El emprendedurismo y la protección social en Uruguay y Argentina

Autores/as

DOI:

https://doi.org/10.24215/26837684e031

Palabras clave:

emprendedurismo, asistencia, desempleo, protección social

Resumen

La recomposición productiva del capitalismo a escala planetaria provocó la crisis de nuestro tiempo. El capital, requiere de un ajuste para restablecer la rentabilidad imponiendo condiciones por sobre los derechos del trabajo, fundando este avasallamiento en un relato sobre la crisis, que despolitiza la cuestión social. Este proceso tuvo implicancias sobre las decisiones nacionales, profundizando y complejizando la gestión del desempleo, actualmente abordada desde el paradigma de la activación y a partir de la figura del emprendedurismo. Si bien esto no se expresa con la misma intensidad en todos los casos, se puede entrever en distintas propuestas la presencia de este enfoque, permaneciendo indiferente a la diversidad de proyectos políticos, como una idea por lo alto que los atraviesa. Se propone en este artículo, establecer una posible comparación entre Uruguay y Argentina de las diferentes formas de atender el desempleo, para intentar identificar algunas similitudes.

(1999-2003) Bancarrota y desempleo

Crisis1, migración y desempleo. El proceso iniciado en Argentina para superar el periodo de Menem con la alianza entre Radicales y el FREPASO se rompió y tras la salida del vicepresidente Álvarez sobrevino el fin de la era de la convertibilidad. Las deudas en dólares se dispararon y la incertidumbre aumentó el riesgo país. Durante el período de Menem, se propusieron reiteradas reformas laborales con la intención de flexibilizar el empleo en nombre de la modernización de las relaciones laborales. A fines de esta década, en 1999, se crea el Ministerio de Desarrollo Social y será en el gobierno de Fernando De la Rúa quien le dará el nombre. En este periodo de gobierno, será aprobada con sobornos una nueva Ley de Empleo. El 19 y el 20 de diciembre de 2001, un estallido social hace evidente la crisis política en Argentina y el presidente De la Rua renuncia. Los bancos hacen un cierre y se quedan con los depósitos de los clientes. El desempleo, la pobreza y la incertidumbre se apoderan de la escena. El FMI presiona para la realización de un ajuste fiscal. Fueron las consecuencias nefastas de los años de convertibilidad ideados por Cavallo. Como indican Grassi y Hintze, “la insurrección popular ocurrida en el mes de diciembre de ese año se cobró entonces más de treinta muertes” (2018, p. 128). Duhalde asumió la presidencia poscrisis y comenzó un camino de reconstrucción social a partir de la puesta en marcha del plan de emergencia “jefes y jefas de Hogar Desocupadas”, atendiendo la situación de mayor urgencia. En 2003 comienza el periodo de reconstrucción del Estado Social, que tendrá como horizonte la integración y el fortalecimiento de los lazos entre la economía y lo social. La asunción del rol protector de la sociedad, a partir de la creación de nuevos programas de protección social y ampliación de ciudadanía.

Por su parte, Uruguay sufrió una recesión entre 1999 y 2002. En el año 2000 presentaba crecimientos en los sectores de servicios, estimulado por la flexibilización laboral que permitía trabajos eventuales, con contratos de corto plazo en los supermercados y empresas de limpieza, con crecimiento del trabajo a domicilio e informal (Supervielle y Pucci, 2008). En relación a la asistencia social, la Ley de Asignaciones Familiares era extendida a hogares con menores recursos independientemente de su vínculo con el mercado laboral formal. Esta propuesta que comienza siendo una ampliación en gobierno del Partido Colorado, continuará y se ampliará aún más durante el gobierno del Frente Amplio con la Ley de Asignaciones Familiares del Plan de Equidad 18.227. La crisis de 2002 será una bisagra para la llegada de la izquierda al gobierno en Uruguay. “las consecuencias sociales derivadas de la crisis económica del 2002 que agudizaron las situaciones de pobreza y exclusión que comenzaron a configurarse a partir de 1994” (Midaglia y Antía, 2007, pp. 463-464). La situación se caracterizaba por la caída estrepitosa del nivel de actividad, la desaparición de las reservas internacionales como contrapartida de la corrida bancaria y la suba de la relación deuda/PBI a niveles cercanos al 100%. El texto del canje de bonos públicos para los inversores internacionales comenzaba diciendo “las reservas del Banco Central del Uruguay continuaron su caída libre y llegaron al nuevo piso récord histórico” (Steneri, 2011, p. 152). El escenario posterior a dicha crisis no era el mejor para el primer gobierno de cualquier partido, aunque haya sido también la propia crisis la que deslegitimó de tal forma los gobiernos anteriores, que la propia desgracia nacional en parte, también benefició a la izquierda en su carrera electoral. En ese sentido y entrando en el año 2005,

(2004-2016) El trabajo como derecho y la asistencia como ineludible

“La era progresista”(Garcé y Yaffé, 2004) se refiere a este periodo que caracterizo gobiernos de ambos países del Rio de la Plata. El fin del experimento neoliberal, dejaron a los países con desempleo y la pobreza. Eduardo Duhalde durante el proceso de transición entre la renuncia del Presidente De la Rúa y el comienzo del Kirchnerismo, instituyó el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social e implemento una rápida respuesta a la emergencia social por medio de la creación del Plan Jefes y Jefas de Hogar, política focalizada de transferencia de renta condicionada.

El gobierno iniciado en 2003 logrará con el apoyo del Congreso, la derogación de la Ley de Empleo nacida del soborno, e iniciaba un tiempo de reconstitución del Estado Social. Es para Grassi y Hintze (2018) el resurgimiento de un peronismo clásico, luego del peronismo neoliberal de Menem entre 1989 y 1999. El Estado asume su función social para atenuar la desigualdad que se materializa en políticas sociales y protección social. Hay en este periodo una reconstrucción del Estado social con intervenciones públicas de alcance universal. La estructura institucional de la protección social en este periodo, se gestionó por medio de una articulación entre el Ministerio de Desarrollo Social, el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social y la Agencia de Seguridad Social. En relación con los problemas de desempleo, informalidad y precarización, se creó un Sistema Integral de Inspección del Trabajo y se sancionó la Ley que establece régimen de contrato para el trabajo en casas particulares. En este período toma protagonismo la figura de la economía social y la institucionalización de normativas como el mono tributo social. La presidenta Cristina Fernández indicaba que:

En el Ministerio de Desarrollo Social trabajamos para que la inclusión social y la igualdad de oportunidades sean un hecho para cada uno de los argentinos. (…) Mediante Argentina Trabaja, hacemos que el trabajo sea un derecho y no una posibilidad. En el marco de la economía solidaria, generamos nuevos puestos con la formación de cooperativas y apoyamos emprendimientos familiares o productivos. (citado en Grassi, 2016 p. 160)

La promoción a la organización de cooperativas de trabajadores y la construcción de cadenas de valor, intentaron recuperar procesos de desarrollo por medio la figura del trabajo como símbolo de integración digna.

En esa política se inscribe el Plan Manos a la Obra (PMO), iniciado en 2003, que se organizó como un programa focalizado en poblaciones en condiciones de pobreza y con problemas de empleo, para brindar apoyo financiero, institucional y asistencia técnica y capacitación a los emprendedores. (Grassi y Hintze, 2018, p.133)

En este sentido, forma parte de este periodo de recuperación del Estado Social, la construcción de una economía solidaria bajo el paraguas de un modelo de desarrollo donde el eje es el trabajo y el objetivo es ampliar la ciudadanía y los derechos. Dentro de este marco de protección social se cuela la promoción al emprendedurismo de población beneficiaria de los programas focalizados del Ministerio de Desarrollo Social (MDS). En palabras de Grassi:

En una primera etapa, las dificultades de inserción laboral de personas en condiciones de producir dieron lugar a un Plan Nacional de Desarrollo Local y Economía Social “Manos a la Obra” (PMO), inscripto en las propuestas de la economía social que entonces ya se asumía como una política social alternativa no excluyente de los demás programas. Se trataba de dar apoyo financiero y técnico a microemprendimientos productivos que aseguraran la reproducción de las unidades domésticas comprometidas. Iniciado en 2004, el plan tenía entonces un peso presupuestario poco significativo, que fue ampliándose hasta el lanzamiento, en 2009, del ya citado programa dirigido a la formación de cooperativas de trabajo (Programa Ingreso Social con Trabajo, Argentina Trabaja) y su componente, Ellas Hacen, iniciado en 2013. (2016, p. 144)

El MDS aparece a la vanguardia en la atención al desempleo, pero establece una diferencia entre la institución que atenderá la situación de la población “no empleable” beneficiaria de Plan Jefes y jefas y la de “aquellos en condiciones de incorporarse al mercado de trabajo accedieron a los planes que, en el marco del Programa Integral de Promoción del Empleo, lleva adelante el MTEySS” (Grassi y Hintze, 2018, p. 133) . Se le otorgo mayor protagonismo al Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social que fuera creado ya en 2000, demostrando la continuidad de este entusiasmo por el emprendedurismo como salida alternativa para atender el desempleo. En este marco, fueron creados diversas propuestas. En relación a la protección y promoción social de sectores con mayores dificultades para ingresar al mercado formal de trabajo como las y los jóvenes, según Nougués (2020) se promovió el emprendedurismo a partir del microcrédito, pero esto no arrojo los mejores frutos.

esta modalidad de programa puede contribuir a mejorar los ingresos de los jóvenes, pero no logra modificar efectivamente la posición desfavorable que éstos ocupan en el mercado de trabajo. Por consiguiente, el financiamiento del auto-empleo reproduce la inserción desigual de los jóvenes en el mercado de trabajo en cuanto los jóvenes de sectores populares se hallan en una posición desventajosa: tienen menor nivel educativo y de calificación laboral (Nougués, 2020, p. 154).

Esta característica también se da en Uruguay, a partir del surgimiento del Ministerio de Desarrollo Social (Mides). No solo la presencia del emprendedurismo como salida o “egreso exitoso” de los programas, sino la atención dual junto al Ministerio de Trabajo, pero, al igual que en Argentina, atendiendo poblaciones diferenciadas, en este caso por un algoritmo que selecciona la población beneficiaria de Mides llamado Índice de Carencias Criticas (Colombo et al, 2013).

Esta división, entre empleables y no empleables, puede promover la construcción de estigmas. Refuerza la idea de diferentes trabajadores o de diferentes causas del problema, despolitizando la cuestión social, dificultando la construcción de una identidad colectiva, de un sujeto emergente (Aleman, 2019), rompiendo la solidaridad de clase, tergiversando el conflicto del capitalismo presentándolo como problema personal y privado. Esta diferenciación, generó una triste disputa en Uruguay en pleno gobierno de Mujica entre dos Ministerios compitiendo por los beneficiarios. En el año 2011, desde el Ministerio de Trabajo se hizo saber la opinión sobre los planes de asistencia y trasferencia de renta del Mides, entendiendo que estos, significaban un desestimulo para la búsqueda de empleo. Es decir que las patronales no querían pagar sueldos más estimulantes que las transferencias de renta focalizada del Mides y por medio del ministro hacían saber su posición (El Observador, 2011).

Argentina implementó a partir del reconocimiento de derechos para las y los trabajadores un promocional proceso de mejora en la cobertura de la seguridad social. En 2005 un cambio en el régimen de Asignaciones Familiares y Jubilaciones y Pensiones permitió su ampliación como prestación universal. También logro a lo largo de los años una cobertura del 84,5% de la población urbana en edad para jubilarse (Grassi y Hintze, 2018, p. 135). Ocurrió lo mismo en Uruguay con el adelanto de la edad para jubilarse a 60 años y por medio del Plan de Equidad en 2008, se adelantó la edad a 65 años para el derecho a una pensión por vejez independiente de si tiene o no historia de aportes. Desde una perspectiva que coloca como centro al trabajo y desde un reconocimiento como Estado de la responsabilidad con la deuda social heredada, el resurgimiento del rol activo e intervencionista del Estado Social, tendrá mayor capacidad para imponer condiciones a mercado. “La primera medida, con fuerte connotación simbólica, fue la derogación de la ley laboral de 1999 aprobada con sobornos a legisladores” (Grassi y Hintze, 2018, p. 131). Desde el MDS se remitió a la valoración del trabajo, así como también la promoción de emprendimientos cooperativos como forma de construir una esfera de economía social y solidaria, a partir de algunos recursos normativos nuevos como el mono tributo social que permitía la seguridad social y la jubilación.

En relación a la atención al desempleo, el primer plan “Manos a la Obra” de 2003 jerarquizó la atención en aquellas poblaciones con menor chance de ingresar al mercado de trabajo, a partir de un empleo temporal. Luego en 2009, se puso en marcha otro programa de “Ingreso Social con Trabajo” llamado “Argentina Trabaja”. Este programa tenía como objetivo (…) fomentar el cooperativismo, el desarrollo económico y la inclusión social a través de cooperativas de trabajadores” (Grassi y Hintze, 2018, p. 133). Por medio de este programa se generaba empleo público temporal para realizar tareas de mantenimiento de espacios e instituciones públicas. En 2013 se sumó una nueva línea con la finalidad de asistir a mujeres que sufrieron violencia de género, el programa se llamó “Ellas hacen”. Como estrategia de desarrollo, se desplego un incentivo al consumo interno, restringiendo importaciones estimulando la creación de cadenas de valor agregado que permitieran reconstruir el tejido social. Se aplicaron rentas impositivas a sectores exportadores de bienes de alto valor y se promovió el desarrollo tecnológico. En relación a la política laboral, para las autoras (Grassi y Heintze, 2018) hay una reapropiación simbólica del trabajo, similar a la formación cultural-política argentina desde Perón (1946-1955). El Ministerio de Trabajo recupero su rol de árbitro en la negociación por medio de Consejos de Salario Mínimo. Durante la primera década del siglo XXI, las intervenciones sociales tendieron a restaurar los lazos sociales dañados luego de “la otra década infame” (Grassi, 2016). A partir de una decidida politización de la cuestión social y con énfasis en una nomenclatura en clave de derechos. Hay en Argentina de este periodo, una vocación política por presentar el interés general como dirección de la acción estatal. El enfoque se orienta por esta centralidad del trabajo basado en derechos, reconociendo en los sectores más excluidos su titularidad de derechos frente al Estado que había estado ausente. Es a partir de 2003 que este enfoque orienta la política social, con el propósito de reducir las desigualdades sociales y ampliar las oportunidades (Gabrinetti, 2017). “Ya no se trata sólo de personas con necesidades, que reciben beneficios asistenciales o prestaciones discrecionales, sino de titulares de derechos que tienen el poder jurídico y social de exigir del Estado ciertos comportamientos” ( Gabrinetti, 2017, p. 12). A partir de una mirada del trabajo como dignificante, el trabajo decente de la OIT es la contracara del trabajo flexible y barato que promueve el neoliberalismo con el objetivo de la liberación del trabajo en miles de archipiélagos de flexibilización laboral.

En Uruguay, algunos dispositivos que habían sido creados en los años noventa centrados en la capacitación del desempleado, la preocupación por promover el “capital humano” y el “nivel de empleabilidad” son readecuados para el período progresista. A partir del año 2005, esta atención al desempleo comienza a ser abordad por el Mides. En el marco de este Ministerio, se crea la Dirección Nacional de Economía Social e Integración Laboral y los programas que estimulan la salida laboral personal a partir de la promoción y la capacitación individual. Programas como “Rutas de Salida”, “Trabajo por Uruguay”, “Uruguay-Trabaja”, así como también la marca “ProVAS” (valor agregado social) que promueve el desarrollo del cooperativismo social, la microempresa, con propuestas que destinan su accionar a la promoción del emprendedurismo y la creación de cooperativas sociales. La orientación vocacional y los terapeutas de la ocupación como las empresas colocadoras de la “industria del trabajo” (Calamari, 2010), las secretarías de empleabilidad, se encargarán de darnos una explicación privada y personal para este fracasado encuentro entre un sujeto aislado y el mercado de trabajo. El rol del “coaching laboral” o técnico en inserción laboral, presente en el programa de Mides como “Uruguay-Trabaja”, gana protagonismo a partir de este diagnóstico privado y representa este espíritu que concentra su batería de abordaje en la motivación del usuario, con la intención de influir en su comportamiento personal. La estimulación para la búsqueda de empleo (aunque el empleo no exista) y la promoción de una actitud perseverante, suponen o diagnostican que el fracaso es una consecuencia de su desempeño, su inmadurez personal, profesional y emocional. En síntesis, de su “nivel de empleabilidad”.

(2016-2023) Restauración neoliberal y neoconservadora, Macri y Lacalle Pou

Así como en los años 90 del siglo XX quienes tenían legitimidad para implementar las reformas eran los economistas neoclásicos, elogiados por su estricto tecnicismo, como celoso guardián de las leyes del mercado, en este otro período neoliberal ya entrado el siglo XXI, el avance de la derecha se respalda en el reconocimiento a la experticia de los empresarios y el “olfato” que tienen para los negocios. Su capital no es el tecnicismo sino la astucia para el negocio y la experiencia en la gerencia privada. Asistimos a la hegemonía de los CEO´s en la gerencia del Estado. Como indican Grassi y Hintze (2018), la hegemonía es también la capacidad de “recortar el universo de <problemas verdaderos> que requieran la intervención del Estado”. El gobierno de Cambiemos despolitizó la cuestión social, des responsabilizó al Estado e inicio un relato sobre la pobreza y el desempleo, dirigido a “la gente” (Grassi y Hintze, 2018, p. 89) de forma individual y no al sujeto colectivo o la clase trabajadora. Este criterio emula a la dama de hierro cuando explica que no hay sociedad sino tan solo, individuos.

Para las autoras, el argumento que acompaña el ajuste es siempre el costo de la mano de obra y la falta de competitividad que esto conlleva. La forma en cómo se fue procesando este ajuste fue a partir del “miedo a la crisis(Grassi y Hintze, 2018, p. 47). Esta crisis está fundada en la mala administración del dinero público y la alusión a la irresponsabilidad en el uso de los fondos públicos asociado a los planes sociales. Al mismo tiempo, identifican un exceso de consumo como derroche privado, mensaje con un sesgo moralizante que puede entreverse en los discursos presidenciales (Grassi y Heintze, 2018). Claramente, las autoras entienden que esta crítica hacia el “mal gasto” no tiene la misma firmeza para referirse al atesoramiento en el exterior de las clases altas. La presentación de la crisis como emergencia “meteorológica”, es la fuente que sostiene la necesaria reforma estructural. El gobierno de Cambiemos, tratará de volver al momento anterior al período de 1946-1955, seguramente porque la protección al trabajo construida en ese período le significa un sobrecosto. Macri propone desarmar el Estado Social reconstruido desde 2003. “Para definitivamente dejar atrás setenta años de frustraciones, de engaños, de nunca discutir sobre el fondo de la cuestión” (Grassi y Hintze, 2018, p. 51). Este gobierno parece augurar el retorno de Argentina a su relación con el mundo libre y desde un relato que supone un sinceramiento a partir de “una verdad” que parece representar el despotismo del mercado. Volver al mundo, es volver al préstamo del FMI, recuperando la tranquilidad de los inversores. “fondos buitres que litigaban con el país desde Nueva York. A ellos se libró, entonces, un pago de 9.300 millones de dólares” (Grassi y Hintze, 2018, p. 153). A pesar del nuevo rumbo de Cambiemos, en el MDS siguen allí las trasferencias de renta y el programa “Argentina Trabajo”, pero con otro nombre, “Hacemos Futuro”.

En términos de comparar, en Uruguay ocurrió lo mismo. Al llegar al gobierno la coalición de derecha en 2020, no se desmontó el Mides, ni las Asignaciones Familiares del Plan de Equidad, ni los programas de empleo transitorio como Uruguay Trabajo ahora llamado Programa Accesos.

En Argentina, se implementará a partir de 2016, el Plan Nacional de Economía Social Creer y Crear, para estimular la creación de emprendimientos en todo el país. Se sostiene a través del Monotributo social y de ese modo se accede a la Seguridad Social y se formaliza la actividad. Se promueve su desarrollo a partir de la construcción de una Marca Colectiva (al estilo PROVas en Uruguay) así como se financia con microcréditos. El relato de emprendedurismo, está cargado de meritocracia y tiene una fuerte presencia la denostación de la asistencia, responsabilizando al “emprendedor fracasado”. La asistencia es presentada en este período de Macri como el último recurso para quien no puede valerse por sí mismo. Como indica el portal del propio gobierno nacional durante el gobierno de Macri en 2017, “Trabajamos para crear conciencia sobre la importancia del emprendedorismo, destacó Macri, y sostuvo que Argentina necesita fortalecer su espíritu emprendedor” (Ministerio de Economía, 29 de noviembre de 2017). Este relato tiene un sesgo profundamente individualizante, neoliberal. Para Macri, la idea de emprendedor es un “unicornio” que cotiza en la bola de Wall Street. La competencia por el éxito es lo que lo mueve y no la preocupación por recomponer la integración y el tejido social.

Tenemos 4 de los 6 unicornios de la región; tenemos la oportunidad de recuperar tiempo perdido porque los emprendedores son los principales referentes del ´si se puede´. Ellos lo hicieron en condiciones más adversas. Ahora, en una Argentina que se va normalizando tendríamos que dar un salto exponencial 12.

Según se indica Pérez y Busso (2020) en la Argentina de Cambiemos,

el discurso emprendedurista, propio de la racionalidad neoliberal, dirigido primordialmente a los más jóvenes como una alternativa al trabajo asalariado, en un contexto de recesión y escasa creación de puestos de trabajo, estuvo lejos de crear empresarios exitosos. Los datos revelan que entre los trabajadores independientes la gran mayoría son cuentapropistas pobres, con tareas operativas y poco calificadas. Una alternativa para los sectores más desfavorecidos de la población y particularmente para los varones que no finalizaron el nivel secundario (p. 86)

Otro capítulo será la desestimación de la justicia, indicando que los juicios laborales forman parte de una mafia contra los empresarios que no genera condiciones para la inversión. El propio presidente Macri, “acuso <a los jueces> de perjudicar a las pymes con sus sentencias” (Grassi y Hintze, 2018, p. 160). . Para Grassi y Hintze (2018), el sujeto a quien se dirige Macri en sus alocuciones, no representa nunca colectivos sociales y menos de trabajadores o pobres. Siempre son “particulares sin pertenencia” (Grassi y Hintze, 2018, p. 89) y la gente, pasa a ser un colectivo imaginario universalizado, el sujeto para a ser el ciudadano, la persona. Este discurso dinamito la política y la reduce a tarea comunitaria. Esta despolitización de la vida cotidiana, se ve adornada por la forma en como el presidente Macri hizo pública su vida privada, mostrándose junto a su esposa como ejemplo de ciudadanos (individuos) emprendedores. Desde este enfoque y como indica Grassi y Heinzte las estrategias de sobrevivencia son presentadas como méritos de las personas, “sujetos de la sobrevivencia (…) cada sobreviviente es un emprendedor” (2018, p. 111). En el nuevo orden civilizatorio, la población sobrante del capitalismo es además independizada del Estado, a partir de esta receta moral para enseñarle a emprender y sobrevivir. Según indica Página 12, “El concepto de emprendedurismo forma de hecho parte central del discurso oficial de la Alianza Cambiemos. En los países emergentes, entre un 50 y un 75 por ciento de las empresas dejan de existir durante los primeros tres años” (Blejmar, 19 de marzo de 2017).

En este periodo Argentina volvió a contraer deuda con el Fondo Monetario Internacional. En agosto de 2018, el FMI le recomendó a Macri más flexibilización laboral y apertura importadora (IProfesional, 5 de agosto 2018). Este periodo de “Cambiemos” en el gobierno, expresó en el relato la mayor promoción al emprendedurismo. El propio presidente expresó sentirse un emprendedor 16 .

Por su parte Uruguay cerraba su ciclo progresista en 2019 y en 2020 comenzaría un nuevo gobierno del Partido Nacional, esta vez en el marco de una coalición de partidos políticos de derecha. El presidente Luis Lacalle Pou, no desmontó el Mides creado en el periodo anterior, ni tampoco desmontó el nuevo régimen de Asignaciones Familiares del Plan de Equidad. Continuó con la promoción del emprendedurismo incluso incorporando desde presidencia una nueva línea directa con el tema a partir del programa Sembrando (2023)2. Actualmente y como parte de una reforma educativa, el emprendedurismo empezó a integrar el pensum de la educación secundaria. 17

Actualmente en Argentina, El MDS tiene una línea de atención para la Inclusión laboral y economía popular. En ella se promueve el monotributismo y el desarrollo de la micro empresa. Se realizan acompañamientos a emprendedores en todo el país para el desarrollo de sus proyectos. Se apoya a los emprendedores con créditos “solidarios” para compra de máquinas, herramientas e insumos que son entregadas a personas o cooperativas y con capacitación3. Sin embargo, para Dvoskin (en Blejmar, 19 de marzo de 2017), “en Argentina no hay un solo millonario que lo sea por haber fundado una compañía o por ser ejecutivo. El 80 por ciento son herederos”. También el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, siendo de la oposición a nivel nacional, lleva adelante propuestas de similares características y como expresión del paradigma de la activación a partir del impulso al desarrollo de emprendimientos para potenciar el ecosistema innovador4. Para Cabaña y Merlo (2017) el modelo emprendedurismo, adquiere importancia a partir de los dirigentes de la alianza Cambiemos, demostrando esfuerzos por instalar, mediante el discurso, las bondades de esta perspectiva y tomando distancia de una perspectiva anterior sobre la creación de emprendimientos del gobierno previo a Macri que eligió una salida diferente, promoviendo la economía social, la economía popular y el apoyo a la generación de cooperativas, a partir de empresas recuperadas por trabajadores a partir de incentivos del Estado. Para Nougués y Salerno, “la combinación de la capacitación en la cultura emprendedora y la configuración de los sectores populares como <sujetos de crédito> dan cuenta del giro de la inclusión social hacia la inclusión financiera de la política asistencial de Argentina” (2020, p. 268). Da cuenta de este complejo proceso para nada claro, el ida y vuelta que tuvo la Ley que permite la creación de Sociedades por Acciones Simplificadas (SAS), creada durante el gobierno de Macri y que fuera objeto de un proyecto para su eliminación, finalmente, perdió estado parlamentario. Miles de emprendedores dependían de esta decisión. La crisis desde este relato, tiene la forma de peligro para la propiedad privada, como retorno de un discurso sobre la peligrosidad de los pobres, la delincuencia y el narcotráfico, deslizando la cuestión social hacia una cuestión de inseguridad significando el avance de una lógica punitiva y tentacular con el afuera de la cárcel (Wacquant, 2010). A modo de ejemplo, Uruguay tiene aproximadamente unas 15.000 personas privadas de libertad y tiene la tasa más alta de Sudamérica y cuatro de cada mil uruguayos está en la cárcel21 . Se reclama la presencia del Estado para atrapar la delincuencia.

Conclusiones

La crisis constante de la economía capitalista, se hace cada vez más recurrente y la irritante tensión de convertir el trabajo en una mercancía cada vez más barato se hace monótona. Los últimos años, asistimos en el Rio de la Plata, a cambios de gobiernos, progresistas, liberales y conservadores, con diversas propuestas económicas, más aperturistas y flexibilibles, más desarrollistas o progresistas. Fuerzas y alianzas estratégicas, coyunturales o estables, en busca de mayorías parlamentarias y triunfos electorales, fueron dibujando un complejo proceso de cambios y permanencias institucionales. Un Estado Social recuperado en parte, durante los tres lustros de era progresista, tampoco logro quitarse del todo el peso del determinismo que impone la economía mundial. Su propuesta no logro saldar la deuda social y por momentos, se recurrió a dispositivos neoliberales como el beneficio focalizado, la contraprestación y la promoción del emprendedurismo. Estos quince años dejaron paso nuevamente al ascenso de las derechas, ahora con representantes directos del empresariado. Durante este pasaje, vimos como el empleo formal y estable dejaba de ser una certeza a convertirse en una excepción. Los ejércitos de desempleados comenzaron a ser tratados a partir de experimentos que individualizaron la cuestión social. La responsabilización del sujeto es la expresión del “paradigma de la activación”. Un proceso de autogobierno en base a valores y principios que surgen del mercado y el ethos empresarial. Un sujeto acorralado, en medio de la trasformación tecnológica, cuidando su nivel de empleabilidad.

La promoción del emprendedor está dejando en Uruguay una “fábrica de deudores” (Lazzarato, 2013). “Casi 700 mil personas están calificadas como deudores <irrecuperables>; la mitad son hombres menores de 35 años"23

Asistimos a la flexibilización, la desregulación, la disminución de la capacidad de los sindicatos de negociación colectiva en los conflictos distributivos que eran mediados por el estado, restando poder a los trabajadores en mesa negociación distributiva. Al mismo tiempo, ocurre la generación de otras formas de inserción laboral, como ahora se llama el capitalismo de plataformas, en que tenemos los trabajadores autónomos, no por cuentapropista que sea, que están ahí con sus bicicletas entregando comida que no siempre pueden comer. Pero ahí están trabajando y haciendo ese servicio sin ninguna protección. (Fleury, 2022, p. 3)

Es necesario rescatar aquí dos proyectos de emprendedor, que, si bien comparten esta tarea de convocar al sujeto para activarlo, capacitarlo y financiarlo, parecen representar dos modelos de desarrollo distintos. Por un lado, el proyecto del Estado Social recuperado, asumiendo desde el Estado la responsabilidad para con los sujetos de derecho, en donde la figura del emprendedor aparece en el marco de la economía social y solidaria y como parte de un proyecto neo desarrollista de construir cadenas de valor interna. En algún punto esta posición parece tener la convicción ética de recuperar al trabajo (emprendedor) como centro de la integración. En este proyecto hay clases y existe la convicción del desarrollo desigual y combinado del capitalismo, donde la riqueza de unos es la pobreza de los otros.

Por otro, un proyecto de micro y pequeñas empresas donde se hace fuerte el énfasis en el sacrificio personal para sostener el ajuste e ingresar al mundo de los unicornios a partir de incorporar un modelo empresarial. La promoción de sujetos responsables ultimo y únicos de atender su propia cuestión social. En este proyecto no hay clases sociales y solo hay gente dispuesta emprender, como el propio presidente que se siente un emprendedor, aun y a pesar de ser propietario de una herencia familiar que le quita toda incertidumbre y riesgo a su actitud de emprender. Ese riesgo de quedarse sin nada lo asumen los desempleados, convertidos en emprendedores por este ideológico baño de espíritu empresarial. El emprendedor, como acentuación de la individualidad, significó la imagen del expansionismo norteamericano y el “mito internacional de vaquero” (Hobsbawm, 2013). El proceso de mundialización de la economía, consolidó un espíritu con dificultades para representar lo colectivo. “La flexibilidad va a aparecer como una exigencia totalizante, (…) la regulación política del contrato laboral, que ha constituido uno de los ejes de la protección (…) se convierte, paradójicamente, en su contrario, en la causa de su vulnerabilidad” (Crespo y Serrano, 2012, p. 40). El paradigma de la activación y el relato de emprender, no solo ingresan en las propuestas de protección social de todos los gobiernos, sino, que fue muy en consonancia con el mundo laboral actual, donde las empresas digitales y de plataformas, contratan con la máxima precisión el trabajo humano, sin contrato y usufructuando la mano de obra disciplinada en el marco de emprendedurismo.

La consigna más fuerte es la idea del emprendedurismo. Entonces ahora el objetivo es que todos debemos tornarnos emprendedores de nosotros mismos. El empleo antes era una categoría del mercado, ahora es del sujeto, que tiene que ser “empleable”, para tanto haciendo distintos cursos y entrenamientos que plantea a uno mejor posicionado en la escala da empleabilidad. (Fleury, 2022)

Miles de trabajadores uberizados, representan el triunfo del neoliberalismo y la promoción del emprendedor. “El aumento de números de suicidio entre jóvenes por depresión es enorme y tiene que ver con esa ausencia de perspectiva y una culpa por la falta de éxito personal” (Fleury, 2022). En Uruguay los datos sobre suicidios son alarmantes 27.

En síntesis, el costo de la mano de obra es un tema crucial para la rentabilidad de las economías capitalistas y por lo tanto es parte del terreno especulativo propio de la inversión privada. El empleo, ha significado en momentos de desarrollo económico- laboral y ampliación de ciudadanía una forma de integración social. Sin embargo, en momentos de ajuste y recesión o crisis especulativas, este mecanismo se debilita, subiendo las tasas de desempleo y provocando procesos de desintegración. A inicio de siglo XXI y con la llegada de gobiernos progresistas, en su afán de atender la cuestión social y resistiendo este avance de una economía cada vez más financiera, especulativa y global, Argentina y Uruguay desplegaron políticas que intentaron mitigar la desigualdad y trataron de reconstruir una protección social a partir de figuras próximas al empleo, pero con serias limitaciones presupuestales. Esta carencia, desplego toda una serie de repertorios de atención al desempleo en el marco de la promoción al empleo propio o autoconstruido. El emprendedurismo, que bien puede ser asociado al espíritu neoliberal a partir de un recorte individual de la responsabilidad frente al desempleo, también sirvió como mecanismo para la promoción de una integración social en dispositivos de gobiernos progresistas. El trabajo como espacio de integración representa el valor de “ganarse la vida” y de ese modo, el relato sobre la virtud de estos programas concentraba su eje en la promoción. Esto priorizó lo dimensión psicológica y actitudinal, tendiendo a modificar conductas y hábitos personales.

El piso en el que se apoya esta propuesta es el desarrollo por medio de la sustitución de importaciones, como lo fue décadas atrás. Sin embargo, los márgenes para estas articulaciones no fueron sufrientes. Entonces la forma en cómo se expresó fue otra. La cooperativa social, promovida por los Ministerios de Desarrollo para ser contratada por el propio estado y realizar tareas que antes se hacían con funcionarios, o la promoción de marcas con el sello de valor social, así como la formación y el entrenamiento para buscar empleo o inventar una empresa, son parte de la reflexión que realiza Fleury: “el empleo antes era una categoría del mercado, ahora es del sujeto, que tiene que ser empleable” (2022, p. 4). Esta presencia del emprendedurismo como relato que fundamenta y da sentido a la protección social, representa un continente sin contenido, donde luego los diferentes gobiernos y perspectivas depositan allí su expectativa, así como también lo hace cada beneficiario, sin tener nadie la certeza de su significado. La regulación del empleo se volvió una misión imposible en el marco de los límites nacionales de los países dependientes. Tal vez debe ser atendido a partir de acuerdos regionales mayores, pero, la fuerte individualización de la responsabilidad sobre la cuestión social que el emprendedurismo construye, contribuye con una moralización del desempleo y da una irracional explicación a los problemas de integración social.

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  • Notas

    1 Este artículo forma parte de los productos realizados en el marco del Posdoctorado en Trabajo Social de la Facultad de Trabajo Social de la UNLP dirigido la Profesora Mariana Gabrientti y del proyecto de investigación “Políticas públicas, trabajo y protección social. Análisis de las políticas públicas orientadas a las y los trabajadores de la economía popular y de la articulación del Estado con las organizaciones del sector en Gran La Plata” también dirigido por Mariana Gabrinetti
    2 Se puede ver en https://www.gub.uy/programa-sembrando
    3 Se puede ver en https://www.argentina.gob.ar/desarrollosocial/inclusion-laboral-y-economia-popular
    4 Se puede ver en https://buenosaires.gob.ar/desarrolloeconomico/emprendedores

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    Publicado

    03 03e julio 03e 2026

    Número

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    Cómo citar

    Mariatti, A. (2026). El emprendedurismo y la protección social en Uruguay y Argentina. Escenarios, 40, e031. https://doi.org/10.24215/26837684e031