punto, una de las expositoras, proveniente de Perú, se refirió a la riqueza de las experiencias de investigación desarrolladas en las Universidades con pertinencia indígena. En este sentido, una de las preguntas guías del debate fue cómo conectar la investigación del sector universitario con los pueblos originarios/indígenas. Durante el desarrollo de las exposiciones resultó revelador cómo la lógica racial-colonial-eurocéntrica se impone al momento de intercambiar ideas entre distintos/as actores/as.
Así, en el espacio de ronda generado en la carpa presencié un momento en el que una académica europea blanca se dirigió hacia los/as expositores/as indígenas y expresó, previo a su ponencia: “you need to know”. Lo cierto es que ya sea directa o indirectamente, consciente o inconscientemente, continúa presente desde lo gestual y actitudinal por parte ciertos académicos del Norte una necesidad de poseer “la última palabra” al momento de plantear ideas. En este sentido, es inevitable recordar uno de los relatos de Eduardo Galeano (2012) en su libro “Los Hijos de los Días” al hablar sobre la agenda internacional de desarrollo en el que señaló que lo único que se han multiplicado los expertos necesarios para llevar adelante tan difíciles tareas y reflejó las disparidades con los actores locales en una anécdota.
A renglón seguido, la académica puntualizó en que se requiere la presentación de evidencias para los tomadores de decisiones, quienes elaboran políticas públicas. Una de las investigadoras de la República Popular de China se refirió al trabajo colectivo en vías a generar un espacio para visibilizar las investigaciones indígenas, así como una convocatoria para la cocreación de conocimientos que incorporen las necesidades particulares de las comunidades. Se afirmó que las políticas y acciones debían respetar la experiencia.
Sin dudas, unas de las reiteraciones más pronunciadas durante las cinco jornadas ha sido la necesidad de cocrear conocimientos, coparticipar, para poder lograr cambios serios en términos de gobernanza. En esa generación del conocimiento en forma conjunta, colectiva, la tradición oral −propia de los pueblos originarios/indígenas− es un aporte significativo, bajo el lema del sistema de conocimiento indígena “aprender para hacer”, no hay un solo sistema de conocimiento. En los distintos espacios de intercambio, se expresó que el conocimiento universidad no habilita su apertura para que los conocimientos tradicionales ancestrales se incorporen. Uno de los ejemplos que demuestra sus potencialidades es que en base a distintas especies de plantas los pueblos indígenas obtuvieron una cura para la COVID-19. No obstante, las estrategias y conocimientos tradicionales no solo abarcaron plantas sino animales y alejamientos a zonas seguras.
Por tanto, se insistió en el requerimiento de generación de oportunidades y plataformas para los sujetos que aún no son parte y no están representados en los espacios de toma de decisión, fundamentalmente en materia regulatoria respecto a temas tales como organismos genéticamente modificados (OGM) y propiedad intelectual. De hecho, en palabras de una mujer ghanesa que integraba el público la implementación de programas sobre la alimentación indígena es sobre nosotros más que con nosotros/as. Los agricultores no tienen opción, FAO dice lo que se “debe hacer”. Esto último fue señalado por una mujer de Burundi que también presenciaba la mesa de debate.
En términos de agenda global, para pensar en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en clave sistemas alimentarios debe replantearse los marcos normativos acerca del acceso y control sobre la tierra, uno de los ejes que presentan más desigualdad entre regiones y hacia el interior de las zonas rurales, entre mujeres y hombres, detentando estos últimos un mayor número de propiedades que las primeras, sumado a la dificultad de las mujeres en términos de acceso a créditos agrícolas y a su incorporación en la denominada digitalización de la agricultura. Además de dichas distinciones, en el Foro se convocó a empoderar a las diversas identidades alimentarias, conociendo las prioridades de cada región como eje fundamental, pero entendiendo, a su vez, que sin el acceso y la propiedad sobre la tierra no hay construcción identitaria posible según el representante de Kenia en uno de los paneles de diálogos.
Asimismo, se participó de la Asamblea Regional de América Latina y el Caribe en el que se presentó el Plan de Acción para la Juventud Rural (FAO) en la que el eje de acción juvenil destacó la inversión con enfoque innovador y agroecológico (ver Figura 3). Así, la bioeconomía como paradigma en emergencia podría representar un vector hacia la transformación de los sistemas agroalimentarios siempre y cuando se tenga en cuenta posibles respuestas a la pregunta ¿transformación hacia qué? Según algunos expertos, la bioeconomía puede achicar la brecha entre lo urbano y rural generando productos verdes ecológicos. Además, se requiere cocrear mecanismos para la responsabilidad social, transparencia y rendición de cuentas de los productos ultra procesados. En este espacio, resultó interesante la posición de la delegada peruana quien destacó la dimensión espiritual de los sistemas alimentarios más allá del resto de dimensiones ya conocidas por quienes participábamos en la Asamblea.

Los líderes jóvenes rurales −a través del representante de El Salvador−, en el marco de la Red Global de Juventudes a la Acción, afirmaron que no querían ser el relevo generacional, sino que querían ser parte del presente. Esta lectura se asocia, acertadamente, a la incorrecta insistencia en la protección de las generaciones futuras ya que de no cumplir con metas concretas respecto al cambio climático no habrá generaciones futuras por proteger. El cambio y acción debe darse ahora.
Otra de las críticas presente en el Foro fue para las ONG internacionales que “se encargan” de los problemas de África dado que en muchas ocasiones no hay beneficios para los pueblos indígenas, sino que hay un enfoque basado en el acercamiento a los gobiernos como vínculo prioritario. En este sentido, se pidió por parte de las organizaciones indígenas un mayor vínculo con ellas por parte de las ONG internacionales que con los propios gobiernos.
De igual modo, la brecha de datos y los debates basados en la evidencia con la necesidad que sean tangibles han ocupado también el centro de la escena. Sin embargo, se señaló que los datos no deberían ser pensados únicamente desde la visión occidental, asociados a la productividad.
Con el transcurso de las jornadas de debates e intercambios, la agroecología apareció con mayor fuerza al momento de acercarse las declaraciones finales del Foro por parte de distintas organizaciones. De igual manera, se trabajó sobre interrogantes tales como si la agroecología es importante para la juventud, así como las acciones implementadas o pensadas por los jóvenes. Se enfatizó en que la agroecología es un sistema integral que abarca la ciencia más a allá de las prácticas ancestrales. Distintos/as oradores/as insistieron en la necesidad de desmitificar la idea de que el conocimiento es propio de “la academia” sino que se ha producido y se produce conocimiento indígena en el que también se tiene en cuenta los desafíos de la innovación. Con ello, los intervinientes tuvieron la intención de evitar la diferenciación marcada en la academia entre conocimientos y saberes, atribuyéndose estos últimos a los pueblos originarios/indígenas con una lectura de subvalor frente al “conocimiento universal”. En contra de lo que se suele expresar, los panelistas en la carpa afirmaron que los conocimientos tradicionales/ancestrales se renuevan día a día, no son estáticos. A su vez, se advirtió sobre la cooptación del discurso en torno a la agroecología por parte de las grandes corporaciones de la economía verde. Una de las principales problemáticas sobre este punto alude a la certificación del sello agroecológico.
Una de las preguntas que atravesó todas las jornadas en todos los espacios de discusión ha sido qué se entiende por compromisos y qué tipos de compromisos se están llevando a cabo. Dichos acuerdos deben contemplar los modos de financiación adecuada y las inversiones desde una perspectiva plural.
En definitiva, el espacio compartido en el Foro Mundial de la Alimentación 2023 me ha permitido observar e identificar en primera persona las potencialidades y desafíos analizados en relación con las políticas pensadas para el desarrollo y las lógicas de los actores/agentes implicados en ellas, así como la falta en ciertos temas y espacios de una perspectiva basada en derechos humanos. Igualmente, el Foro, así como otros espacios multilaterales dedicados a abordar los desafíos de la alimentación y nutrición reflejan que estos ejes son parte de las prioridades de la agenda de desarrollo en la actualidad, así como su complejidad al incluir una gama de actores del escenario global con distintos intereses y capacidad de incidencia en la toma de decisiones. Una muestra de la prioridad referida fue la “Declaración sobre la Agricultura Sostenible, los Sistemas Alimentarios Resilientes y la Acción Climática” por parte de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP) 28 en el mes de diciembre del año de realización del Foro y de una nueva Cumbre de Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios.
Referencias
Galeano, E. (2012). Los Hijos de los Días. Editorial Siglo XXI.
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. (s.f.). 2023 World Food Forum: results report. Recuperado el 20 de noviembre de 2024 de https://youth.world-food-forum.org/reports/2023/es
Información adicional
Cómo citar este artículo: Dreon, E. (2024). Reflexiones acerca del Foro Mundial de Alimentación 2023. Revista Electrónica De Derecho Internacional Contemporáneo, 7(7). Recuperado a partir de https://revistas.unlp.edu.ar/Redic/article/view/18579

