Enmiendas orgánicas aplicadas en cultivos hortícolas protegidos con suelos vertisoles
Efecto sobre la salinidad y alcalinidad
DOI:
https://doi.org/10.24215/16699513e163Palabras clave:
compost, degradación del suelo, hortalizas, invernadero, salinizaciónResumen
En el cinturón hortícola del Gran La Plata, está difundida la aplicación al suelo de enmiendas orgánicas de origen animal, sin embargo, no se estudian sus consecuencias en las variables edáficas y productivas. El presente trabajo tuvo como objetivo analizar el efecto de la aplicación de cama de pollo sin compostar y compostada, sobre la salinidad y alcalinidad de un suelo con propiedades vérticas en invernadero, con cultivos de lechuga y tomate (dos ciclos cada uno). Tratamientos: T1 (testigo), T2 (Cama de pollo fresca, dosis 30 t.ha-1), T3 (compost cama pollo, dosis 47,3 t.ha-1), T4 (doble dosis T3). Variables edáficas analizadas: pH, salinidad (CE) y RAS. En cultivo se estudió rendimiento y tamaño de los frutos. Los resultados mostraron que la incorporación de enmiendas orgánicas no afectó el pH. La CE, fue elevada con mayores concentraciones en T4 (max 9,33 dS.m-1). La alcalinidad también resultó alta en todos los sitios. En rendimiento: el cultivo de lechuga no presentó diferencia significativa entre tratamientos (18,7-21,05 t.ha-1). En tomate fue significativamente menor T1 durante el primer ciclo, diferencia que desapareció en el segundo ciclo (183-216 t.ha-1). La calidad de los frutos en el primer ciclo de tomate fue menor en T2, con mayor cantidad de frutos de segunda, el T4 tuvo mayor cantidad de frutos con BER. Estos resultados demuestran que las enmiendas orgánicas de origen animal, aplicadas frescas y compostadas en dosis elevadas, salinizan los suelos. Es muy importante continuar con estos estudios para ajustar dosis de aplicación y encontrar además alternativas sustentables de manejo de los suelos hortícolas.
INTRODUCCIÓN
La agricultura periurbana se concentra alrededor de las grandes ciudades y conforman los denominados “Cinturones verdes”. El de mayor importancia en términos productivos y socio-económicos es el Cinturón Hortícola Metropolitano (CHM) de Buenos Aires (AMBA) y dentro de este el del Gran La Plata, que se caracteriza por producir más del 50% de las hortalizas bajo cubierta del país(Stavisky, 2010), en una superficie aproximada de 4.000 ha (German et al., 2019). Esta región si bien cuenta con la ventaja competitiva de la cercanía a las grandes ciudades, presenta problemáticas que se vinculan a las condiciones naturales y principalmente a los procesos tecnológicos que implementan, generando degradación y contaminación del ambiente. Se destaca en el suelo, las degradaciones físicas, químicas y biológicas (Alconada et al., 2011; Cuellas, 2017; Alconada Magliano et al., 2021), y en el agua para consumo humano, la contaminación con nitratos (Auge, 2005; Garcia et al., 2020).
Los suelos de la región, sobre los cuales se desarrolla la actividad hortícola, se clasifican como Hapludert típico Serie Gorina, y Argiudol vértico Serie Estancia Chica y Serie Seguí. En su condición natural presentan elevada fertilidad química, con excepción de fósforo (P) (<10 mg.kg-1), elevado contenido de materia orgánica (MO) (4,5-5%), y están libres de sales y sodio (Conductividad eléctrica (CE) <1 dS.m-1; Relación de Adsorción de Sodio, (RAS) <1), y pH ligeramente ácido (pH 5,5). Su principal limitante es la permeabilidad que es de baja a moderada, asociada al elevado contenido de arcillas desde superficie, con alta proporción de montmorillonitas expansivas(Hurtado et al., 2006). El manejo se realiza siguiendo procedimientos, que en general, se repiten año tras año desde hace décadas, sin considerar adecuadamente las características edáficas, ni la calidad del agua de riego, ni las necesidades nutricionales de los cultivos. Se generan así, procesos de degradación del suelo, destacándose la salinización, alcalinización, pérdida de materia orgánica y estructura del suelo, con una drástica disminución de la permeabilidad edáfica del perfil, y una condición de hiperfertilización general y del fósforo en particular (Giuffré et al., 2004; Cuellas, 2017; Alconada Magliano et al., 2018; Alconada y Zembo, 2000)(Alconada Magliano et al., 2021), con efectos directos en los cultivos, tales como sequías fisiológicas, desbalances nutricionales, y mayor incidencia de plagas y enfermedades (Poncetta et al., 2006; Alconada et al., 2011), y como se indicó, contaminación de las aguas subterráneas con nitratos(Auge, 2005; Garcia et al., 2020).
La degradación de los suelos, principalmente la disminución de la permeabilidad y la perdida de materia orgánica, se intenta revertir con la incorporación de estiércoles (una o dos veces al año), principalmente cama de pollo (estiércol + cáscara de arroz) y gallinaza (estiércol puro) sin compostar, en dosis próximas a 30-40 t.ha-1. Sin embargo, constituyen una de las fuentes que aporta sales, incrementando la alcalinidad y salinidad edáfica (Paterlini et al., 2017), con un aumento en los niveles de P en el suelo y daños en los cultivos (Rabuffetti et al., 2010), sin un claro efecto sobre la materia orgánica edáfica (Cuellas, 2017; Alconada Magliano et al., 2018; Cuellas et al., 2019; Alconada et al., 2000). Adicionalmente, cabe destacar que los residuos orgánicos frescos pueden contener residuos de pesticidas, fármacos (Bolan et al., 2010) y metales pesados (Alconada Magliano et al., 2018). Por lo expuesto, es que en las recomendaciones que se incluyen en las “Buenas Prácticas Agrícolas” en horticultura, se indica que no se deben utilizar enmienda orgánicas frescas de origen animal sin compostar , en la resolución conjunta 1/2019 RESFC-2019-1-APN-SECCYMA#SGP1.
El proceso de compostado es una alternativa que mejora las enmiendas orgánicas de origen animal, mediante la descomposición y estabilización biológica de los materiales, obteniendo un producto final estable, de calidad química controlada, libre de patógenos y semillas, que al aplicarlo en el suelo puede generar un efecto positivo (Mazzarino et al., 2012; Román et al., 2013; Pelegrini et al., 2014). Sin embargo, en diferentes estudios se describen aumentos en la salinidad edáfica (Reddy y Crohn, 2012; Leogrande y Vitti, 2018), y de los niveles de P (Mazzarino et al., 2012; Paterlini et al., 2017), siendo entonces necesario realizar un monitoreo permanente en el suelo al incorporar este tipo de enmiendas, a fin de identificar tempranamente tendencias y evitar efectos ambientales negativos (Koritschoner et al., 2019). En el presente trabajo se tuvo como objetivo analizar el efecto de la aplicación de enmiendas orgánicas de origen animal, en estado fresco y compostado, sobre la salinidad y alcalinidad de un suelo Hapludert típico bajo cobertura plástica, y sobre el rendimiento y calidad de los cultivos de lechuga y tomate.
MATERIALES Y MÉTODOS
UBICACIÓN Y CARACTERÍSTICAS PRODUCTIVAS
El estudio se realizó en la Estación Experimental de Gorina del Ministerio de Desarrollo Agrario de la Provincia de Buenos Aires, ubicada en la localidad de Gorina, que integra el denominado Cinturón Hortícola del Gran La Plata (latitud 34º54'56'' S y longitud 58º2'22'' O) Argentina. El ensayo fue instalado en un invernáculo parabólico de metal (240 m2), sobre un suelo de la Serie Gorina (Hapludert típico, familia fina, montmorillonítica, térmica) (Hurtado et al., 2006) con uso intensivo por más de 10 años. Se implantaron en el primer año dos cultivos, lechuga (Lactuca sativa L.) variedad Lores (trasplante 20 de mayo y cosecha 4 de agosto del 2015); y tomate (Solanum lycopersicum L.) cv. Elpida (trasplante 15 de octubre de 2015 y fin de producción 29 de marzo de 2016); y en un segundo cultivo de tomate (trasplante 12 de septiembre de 2016 y fin de producción 1 de marzo de 2017). El manejo implementado fue tradicional, conforme recomendaciones frecuentes para la región, densidad de plantación: 50.000 plantas.ha-1 para lechuga y 20.000 plantas.ha-1 para tomate. El riego se realizó por goteo (20 cm entre goteros) con dos mangueras de riego por lomo, lámina de riego promedio de 100-200 cc por día cada gotero.
El agua de riego presentó las siguientes características: pH 7,6; Conductividad eléctrica (CE) 0,75 dS.m-1, RAS 5,8, Sodio 6,5 meq.l-1 y nitratos 47,76 mg.l-1. En el sitio de estudio también se han medido concentraciones de bicarbonato en agua superiores a 7 meq.l-1, siendo el agua de tipo bicarbonatada sódica (Alconada y Zembo, 2000). Según criterio de (Ayers y Wescot, 1985) que define la calidad del agua por la relación CE-RAS y por el contenido de bicarbonato, se clasifica como ligero a moderado riesgo en la permeabilidad. Sin embargo, si se analiza por (Pla Sentís, 2014), el riego con este tipo de agua, conduciría a un riesgo por sodicidad, pudiendo ser la salinidad variable. Esta situación que es la que efectivamente se reconoce en el sitio de estudio en particular y la región en general, aún con otras calidades de agua (Alconada y Zembo, 2000).
TRATAMIENTOS
T1=testigo; T2=cama de pollo fresca (CPF) (dosis 30 t.ha-1, densidad 0,30 t.m-3, y 74% de Materia Orgánica (MO); T3=compost de cama de pollo (CPC) (densidad 0,35 t.m-3, y 55% MO) la dosis se ajustó en función del contenido de MO del T2 y resultó de 47,3 t.ha-1; y T4=compost de cama de pollo (CPC) con doble dosis del T3 (95,6 t.ha-1).
Los tratamientos se aplicaron en los dos años de ensayo, repitiendo las mismas dosis y criterios de aplicación (en superficie sobre los lomos, y posterior incorporación). La primera aplicación fue el 22 de abril de 2015 (un mes previo a la plantación de lechuga), y la segunda el 15 de agosto de 2016 (un mes previo a la plantación del segundo ciclo tomate). Cabe destacar que no se agregaron fertilizantes inorgánicos. En la Figura 1 se observa una vista del invernáculo durante la aplicación de los abonos, y en la Figura 2 un detalle de los abonos aplicados, estiércol fresco y compostado.
MUESTREO DE SUELO
Se muestreó el suelo superficialmente a 0-10 cm (horizonte A con desarrollo de raíces), y subsuperficialmente a 10-20 cm (sin raíces, inicio del Bt), en 6 fechas, F1=inicio cultivo de lechuga (20 de mayo de 2015); F2=final cultivo de lechuga (29 de julio de 2015); F3=inicio cultivo de tomate (22 de octubre de 2015); F4: final cultivo de tomate (8 de abril de 2016); F5: inicio del segundo cultivo de tomate (27 de septiembre de 2016); y F6: final del cultivo y del ensayo (1 de marzo de 2017). Las muestras de suelo fueron compuestas por 6 a 8 submuestras.
ANÁLISIS FÍSICO-QUÍMICO Y QUÍMICO DE LAS ENMIENDAS (FRESCAS Y COMPOSTADAS)
Se analizaron las siguientes variables: cationes solubles (Calcio (Ca), Magnesio (Mg), Sodio (Na) y Potasio (K)), pH, relación de adsorción de sodio (RAS), Fósforo (P), Materia orgánica (MO), Nitrógeno total (Nt), y metales pesados (Cobre (Cu), Hierro (Fe), Manganeso (Mn), Zinc (Zn), Cobalto (Co), Cadmio (Cd), Niquel (Ni), y Plomo (Pb). El potencial de hidrógeno (pH) fue medido en pasta por potenciometría; la conductividad eléctrica (CE) en el extracto de saturación por conductimetría; carbono orgánico (CO) por Walkley-Black modificado 2; Nitrógeno total (Nt) por Micro Kjeldhal 3; Fósforo por Bray Kurtz N° 1 4; cationes solubles Na y K por fotometría de llama, y Ca y Mg solubles determinados por complejometria con EDTA (SAMLA, 2004). A partir de cationes solubles, se calculó la RAS (Relación de absorción de sodio) (Richards et al., 1974). Los micronutrientes y metales pesados se extrajeron con EDTA 0,2 M, se filtraron las muestras por membranas de 0,45 micrones y se midieron cationes por absorción atómica, utilizando curvas de calibración con patrones certificados (Atomic Absorption Spectrophotometer Shimaddzu AA-6650, realizado en CINDEFI, CONICET-UNLP).
ANÁLISIS FÍSICO-QUÍMICO Y QUÍMICO DEL SUELO
En todas las fechas se evaluó por iguales técnicas que las mencionadas para abonos: pH en pasta, CE (dS.m-1) y RAS (%).
Humedad: Se determinó humedad de suelo de las muestras tomadas. Se realizó en una estufa a peso constante. Y se determinó correlación entre este parámetro y la CE del suelo.
Además, se realizaron análisis complementarios como estabilidad estructural presentados en (Ungaro, 2017) y (Aguirre, 2020), y actividad biológica realizadas en el primer año de estudio presentados en (Martín et al., 2017).
RENDIMIENTO DE LOS CULTIVOS
Lechuga: se midió rendimiento total por tratamientos
Tomate rendimiento total por tratamiento, constituido por rendimientos parciales: 13 cosechas para el primer ciclo y 8 cosechas (no se pudo continuar por la rotura de la estructura del invernáculo por fuertes vientos) en el segundo ciclo.
En ambos cultivos el rendimiento se determinó a partir del peso, en el caso de la lechuga peso total de la planta, y en tomate peso de los frutos cosechados en su ciclo productivo. Se utilizó una balanza digital.
Clasificación de los frutos (por su peso u otras características): Primera>200 g; Segunda entre 100-200 g; Tercera 50-100 g; Descarte<50 g y/o frutos con síntomas de enfermedad o plagas y Blosson end rot (BER) frutos con necrosis apical.
DISEÑO EXPERIMENTAL Y ANÁLISIS ESTADÍSTICO
El diseño experimental fue en bloques completos al azar con 4 repeticiones. Se analizaron los resultados por ANVA, con prueba de F test unilateral (p<0,05 y 0,01), comparación de tratamientos por test de Tukey, mediante el programa InfoStat (InfoStat, 2004).
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
ANÁLISIS DE LAS ENMIENDAS
En la Tabla 1 se presenta el análisis físico-químico y químico de las enmiendas utilizadas. Se observa que hubo una mejora en la calidad del material compostado (CPC) respecto al material fresco (CPF), con una disminución del pH, RAS, Na y CE (Tabla 1). No obstante, la CE continuó siendo elevada. Las concentraciones de P, al igual que los cationes solubles Ca, Mg y K, aumentan en el material compostado. El aumento en nutrientes, particularmente K y P, es importante por su aporte al suelo y efecto en la nutrición de los cultivos (Mazzarino et al., 2012). Se destaca en la región una hiperfertilización con P, debido al excesivo uso de fertilizantes y de enmiendas de origen animal.(Alconada y Huergo, 1998; Giuffré et al., 2004; Cuellas, 2017).
Las concentraciones de metales pesados, en ambas enmiendas, fueron menores a los límites permitidos por el SENASA (resolución 1/19) (Tabla 2). Es importante considerar que estos elementos, al igual que el P, tienen baja movilidad con el riesgo de que luego de aplicaciones sucesivas, se acumulen en el suelo, y alcancen límites que superan lo adecuado para la nutrición de cultivos.
El pH de la CPF es muy elevado, pero similar a los encontrados en otros estudios (pH cercanos a 9) (Cuellas et al., 2019). Estos valores podrían afectar procesos biogeoquímicos de los nutrientes en el suelo, como la nutrición de elementos esenciales, especialmente micronutrientes, favoreciendo perdidas de N por volatilización y/o desnitrificación (en función de la anaerobiosis presente) (Maliselo y Mwaanga, 2016). Durante el compostado, el pH disminuyó aproximadamente dos unidades, resultando ligeramente ácido a neutro, y adecuado para el desarrollo de los cultivos hortícolas implantados en el presente ensayo. Estos valores fueron similares a los reportados por (Riera et al., 2014) en compost de guano de ponedoras y cama de pollos parrilleros. (Rynk et al., 1992) señalan que la disminución del pH puede deberse a la formación de ácidos húmicos. Sin embargo, el origen inmediato más probable es la acidificación que se genera por la mineralización de materiales orgánicos (Porta et al., 1994; Gallardo Lancho, 2016).
La salinidad (CE) en la CPF fue muy elevada y superior a las concentraciones reportadas en la región de estudio (Cuellas et al., 2019) y en otras regiones (Paterlini et al., 2017)(Paternili et al., 2017) para otras camas de pollo frescas. Estas concentraciones se pueden atribuir al alto contenido de ácido úrico que poseen las heces (Paterlini et al., 2017). En la CPC, si bien la salinidad disminuye por la lixiviación de las sales en el proceso de compostaje, al igual que lo reportado en los estudios realizados por (Riera et al., 2014), los valores siguen siendo muy elevados (13,51 dS.m-1).
Los contenidos de carbono orgánico (CO), CPF (40%) y CPC (21,6%), fueron similares a los mencionados en otros estudios similares (Riera et al., 2014; Paterlini et al., 2017). La disminución de CO en el proceso de compostaje puede atribuirse a la liberación de CO2 durante la mineralización primaria del material fresco, y una posible formación de compuestos orgánicos más complejos tal como indica (Chaudhry et al., 2013). La relación C/N disminuye marcadamente en el material compostado, incluso respecto a la relación considerada ideal para abonos orgánicos (30-25) indicada por Lanfranco (Alconada Magliano y Lanfranco, 2020), y en los manuales de compostaje (Román et al., 2013; Pelegrini et al., 2014), resultando en valores que son los de un suelo de pradera estabilizado (C/N 11).
SUELOS
Reacción del suelo, pH.
En superficie (0-10 cm), sólo hubo diferencias significativas entre tratamientos en F1 y F5 (P 0,05) (Tabla 3). En F1 con cultivo de lechuga, el T2 con CPF fue significativamente mayor al testigo (T1) y a la CPC en doble dosis (T4). Esto se asocia al elevado pH de la cama fresca, no obstante estos valores no afectarían el rendimiento de la lechuga, que tiene como límite óptimo un pH de 6,8 y 7,4 (Maroto, 1983).
En F5 (segundo ciclo de tomate) el T3 (CPC dosis simple), resulta significativamente mayor al T2, lo cual no puede ser explicado por los materiales utilizados. Se aprecia que paulatinamente en todos los tratamientos hay una tendencia a aumentar el pH al final del ensayo, tal como lo revelan las diferencias significativas en todos los tratamientos entre fechas (Tabla 3). El cultivo de tomate tiene un óptimo de crecimiento en un rango de pH entre 5,5-6,5 (Nuez, 1995), por lo tanto, los valores mencionados, principalmente en F6, podrían afectar la disponibilidad de nutrientes, el desarrollo y rendimiento del cultivo (Porta et al., 1994).
Los valores de pH a 10-20 cm se corresponden con los superficiales, tendiendo a ser en general algo mayores, pero sin diferencias entre tratamientos (Tabla 3). Los coeficientes de variabilidad resultan bajos entre fechas y entre tratamientos para ambas profundidades.
Se produjo entonces en todos los sitios y en ambas profundidades de muestreo, un proceso de alcalinización que resultó significativo hacia el final de los dos ciclos del cultivo de tomate. Así, en la mayoría de los tratamientos, en F4 y F6 (cosecha del cultivo de tomate), se diferenciaron significativamente de fechas previas (Tabla 3). Este aumento de pH hacia finales de la cosecha del cultivo de tomate, es coincidente con lo observado en otros estudios de la región (Alconada et al., 2004). Esto se asocia a las características del agua de riego (pH 7,7), de los suelos que provienen de un uso intensivo, y momento del cultivo (Alconada Magliano et al., 2021; Alconada y Zembo, 2000).
Contenido de sales
En la Tabla 4 se presenta la salinidad medida en conductividad eléctrica en superficie y subsuperficialmente para todas las fechas y tratamientos. En la Figura 3 se muestra la representación conjunta de dichos valores.
Lechuga: Durante todo el ciclo (F1 y F2), los valores de CE fueron muy elevados y superiores a los recomendados para este cultivo (Cadahia, 2005). En F1, si bien sólo resultó significativamente (P 0,05) mayor el T4 (CPC doble dosis), en los otros tratamientos la salinidad al menos duplicó a la del testigo. La falta de significancia, pudo ser debida a una elevada variabilidad entre datos de cada sitio (CV general 26,5). En F2, al igual que F1, T4 presentó valores significativamente (P 0,05) mayores al T3 y T1. También en esta fecha, la elevada variabilidad de las mediciones (CV 34,8) pudo influir en la significancia, dado que T2 tuvo una mayor salinidad que el testigo y que T3, pero sin diferencia significativa. Sub-superficialmente no hubo diferencias significativas, y al igual que en superficie los valores en F2 fueron menores respecto a F1 (Tabla 4).
Se encontró para ambas profundidades, una correlación inversa entre salinidad y humedad del suelo, sin embargo no fue estadísticamente significativa, lo cual puede atribuirse a la baja permeabilidad y al aporte diferencial de sales. Consecuentemente, aún con mayor humedad edáfica, no se produjo un lavado efectivo de sales, permaneciendo estas a 10-20 cm de profundidad. Esto se hace más evidente en los tratamientos donde el aporte de sales fue mayor, por las enmiendas incorporadas. Al respecto, en la Figura 3, se presentan los perfiles edáficos de cada sitio, indicándose salinidades y humedades promedio. En F1, T1 tuvo una CE 2,47 dS.m-1 y humedad de 32,9%, mientras que en T4, con valores de CE de hasta 9,33 dS.m-1, la humedad promedio fue de 31,0%. En F2, la salinidad disminuyó en los tratamientos (Tabla 4) al igual que la humedad edáfica medida (T1 21,9%; T2 21,4%; T3 23,2% y T4 20,4%) (Figura 4). Se aprecia la presencia de sales en superficie, aun siendo los valores de salinidad menores que en F1, se mantuvo elevado el contenido de sales en T2 (CPF) y T4 con elevada dosis de compost.
Respecto a las concentraciones salinas que afectan al cultivo de lechuga (Cadahia, 2005) indica que es muy sensible, siendo un valor óptimo de crecimiento de 1,25 dS.m-1. Otros autores, señalan un umbral aún menor de 1,1 dS.m-1, indicando que, por cada unidad de aumento de la CE, el rendimiento en lechuga se reduce en aproximadamente un 9-10 % (Ünlükara et al., 2008). Sin embargo, esta situación no se observó en el presente estudio. Las diferencias en salinidad no se reflejaron en el rendimiento ni en la magnitud de la virosis que afecto todo el cultivo. En la Figura 5 se observa una vista general del cultivo y un detalle de la sintomatología de la virosis en las hojas.
Tomate. Durante ambos ciclos (desde F3 a F6) en todos los sitios la salinidad resultó elevada y superior al óptimo indicado de 2,6 dS.m-1 para este cultivo (Nuez, 1995; Cadahia, 2005).
Primer ciclo (F3 y F4) a 0-10 cm de profundidad, al trasplante del cultivo (F3) la salinidad fue elevada en todos los sitios y significativamente (P 0,05) mayor en el T2, que se corresponde con el mayor aporte de sales de la enmienda; y al contrario de lo sucedido durante el ciclo de lechuga, el T4 tuvo una salinidad significativamente menor que T1 (P 0,05) (Tabla 4). Los valores de humedad promedio (T1 20,5%; T2 23,0%; T3 22,6%; T4 24,5%), no explican las variaciones en la salinidad medida.
En F4, la salinidad del T1, aumentó y resultó significativamente mayor respecto a los tratamientos. Asimismo, hubo una disminución de la salinidad en T2 que no se correspondió con lo obtenido en fechas previas, ni en siguientes. Esto sólo puede parcialmente vincularse al contenido de humedad, dado que si bien no hay una correlación significativa general entre CE-H%; en F4 hubo una mejor correlación en T2 entre CE y H%. La humedad promedio en F4 fue: T1 22,5 %; T2 29,4%; T3 26,4%, y T4 32,3%. Se destaca la elevada variabilidad de la salinidad para todos los sitios entre fechas, y en especial para el T2 (CV 48,2).
En la Figura 6 se presenta la apariencia del suelo en superficie en el primer ciclo del cultivo de tomate, F3 y F4, y una fecha intermedia; y a modo ilustrativo, se muestra el desarrollo radicular al finalizar la cosecha. Puede indicarse, sin valor estadístico, que se obtuvo un mejor desarrollo radicular en T3, y se corresponde con un mejor perfil edáfico que posibilitó el compost en dosis simple, tal como se mostró en Figura 3.
Subsuperficialmente (10-20 cm) en F3 al igual que en superficie, el T2 presentó una CE significativamente mayor (P 0,05). En todos los casos la salinidad disminuyó marcadamente respecto a superficie sin que existiera correlación con la humedad promedio (T1 26,7%, T2 27,0%, T3 29,0%, T4 29,2%). En F4 la humedad aumenta y disminuye la salinidad en todos los casos pero sin diferencias significativas entre sitios. Los valores de humedad promedio fueron: T1 34,2%, T2 35,4%, T3 35,3%, T4 32,8%.
Segundo ciclo (F5 y F6). La CE en superficie (0-10 cm) en F5 (un mes posterior a la segunda aplicación de enmiendas), no presentó diferencias significativas entre sitios, y si bien se mantuvieron altos valores, especialmente en T4, no se produjo el pico salino que se midió en F1 (Tabla 4). La menor salinidad del T3 se correspondió con una mayor humedad. La humedad promedio en F5 fue: T1 27,5%, T2 26,3%, T3 28,5%, T4 27,8%. En F6 tampoco hubo diferencia significativa entre sitios, sin embargo T4 y T3 presentaron el mayor y menor valor de CE, respectivamente. Como se indicó precedentemente, la alta variabilidad puede explicar la falta de significancia, destacándose en F6 un CV del 73% (Tabla 4).
Subsuperficialmente (10-20 cm), se produjo una disminución general de la CE respecto a superficie. En F5 el T2 presentó el mayor valor y se diferenció significativamente del T3. Este último tratamiento, con simple dosis de compost, tuvo la menor salinidad, tal como se produjo en superficie. La humedad resultó próxima a la obtenida en superficie y no se correlacionó con la salinidad (humedad en F5: T1 27,5%, T2 y T3 27,0 %, T4 28,5%). En F6 se mantuvo igual tendencia que en superficie, sin diferencia significativa entre sitios, debido a la elevadísima variabilidad de los valores medidos (CV 120%). Se destaca que con excepción de T3, la salinidad se mantuvo elevada, no presentando la disminución que se observó subsuperficialmente en otras fechas. La humedad resultó baja en todos los sitios, por lo cual, la disminución de salinidad en T3 respecto al resto adquiere mayor relevancia dado que no puede atribuirse a un posible efecto de dilución. La humedad promedio en F6 fue: T1 20,8%, T2 20,3%, T3 19,8%, T4 20,5%.
Evolución de la CE entre fechas. Considerando todo el periodo estudiado con ambos cultivos, en superficie (0-10 cm) se produjeron diferencias significativas en T1 y en T4. En el testigo (T1) la salinidad aumentó hacia F4, cuando se diferenció estadísticamente del resto de fechas, y como se comentó, también de los tratamientos. En el T4 si bien la salinidad fue elevada en todas las fechas con una disminución en F3, la diferencia significativa se produjo en F1 (al mes de haberse aplicado compost) con una CE de 9,33 dS.m-1. Estos resultados son similares a los reportados por (Leogrande y Vitti, 2018), quienes analizaron aplicaciones de compost de diferentes orígenes, y encontraron que dosis mayores a las 50 t.ha-1 provocaron aumento de la salinización. En el T2 no hubo diferencias significativas entre fechas, se mantiene en valores elevados con excepción de F4. El T3 es el que mantuvo una menor salinidad general en la mayoría de las fechas y presenta una mejor condición de suelo y desarrollo de raíces (Figura 4 y 6).
Subsuperficialmente (10-20 cm) en todas las fechas estudiadas, los valores de CE fueron menores que en superficie, y no hubo para ningún sitio diferencia significativa entre fechas. Asimismo, al igual que lo indicado en superficie, aunque sin significancia estadística, la doble dosis de CPC tiende a elevar la salinidad. La variabilidad en los valores de CE, si bien en general es elevada, hubo una mayor variabilidad entre fechas para cada tratamiento que entre tratamientos para cada fecha, con excepción de F3.
La variabilidad en ambas profundidades de muestreo, puede asociarse a la naturaleza arcillosa de estos suelos y especialmente el horizonte Bt (muestreo a 10-20 cm), con alta proporción de arcillas expansivas que generan grietas y asociado a estas, flujos de agua diferenciales. Asimismo, puede atribuirse a un aporte de agua diferencial durante el manejo del riego. Si bien, como se comentó, en ninguna de las profundidades medidas hubo una buena correlación entre la salinidad y humedad, en el Bt con ausencia de raíces, hubo una tendencia a mayores valores de humedad en algunas fechas. En superficie (0-10 cm), a pesar del mayor contenido de sales, es donde se desarrollan las raíces, por menor contenido de arcillas y mejores condiciones de aireación. Es importante considerar que en ningún caso se aplicaron fertilizantes de síntesis por lo cual el desarrollo radicular no puede vincularse al fertirriego y consecuentemente al aporte en nutrientes, tal como con frecuencia se asocia.
Por lo expuesto, puede indicarse que si bien se parte de un suelo con una salinidad inicial en el testigo superior a 2 dS.m-1 (F1), asociado a más de 10 años de cultivos protegidos (condición natural < 1 dS.m-1), la variabilidad en la salinidad fue elevada y puede ser debido al momento del cultivo, absorción selectiva iónica de las raíces, condición hídrica debida al riego y estación climática, tal como es lo habitual en estos suelos y esquemas productivos (Alconada Magliano et al., 2018; Cuellas, 2019).
Sodicidad, Relación de Adsorción sodio (RAS)
En la Tabla 5 se presentan los valores de la RAS, en superficie (0-10 cm) para todos los sitios, desde F2 a F6. Se parte de una situación general de elevada RAS (8,45) debido a que el suelo ensayado proviene de un uso continuo de horticultura bajo cubierta. El T4, en F2 y F3, se eleva significativamente (P 0,05) respecto del resto de los sitios. En F4, en general la alcalinidad continúa siendo elevada y sólo el T3 con menor valor se diferencia significativamente (P 0,05). En F5 si bien estadísticamente se observan diferencias significativas, estas no son claras, siendo todos los valores absolutos próximos entre sí y muy elevados. En F6 ocurre una disminución generalizada de la alcalinidad, siendo estadísticamente mayor en T3 y en el testigo.
Entre fechas, se produjo una variación significativa asociada muy posiblemente a la condición hídrica, y a la calidad del agua (RAS 5,8, bicarbonatada sódica), así como, momento del cultivo, provocando una acumulación de sales/sodio diferencial, tal como se produce en diversos sitios de la región (Alconada y Zembo, 2000). En base a lo expuesto, puede indicarse que no se observó en superficie, un efecto claro de las enmiendas sobre la alcalinidad, en todos los casos la alcalinidad resultó elevada, pudiendo indicarse que la dosis simple de compost tendría un ligero mejor efecto que la doble y que el abono sin compostar. Sin embargo, pareciera que son las condiciones naturales de los suelos, agua de riego, momento del cultivo, los que establecen la alcalinidad alcanzada. Cabe destacar, que en general, valores superiores a 5 de RAS resultan en una situación de dispersión de estos suelos.
Subsuperficialmente los valores de RAS (Tabla 5) son del mismo orden de valores que en superficie y presentan una variabilidad mayor, pero con igual tendencia, destacándose una disminución general de todos los sitios hacia F6.
RENDIMIENTO DE LOS CULTIVOS
Lechuga. En la Tabla 6 se presentan los rendimientos del cultivo de lechuga. No hubo diferencia significativa entre sitios. Sin embargo, el T4 obtuvo los mayores valores a pesar de la elevada CE. Cabe destacar, que el rendimiento obtenido para la salinidad del presente ensayo se ubica en los valores frecuentes de la región para los suelos de invernadero (Tabla 4), con una marcada variabilidad estacional asociado al clima, cultivo, y manejo. Entre los factores que pueden estar restringiendo la potencialidad productiva del cultivo de lechuga pueden indicarse principalmente aspectos que hacen a salinidad total, iones específicos, desequilibrios nutricionales, y permeabilidad.
Tomate. En la Tabla 7 se presentan los rendimientos totales de tomate en los dos ciclos estudiados y según clasificación: 1ra, 2da y BER (Blossom end rot). Durante el primer ciclo (2016) el testigo (T1) con menor rendimiento total y con menor cantidad de frutos de 1ra se diferenció significativamente (P 0,05) del resto de los tratamientos que no se diferenciaron entre sí. Respecto a los frutos de 2da y los que tenían BER no hubo diferencia sitios. El T1, presentó una alta proporción de frutos de primera calidad (70%), al igual que los T3 y T4. En el T2, este porcentaje fue algo menor (65%), siendo mayor el porcentaje de frutos de segunda y con BER.
En el ciclo 2017, como se indicó en materiales y métodos, la cosecha solo pudo realizarse hasta finales de febrero por la rotura del invernadero por un temporal de fuertes vientos que afecto a la región de estudio. Por este motivo, los resultados en rendimiento no pueden ser tan precisamente analizados como en el ciclo precedente. Igualmente, puede indicarse que en rendimiento total el T3 presentó los menores rendimientos diferenciándose significativamente (p 0,05) del T4 con mayor rendimiento. Esta disminución en T3 no puede ser explicada por los promedios de las variables edáficas aquí medias (Tablas 3, 4, 5). Al analizar los rendimientos por repetición del T3, se aprecia que el menor rendimiento se produjo en R3 y R4, donde fueron posiblemente los sectores donde las plantas fueron más afectados por la condición climática que destruyó la estructura del invernáculo hacia el final del ciclo. Asimismo, el T3 presentó la menor cantidad de frutos de 2da con diferencia significativa respecto del T2 y T1.
CONCLUSIONES
No hubo efecto de los tratamientos en la evolución del pH, se asocia al momento del cultivo, agua de riego y clima. El pH se ubicó en valores próximos a la neutralidad, incrementándose hacia el final del cultivo de tomate.
El agregado de abonos orgánicos aumentó la salinidad del suelo, el mayor efecto se encontró en el material sin compostar y compostado en dosis elevadas.
En todos los casos la alcalinidad resultó elevada, siendo la dosis simple de compost la que tendría ligeramente un mejor efecto que la doble y que el abono sin compostar. Sin embargo, existe una condición alcalina establecida por las condiciones naturales de los suelos, y manejo
En síntesis, los resultados del presente trabajo demuestran que si bien la utilización de enmiendas orgánicas de origen animal compostadas resuelve el problema sanitario que las mismas podrían provocar al ser aplicada frescas. No resuelve el efecto sobre las propiedades edáficas, principalmente cuando son utilizadas en dosis elevadas, manteniendo o elevando la salinidad y alcalinidad de los suelos, afectando así directamente este recurso que con el tiempo y con manejos intensivos se degrada. Por consiguiente, es muy importante continuar con estos trabajos de investigación que permitan ajustar las prácticas de manejo de los suelos, para no comprometer la producción de hortalizas, la sustentabilidad del sistema productivo y la soberanía alimentaria de la región.
Contribución de los autores
Referencias
Notas
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Referencias
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