Desinfección de las herramientas de corte para el manejo del marchitamiento y cancro bacteriano en tomate

Autores/as

  • Jorgelina Rolleri Universidad Nacional de La Plata, Ministerio de Desarrollo Agrario, Argentina https://orcid.org/0009-0007-6755-4015
  • Susana Blanca Gamboa Universidad Nacional de La Plata, Ministerio de Desarrollo Agrario, Argentina
  • Ana Maria Romero Universidad de Buenos Aires, Argentina https://orcid.org/0000-0003-0491-155X

DOI:

https://doi.org/10.24215/16699513e162

Palabras clave:

Clavibacter michiganensis, dispersión de la enfermedad, labores culturales, fuentes de inóculo, Solanum lycopersicum L.

Resumen

Clavibacter michiganensis (Cm) causa el marchitamiento y cancro bacteriano del tomate. Produce síntomas sistémicos que llevan a la muerte de plantas. La transmisión por semilla es baja; las pérdidas graves ocurren cuando el patógeno se dispersa en la hilera de cultivo durante las labores culturales. Nuestro objetivo fue evaluar la efectividad del cloruro de benzalconio 1%, hipoclorito de sodio 1% y sulfato de oxiquinoleína 0,01%, para desinfectar las herramientas de corte, sobre la dispersión de Cm en cultivos de tomate. Para ello, en dos campañas consecutivas se inocularon cuchillas de poda cortando el tallo de una planta enferma, luego se sumergieron en el desinfectante correspondiente según el tratamiento y después se podaron brotes de plantas sanas. Hubo tres controles: 1- cuchilla inoculada no desinfectada, 2- cuchilla inoculada y sumergida en agua, y 3- cuchilla sin inocular; hubo 14 repeticiones. Durante cinco semanas, se evaluó la incidencia de plantas enfermas, la altura a la que llegaron los síntomas (h) y el área bajo la curva de progreso de la enfermedad (ABCPE), calculada a partir de h. También se midió el rendimiento. Con los desinfectantes se logró una incidencia de enfermedad, h y ABCPE similares a las de los controles sanos, y menores que el control con cuchillas sin desinfectar, los dos años. Aunque no significativo, el cloruro de benzalconio tuvo los valores más bajos. Además, este producto se relacionó con un aumento en el rendimiento de frutos en comparación con el control inoculado y no desinfectado y el enjuagado en agua.

INTRODUCCIÓN

El marchitamiento y cancro bacteriano del tomate es una enfermedad vascular causada por Clavibactermichiganensis (Cm) (Nandi et al, 2018; Peritore-Galve et al, 2021). Esta bacteria había sido clasificada previamente como Clavibactermichiganensissubsp. michiganensis hasta que estudios de genoma completo y de secuenciación de multilocus justificó que todas las subespecies de la especie fueran elevadas al rango de especie (Li et al, 2018). El patógeno ingresa a la planta a través de aberturas naturales o heridas, coloniza principalmente el xilema y conduce, al avanzar de manera unilateral en el tallo, a una infección caracterizada, en primer lugar, por el marchitamiento de las hojas de un lado de la planta, culminando con la muerte de la planta (Chapulowicz et al., 2012; 2017; EPPO, 2016; Thapa et al., 2019; Peritore-Galve et al., 2020).

El manejo de la enfermedad es difícil. Hasta la fecha no se han logrado obtener cultivares con resistencia genética (Sen et al, 2015; Nandi et al, 2018; Wang et al, 2022) y los tratamientos químicos no son efectivos. La ubicación de la bacteria en el sistema de conducción de la planta limita la acción de los bactericidas más utilizados, que son formulados en base a cobre. Estos compuestos son preventivos y con acción de contacto, no pudiendo controlar la bacteria cuando se encuentra en el interior de la planta. Por lo tanto, deberían aplicarse antes de la aparición de los síntomas, aunque esto tampoco garantiza el control porque la infección puede estar en forma latente (Hausbeck et al, 2000; Sharabani et al, 2012; Peritore-Galve et al, 2021). Por otra parte, el uso de antibióticos o productos antibacterianos específicos presenta numerosos inconvenientes, como el surgimiento de cepas resistentes, la alteración de la diversidad de la microflora del suelo, la contaminación del ambiente y los efectos negativos sobre la salud humana (Valdez Morales, 2016; Nandi et al, 2018).

Debido a la poca eficacia de los tratamientos curativos, la prevención es crucial. La bacteria se transmite por la semilla y de esta manera llega a las principales zonas productoras de tomate del mundo. Las infecciones sistémicas pueden originarse a partir de semilla infectada o infestada externamente (Navarrete-Maya et al, 2014; Xhemali et al, 2024). Un nivel de infección bajo (0,01 %) puede causar una epidemia si las condiciones son favorables (Xhemali et al, 2024). En consecuencia, es muy importante el análisis de semillas y el mantenimiento de las semillas y plantines libres del patógeno (Jahr et al, 1999; Hausbeck et al, 2000; De León et al, 2011). Por otra parte, Cm puede sobrevivir en restos de plantas enfermas, tallos y raíces que quedan en el lote cuando finaliza la campaña, constituyendo una fuente de inóculo inicial importante para el siguiente cultivo (Kawaguchi et al, 2010; Vega, 2006; Xhemali et al, 2024). En invernaderos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se ha determinado una supervivencia del patógeno de 3 a 10 meses, según la ubicación del rastrojo en el suelo y si se trata de un cultivo de primavera (de ciclo temprano), que comienza a descomponerse en diciembre, o de verano (de ciclo tardío) que empieza a descomponerse en junio (Vega y Romero, 2015). La persistencia estaría relacionada con la tasa de descomposición del rastrojo (Vega et al, 2011). Se podría reducir esta fuente de inóculo primario haciendo rotaciones de al menos un año con cultivos de hoja, o bien permitir períodos de descanso entre cada ciclo de tomate mediante la incorporación del rastrojo, u otros tratamientos que aceleren su descomposición (Rolleri, 2015).

Una vez instalada la enfermedad en el cultivo, la bacteria se propaga desde las plantas enfermas a las sanas durante las prácticas normales de manejo del cultivo, e ingresa por las heridas que se producen durante el trasplante y las prácticas de desbrote, deshoje, raleo de flores y frutos que se realizan desde las etapas tempranas en los cultivos (Xu et al, 2012; Kawaguchi et al, 2022). Aun cuando las plantas muestren muy buen estado sanitario, sin manifestar síntomas de marchitamiento y cancro bacteriano, puede haber plantas con infecciones latentes (Sharabani et al, 2012). En estas circunstancias, y mediante el uso de las herramientas de trabajo, el patógeno se propaga rápidamente a lo largo de las hileras de cultivo, pudiendo observarse líneas completas de plantas contiguas con marchitamiento. Esta forma de distribución de la enfermedad es característica dentro de los invernaderos (Gitaitis et al, 1991; Kawaguchi et al, 2010). Por esta razón se recomienda la desinfección del instrumental de poda.

Entre los desinfectantes recomendados para evitar la dispersión de Cm están los compuestos clorados, como el hipoclorito de calcio (0,2 %) y de sodio (0,3 %) (Rista et al, 2005; Kawaguchi et al, 2010). Otros compuestos, como el cloruro de benzalconio (1 %) y el alcohol (70 %), han mostrado ser eficaces en ensayos en maceta (Vega et al, 2009; Kawaguchi et al, 2022), aunque no fueron evaluados en situaciones de cultivo.

En el Cinturón Hortícola Platense (CHP) algunos productores han utilizado sulfato de oxiquinoleína para la desinfección de herramientas usadas en las labores culturales en la producción de plantas ornamentales, y han podido observar una aparente disminución en la transmisión de enfermedades, mencionado por García y Folch, 1992. Este producto se utiliza frecuentemente como fungicida para el control del mal de los almácigos; tiene acción sistémica, es curativo y preventivo.

El objetivo de este trabajo fue evaluar la efectividad de tres compuestos quimicos, cloruro de benzalconio, hipoclorito de sodio y sulfato de oxiquinoleína, para desinfectar las herramientas de corte durante las labores de rutina, sobre la dispersión de Cm en cultivos de tomate.

MATERIALES Y METODOS

El ensayo se realizó en invernadero con plantas en suelo, en la Estación Experimental Gorina del Ministerio de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires, Argentina (34° 54´ 56,4´´ S 58° 02´ 21,5´´ W). Se utilizaron plantines del hibrido Elpida (Enza Zaden). El experimento se repitió en dos campañas consecutivas, como tomate de segunda, trasplantándose en diciembre de 2009 (año 1) y en enero de 2011 (año 2).

Para evaluar la eficacia de los desinfectantes, se inocularon cuchillas de poda con Cm realizando un corte en el tallo de una planta enferma. Luego, se desinfectaron las cuchillas sumergiéndolas durante un segundo en un recipiente con el germicida correspondiente, según el tratamiento. A continuación, para verificar la eficacia del desinfectante, se podó un brote en plantas sanas y se evaluó la intensidad de la enfermedad que presentaron durante cinco semanas, como se detalla en las secciones siguientes.

INOCULACIÓN Y APLICACIÓN DE TRATAMIENTOS

Como fuente de inóculo se utilizaron 14 plantas adultas infectadas provenientes de lotes productivos comerciales que se colocaron en macetas en las cabeceras de cada repetición en el momento de la práctica. Las mismas fueron previamente analizadas por serología para comprobar la presencia del patógeno, utilizando inmunotiras para C. michiganensis (Agdia Inc.), lo que fue luego corroborado en laboratorio por técnicas microbiológicas y biológicas (EPPO 2016), descriptas en Rolleri (2015). La inoculación se realizó una sola vez, en el momento del primer desbrote, cuando las plantas tenían 10-12 hojas; se cortó un brote, de 6-8 cm de largo, entre la quinta y sexta hoja. Se utilizaron cuchillas de metal, de filo liso y recto, y habían sido flameadas antes de iniciar las labores.

Se evaluaron tres desinfectantes, hipoclorito de sodio (NaOCl, 1%), cloruro de benzalconio (1 %) (Química Oeste S.A.) y sulfato de oxiquinoleína (0,01 %) (Almacigol, Triavet S.A.). Las diluciones de los productos se realizaron con agua destilada.

Hubo dos controles inoculados: en un caso se desbrotaron las plantas con una cuchilla sin desinfectar y en el otro luego de sumergir la cuchilla en agua. En el control sano, los desbrotes se realizaron consecutivamente entre plantas sanas (Tabla 1).

Tabla 1
Tratamientos y desinfectantes utilizados para evaluar la dispersión de Clavibacter michiganensis con herramientas de poda.

DISEÑO DEL EXPERIMENTO

El experimento tuvo un diseño con bloques al azar, con 14 repeticiones (bloques) de cada tratamiento. Cada bloque se conformó con dos hileras de cultivo, distribuyendo al azar los 6 tratamientos. Cada hilera tenía tres tratamientos, con 3 plantas/tratamiento (unidad experimental), separados entre sí y en los extremos por una planta bordura. En total se evaluaron 252 plantas, con una distancia de 1 m entre hileras y 0,45 m entre plantas.

EVALUACIÓN Y ANÁLISIS DE DATOS

Se realizaron cinco observaciones, con una frecuencia semanal a partir de la aparición de los primeros síntomas, que consistieron en el marchitamiento unilateral de los folíolos próximos a la zona de inoculación, acompañado de clorosis y posterior necrosis.

Se registró la incidencia (porcentaje de plantas enfermas por unidad experimental, compuesta por 3 plantas) y la altura alcanzada por los síntomas de la enfermedad en cada planta. Para analizar esta última variable, se promedió la altura a la que llegaron los síntomas en las tres plantas que constituyeron una unidad experimental, para cada repetición. Con los datos de altura de los síntomas a lo largo del tiempo se calculó el área bajo de curva de progreso de la enfermedad (ABCPE) (Madden et al, 2007). En cada fecha en que se hicieron las observaciones se cosecharon los frutos maduros de todas las plantas y se pesaron juntos los correspondientes a cada tratamiento. Para cada uno de los años, se obtuvo el rendimiento promedio por planta y por tratamiento y se calculó el rendimiento relativo, comparado con los tratamientos 4 (Agua) y 5 (Testigo inoculado).

La duración de los ciclos del cultivo desde trasplante a fin de cosecha para los años 1 y 2 fueron de 105 y 93 días, respectivamente, con un período de cosecha de 46 días en el primer año y 32 días en el segundo.

A los datos de incidencia de plantas enfermas, altura alcanzada por los síntomas y ABCPE se les realizó un análisis de varianza (ANOVA) y luego el test de mínima diferencia significativa (LSD, Fischer; α=0,05) para evaluar diferencias entre tratamientos, previa verificación de los supuestos del modelo, con el programa estadístico Infostat® (Di Rienzo et al, 2015). Los datos de rendimiento no fueron analizados porque los frutos de todas las repeticiones se pesaron juntos.

RESULTADOS

INCIDENCIA

En el año 1 ((Figura 1.A)) hubo diferencias significativas entre tratamientos para todas las fechas evaluadas (P ≤ 0,05.). La incidencia de plantas con marchitamiento y cancro bacteriano fue significativamente menor cuando la herramienta se desinfectó con cloruro de benzalconio que cuando no se desinfectó o cuando la cuchilla se sumergió en agua (controles inoculados), para todas las fechas. Los tratamientos de desinfección con hipoclorito de sodio y sulfato de oxiquinoleína fueron semejantes entre sí, y con valores intermedios entre las plantas no inoculadas (control sano) y el control inoculado sin desinfección; en ninguna fecha fueron diferentes del control inoculado en el que la cuchilla se había sumergido en agua.

En el año 2 ((Figura 1.B)), los tratamientos fueron significativamente distintos en todas las fechas evaluadas (P ≤ 0,005). En ninguna fecha hubo diferencias significativas en la incidencia de plantas enfermas entre desinfectantes, ni entre éstos y el control sano. Por el contrario, los controles inoculados, tanto en los que no se desinfectó la cuchilla como en aquellos en los que se sumergió en agua, tuvieron una incidencia significativamente mayor que el resto de los tratamientos (P < 0,05).

ALTURA ALCANZADA POR LOS SÍNTOMAS

En el primer año, hubo diferencias significativas entre tratamientos para todas las fechas evaluadas (P ≤ 0,01). Los síntomas de la enfermedad llegaron a una altura significativamente más alta (P ≤0,05) en las plantas desbrotadas con cuchillas que no habían sido desinfestadas que en el resto, para todas las fechas analizadas ((Figura 2.A)). Los valores más bajos correspondieron a las plantas en las que las cuchillas se desinfectaron con cloruro de benzalconio; sus valores fueron significativamente más bajos (P ≤0,05) que los de las plantas en las que se usó agua, a partir de la tercera observación. La altura a la que llegaron los síntomas en las plantas en las que las cuchillas se desinfectaron con hipoclorito de sodio y con sulfato de oxiquinoleína tuvieron valores intermedios entre las plantas no inoculadas (control sano) y el control inoculado sin desinfección. En ninguna fecha fueron significativamente diferentes (P > 0,05) del control inoculado en el que la cuchilla se había sumergido en agua.

En el segundo año, los tratamientos fueron significativamente distintos en todas las fechas evaluadas (P ≤ 0,005). El testigo sano, la desinfección con cloruro de benzalconio, con sulfato de oxiquinoleína y con hipoclorito de sodio resultaron en plantas en las que los síntomas llegaron a una altura significativamente más baja (P ≤0,05) que en el tratamiento con agua y el testigo inoculado no desinfectado ((Figura 2.B)).

Figura 1
Incidencia de plantas con marchitamiento y cancro bacteriano, para los distintos desinfectantes de herramientas. Tratamientos: 1-Cloruro de Benzalconio (1%), 2-Sulfato de oxiquinoleína (0,01%), 3- Hipoclorito de sodio (1 %), 4-Agua, 5-Testigo inoculado, 6-Testigo sano. Para una misma fecha, letras minúsculas diferentes sobre las curvas indican diferencias significativas entre tratamientos (ANOVA seguido de LSD, α=0,05). Las barras representan el error estándar. A. año 1, B. año 2.
Figura 2
Altura (cm) alcanzada por los síntomas de la enfermedad para los distintos desinfectantes de herramientas. Tratamientos: 1-Cloruro de Benzalconio (1%), 2, Sulfato de oxiquinoleína (0,01%), 3- Hipoclorito de sodio (1 %), 4-Agua, 5-Testigo Inoculado, 6-Testigo Sano. 14 repeticiones y tres plantas por tratamiento en cada repetición. Letras minúsculas diferentes sobre las curvas indican diferencias significativas entre tratamientos (ANOVA seguido de LSD, α=0,05). Las barras representan el error estándar. A. año 1, B. año 2.

Área Bajo la Curva de Progreso de la Enfermedad (ABCPE)

En el primer año de ensayo se detectaron diferencias significativas entre los tratamientos (P ≤ 0,005). El tratamiento con cloruro de benzalconio tuvo un ABCPE significativamente menor que el tratamiento con agua y el testigo inoculado no desinfectado. Si bien este desinfectante mostró el mejor comportamiento, no se encontraron diferencias significativas (P > 0,05) entre éste y los otros desinfectantes probados, sulfato de oxiquinoleína e hipoclorito de sodio. Estos últimos también mostraron diferencias significativas (P ≤ 0,05) con el testigo inoculado sin desinfección, pero no respecto al tratamiento con agua (P > 0,05) ((Figura 3.A)).

En el segundo año, también hubo diferencias entre los tratamientos (P ≤ 0,0505). Nuevamente no hubo diferencias significativas (P > 0,05) entre los tres desinfectantes (cloruro de benzalconio, sulfato de oxiquinoleína e hipoclorito de sodio). En este año, el testigo inoculado y el tratamiento con agua se diferenciaron significativamente (P ≤ 0,05) de los tres desinfectantes y del testigo sano ((Figura 3.B)).

RENDIMIENTO

Cuando se compararon los rendimientos de las plantas de los tratamientos en los que se desinfectó la cuchilla de poda con algún desinfectante versus aquellas donde no se hizo desinfección (tratamiento 5), se observó que las primeras tenían un rendimiento 20 – 38 % superior que las últimas. Cuando se comparó con el tratamiento donde la cuchilla se sumergió en agua, la diferencia fue similar: los tratamientos donde se utilizó algún desinfectante tuvieron un rendimiento 14 – 36 % superior que el tratamiento donde solo se usó agua.

En los dos años que se realizó el experimento el cloruro de benzalconio y el testigo sano fueron los tratamientos con una tendencia a un mayor rendimiento promedio por planta. Los menores rendimientos se registraron en el testigo inoculado no desinfectado y el testigo inoculado tratado con agua (Tabla 2).

Figura 3
ABCPE ( Área Bajo la Curva de P rogreso de la Enfermedad). Trat : 1-Cloruro de Benzalconio (1%), 2, Sulfato de oxiquinoleína (0,01%), 3- Hipoclorito de sodio (1 %), 4-Agua, 5-Testigo Inoculado, 6-Testigo Sano. Letras minúsculas diferentes sobre las barras indican diferencias significativas entre tratamientos ( ANOVA seguido de LSD, α=0,05). Calculada a partir de altura alcanzada por el síntoma de la enfermedad, con 14 repeticiones y tres plantas por tratamiento en cada repetición. Las barras representan el error estándar. A. año 1, B. año 2.
Tabla 2
Rendimiento promedio por planta y por tratamiento y rendimiento relativo, durante los dos años de ensayo . Referencias: a Rendimiento relativo= ( ηT x / ηT 5 ) *100; donde ηT x es el rendimiento de cada tratamiento y ηT 5 es el rendimiento del tratamiento 5. b Rendimiento relativo= ( ηT x / ηT 4 ) *100; donde ηT x es el rendimiento de cada tratamiento y ηT 4 es el rendimiento del tratamiento 4.

DISCUSIÓN

La forma en que se disemina el marchitamiento y cancro bacteriano a lo largo de las hileras, mostrando rápidamente surcos completos de plantas de tomate marchitas, se debe principalmente a la facilidad con que se dispersa el patógeno durante las labores de conducción del cultivo, como la poda, el desbrote y el deshoje, entre otros (Kawaguchi et al., 2010; 2022). Esta dispersión secundaria del inóculo puede disminuirse si se desinfectan las herramientas de corte (Rista et al, 2005; Kawaguchi et al, 2010; Kawaguchi y Tanina, 2014), o si el desbrote se realiza a mano, cuando los brotes son pequeños. En este trabajo se demostró la efectividad de tres productos, cloruro de benzalconio, hipoclorito de sodio y sulfato de oxiquinoleína, en cultivos de tomate en suelo en invernadero, durante dos años.

No hubo diferencias significativas en la efectividad de los tres productos evaluados para la desinfección de las cuchillas de corte sobre la incidencia de plantas con cancro bacteriano y la altura alcanzada por los síntomas; esta última fue una forma de estimar cuantitativamente los niveles de enfermedad que manifestaban las plantas. Sin embargo, en los dos años evaluados el cloruro de benzalconio fue el producto que tuvo valores más bajos de incidencia, altura de los síntomas en las plantas y ABCPE. Fue también el único producto que siempre se diferenció del tratamiento en el que se enjuagó la cuchilla en agua sin agregado de ningún desinfectante (tratamiento 4). Además, se relacionó con un aumento en el rendimiento de frutos del 29 al 36 %, según se lo compare con las plantas desbrotadas con la cuchilla enjuagada en agua o no tratada, respectivamente. El cloruro de benzalconio es un amonio cuaternario utilizado también como antiséptico en jabones y cremas de uso humano. Por ser sensible a la dureza del agua (OMS, 2005), en lugares donde el agua es dura o dudosa la solución de uso debería prepararse con agua destilada. En este trabajo resultó efectivo en una dilución al 1 %, tal como fue informado en ensayos realizados con plantas en maceta; diluciones menores serían menos efectivas (Vega et al, 2009).

El hipoclorito de sodio también fue efectivo para reducir la dispersión del patógeno. Los niveles de incidencia de plantas enfermas, altura de los síntomas y el ABCPE fueron muy similares a los alcanzados con el sulfato de oxiquinoleína. Su uso se vinculó, además, con un aumento promedio del rendimiento del 25 % al 19 % comparado con el tratamiento en el que la cuchilla no tuvo ningún tratamiento o fue sumergida en agua. La concentración usada, 1 %, fue un poco más alta que la informada por Rista et al. (2005), quienes lo usaron al 0,3 %, con resultados semejantes a los informados en este trabajo, aunque es menor que la usada para desinfectar estacas de castaño para evitar la transmisión del hongo Cryphonectria parasítica, durante la realización de injertos (2,5 %) (Akilli Şimşek et al, 2020). La desventaja de este producto es que es corrosivo, por lo que podría afectar la vida útil de las herramientas. Además, por ser fuertemente oxidante puede causar quemaduras en la piel.

El sulfato de oxiquinoleína se menciona en el Manual de Buenas Prácticas de almácigos en el cultivo de pimiento para pimentón, elaborado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (2015) recomendado como desinfectante de suelo al 0,02- 0,04% p/v y en España se encuentra registrado y recomendado para la desinfección de tierra y de bandejas en invernaderos destinados al cultivo de tomate (Boletín Fitosanitario de Avisos e Informaciones, 2019). Allí, la formulación comercial Beltanol (sulfato de 8-hidroxiquinoleína) es señalada como fungicida y bactericida y se indica para el control de enfermedades que afectan al sistema vascular en solanáceas (tomate, pimiento, berenjena) entre ellas Clavibactermichiganensis, con aplicaciones en riego por goteo y también para la desinfección de material vegetal en laboratorio (García y Folch, 1992; MAPyA, 2020). Su uso se relacionó con un rendimiento 23 o 16% superior al de las plantas en las que las cuchillas no se desinfectaron o solo se sumergieron en agua.

El efecto de los tres productos podría deberse, en parte, a la dilución del inóculo bacteriano presente en las cuchillas en el líquido del desinfectante. En el primer año de ensayo los niveles más altos de enfermedad se alcanzaron cuando no se sumergió la cuchilla en ningún tipo de líquido. La inmersión de las herramientas en agua, aunque produjo niveles más altos de incidencia y altura de síntoma en las plantas que cualquiera de los desinfectantes, no fue estadísticamente diferente de los logrados con el hipoclorito de sodio o el sulfato de oxiquinoleína. En el segundo año no se observó ese efecto.

Estos resultados permiten confirmar que el uso de productos desinfectantes en las cuchillas de corte durante las labores culturales contribuye a la disminución de la propagación del cancro bacteriano en el cultivo de tomate. Esta práctica no sólo resultó ser beneficiosa en la disminución del número de plantas enfermas, sino también en una menor altura a la que llegaron los síntomas, menor ABCPE y mayores rendimientos en aquellas plantas dónde se utilizaron desinfectantes, especialmente el cloruro de benzalconio.

Es importante tener en cuenta, que estas prácticas preventivas deben realizarse desde el primer momento de instalado el cultivo, ya que se ha demostrado que desde los estados iniciales y al menos hasta el desarrollo de las hojas 17-18, es el período de mayor vulnerabilidad para que, si ingresa la bacteria, pueda ocasionar síntomas de marchitamiento que lleven a la muerte de la planta (Sharabani et al, 2012). Por esta razón, la incorporación de estas prácticas preventivas debe tener en cuenta también el momento de mayor susceptibilidad de la planta.

CONCLUSIONES

El uso de desinfectantes, tales como el cloruro de benzalconio al 1 %, el sulfato de oxiquinoleína al 0,01 % y el hipoclorito de sodio al 1 %, en las cuchillas de corte durante las labores culturales permite disminuir la diseminación del cancro bacteriano del tomate y aumentar los rendimientos.

De estos tres desinfectantes ensayados, el cloruro de benzalconio al 1 % permitió obtener los mejores resultados, de manera consistente.

Al menos en uno de los dos años, el efecto de los tres productos podría deberse en parte a la dilución del inóculo presente en las cuchillas en el líquido del desinfectante.

Contribución de los autores

Referencias. 1-administración del proyecto, 2-adquisición de fondos, 3-análisis formal, 4-conceptualización, 5-curadoria de datos, 6-escritura, revisión y edición, 7-investigación, 8-metodología, 9-recursos, 10-redacción, borrador original, 11-software, 12-supervisión, 13-validación, 14-visualización.

Referencias

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    Publicado

    2026-05-15

    Cómo citar

    Rolleri, J., Gamboa, S. B., & Romero, A. M. (2026). Desinfección de las herramientas de corte para el manejo del marchitamiento y cancro bacteriano en tomate. Revista de la Facultad de Agronomía, 125(1), e162. https://doi.org/10.24215/16699513e162