Perspectivas profesionales sobre la investigación en Trabajo Social
DOI:
https://doi.org/10.24215/26837684e026Palabras clave:
perspectivas profesionales, investigación, trabajo socialResumen
Este artículo presenta reflexiones sobre las tensiones y desafíos del Trabajo Social en el ámbito de las Ciencias Sociales, a partir de una ponencia discutida en septiembre de 2024 en el marco del encuentro entre profesionales del Doctorado y Posdoctorado de la Facultad de Trabajo Social, Universidad Nacional de La Plata.
Utilizando el concepto de "campo científico" de Pierre Bourdieu, se analiza el papel de la investigación en el Trabajo Social a través de observaciones participantes que revelan las percepciones de los trabajadores sociales sobre la labor de los trabajadores sociales que se dedican a la investigación. Se destaca la distinción entre los "trabajadores sociales de terreno" y los "docentes/investigadores trabajadores sociales". Los primeros, quienes trabajan directamente en el territorio, a menudo ven a los investigadores como desconectados de la práctica diaria. Por otro lado, los docentes/investigadores critican a los trabajadores de terreno por su falta de rigor teórico y metodológico en las intervenciones. El artículo invita a reflexionar sobre estas perspectivas divergentes, proponiendo como desafío clave la integración de la investigación y la intervención en el Trabajo Social. Se aboga por una comprensión más amplia e integral de la profesión, así como por la construcción de redes intelectuales que impulsen su desarrollo dentro del campo de las Ciencias Sociales.
Introducción
Estas reflexiones surgen en el transcurso de los programas académicos y no se presentan como conclusiones definitivas, sino como preguntas e inquietudes abiertas que buscan ser compartidas. El objetivo es destacar la dimensión colectiva que subyace a todo proyecto de producción profesional. Como plantea Rozas Pagaza:
El objetivo del Doctorado apuesta a seguir formando doctores/ras en Trabajo Social, del más alto nivel académico y científico, que aporten el desarrollo de la docencia, la investigación, la extensión y el ejercicio profesional para contribuir a fortalecer el campo disciplinar y las políticas sociales - que, como todos sabemos, son el eje privilegiado en los procesos de intervención del Trabajo Social -[1]
Con el objetivo de aportar al debate colectivo, en el presente trabajo se exponen reflexiones sobre encuentros con colegas ejerciendo el rol de investigador. Para ello, desarrollo brevemente la perspectiva teórica desde la cual se intenta reflexionar, el contexto del Trabajo Social en relación a las Ciencias Sociales, los espacios en los que se recolectó la información, el enfoque asumido y algunas reflexiones finales.
El Trabajo Social en el contexto de las Ciencias Sociales
Como punto de partida para reflexionar y contribuir desde esta perspectiva, se toma la noción de “campo científico” [2] ; desde ahí, concebimos la profesión del Trabajo Social al interior de las Ciencias Sociales. Si nos retrotraemos a los inicios de la profesión en el siglo XX en Argentina, se pasó de una profesión paramédica y/o paralegal hacia una progresiva vinculación con las Ciencias Sociales, proceso que se profundizó en la última década del siglo XX1 [3].
Diversos autores han intentado delinear las teorías que integran la complejidad del trabajo social, una profesión de alcance global cuya característica distintiva es su diversidad y heterogeneidad. En este contexto, organizaciones internacionales como la Federación Internacional de Trabajo Social (FITS) y la Asociación Internacional de Escuelas de Trabajo Social (AIETS) buscan, con distintos niveles de éxito, unificar este campo diverso. A través de su trabajo cotidiano, estas entidades promueven un discurso común sobre la definición de la profesión, los temas y problemas que aborda, los valores éticos y profesionales, y crean espacios para expresar los intereses del colectivo profesional en organismos internacionales y ante los Estados. Asimismo, facilitan intercambios intelectuales mediante congresos mundiales y publicaciones especializadas.
En el ámbito académico, se destacan esfuerzos por sistematizar las teorías que subyacen a la profesión. Un ejemplo notable es el trabajo de Malcolm Payne [4,5], quien ha tratado de reunir, de manera amplia, las distintas corrientes del trabajo social. Sin embargo, este enfoque tiene sus limitaciones, tal como lo señalan autoras como Rivero y Vecinday [6], quienes subrayan la imposibilidad de traspolar los modelos propuestos por Payne en Inglaterra al contexto latinoamericano. Estas autoras advierten sobre el error de asumir que las técnicas aplicadas en los países centrales son igualmente válidas en otras culturas. En la misma línea, Muñoz Arce [7] va más allá, llamando a superar el "imperialismo profesional" y a construir un trabajo social culturalmente sensible y abierto al diálogo.
En América Latina, este debate ha sido profundo y ha involucrado a autores como Melano y Deslauriers [8], Vélez Restrepo[9], entre otros, quienes destacan la importancia de contextualizar las teorías y prácticas del trabajo social en función de las realidades locales.
Volviendo a Pierre Bourdieu,el autordesarrolló estudios vinculados a numerosos campos (sistema educativo, estado, familia, moda, etc.). Para el presente trabajo tomamos su noción de “campo científico”[10], el sociólogo no toma la perspectiva ampliamente difundida de Thomas Kuhn de “paradigma”, sino que se enmarca dentro de la tradición francesa, influenciado fuertemente por Gastón Bachelard, entre otros, quien es un filósofo de la ciencia que construye sus aportes desde la historia de la Física y la Química.
Para referirnos al campo científico, primeramente, debemos remontarnos a un texto del 1966 denominado “Campo Intelectual y Proyecto Creador”, en el que Bourdieu desarrolla y define el “Campo Intelectual”como campo de producción simbólica. En este texto, el autor hace un recorrido histórico sobre el proceso de creación del mismo en Occidente, constituyéndose como campo relativamente autónomo, diferenciado de los campos económico, político y religioso. El “campo intelectual”se crea “a partir del momento en que existe una sociedad intelectual dotada de una autonomía relativa respecto a los poderes políticos, económicos y religiosos” [11], y a medida que “aparecieron instancias de selección y de consagración propiamente intelectuales” [11] , entre ellas refiere a: academias, salones, casas editoras, teatros, asociaciones culturales y científicas, aumento del público, constitución y consolidación del mercado artístico.
Este campo como los demás posee una lógica específica “la competencia por la legitimidad cultural” [11]. Tenemos entonces la definición que Bourdieu nos da del campo intelectual, en la que rompe con una tradición que considera al creador como genio o individuo aislado; y lo ubica al interior del campo, como sistema de relaciones sociales e históricas dentro del cual el intelectual creador se encuentra y que ha incorporado, hecho carne como “habitus” [11], en tanto “subjetividad socializada”[10]. En esta perspectiva la relación del intelectual con sus pares, con los receptores o público y la realidad se encuentra mediada por la posición que el intelectual ocupa en un momento determinado dentro del campo del cual forma parte [11].
Profundizando en la línea de análisis, en 1976, el autor publica “El Campo Científico” donde se introduce de lleno en el estudio de la Ciencia desde la Sociología de la Ciencia. En dicho artículo y para disputar con los otros sociólogos, epistemólogos y filósofos de la ciencia, introduce su concepto de Campo Científico y lo define:
Como sistema de relaciones objetivas entre posiciones adquiridas (en las luchas anteriores), es el lugar (es decir, el espacio de juego) de una lucha competitiva que tiene por desafío específico el monopolio de la autoridad científica, inseparablemente definida como capacidad técnica y como poder social, o si se prefiere, el monopolio de la competencia científica que es socialmente reconocida a un agente determinado entendida en el sentido de capacidad de hablar e intervenir legítimamante (es decir, de manera autorizada y con autoridad) en materia de ciencia [2]
Pensar el Trabajo Social al interior del campo de las Ciencias Sociales es pensarla dentro de este campo de tensiones, luchas que poseen historia y a su vez, se articulan con los distintos tipos de capital y diferentes campos sociales. La vinculación de la profesión con las Ciencias Sociales se da en un contexto en el que al interior de las mismas se produce un profundo cambio, y en el campo político un ascenso o triunfo del neoliberalismo, y sus consecuentes políticas hacia los campos de la ciencia, la tecnología y las universidades. Las políticas neoliberales son abordadas por un sinnúmero de autores [12], tanto como la influencias de las mismas en el mundo universitario [13,14].
El neoliberalismo es mucho más que una mera doctrina económica, como lo presentan los gurúes de la economía neoliberal. En lugar de eso, siguiendo a Lander, entendemos el neoliberalismo como un
Discurso hegemónico de un modelo civilizado, esto es, una extraordinaria síntesis de los supuestos y valores básicos de la sociedad libeal moderna en torno al ser humano, la riqueza, la naturaleza, la historia, el progreso, el conocimiento y la buena vida. [15]
En la misma línea de pensamiento, Atilio Borón lo describe como una “filosofía integral”[13].
Desde mediados de los años setenta en el mundo se comienza a desarrollar una cruzada neoconservadora llevada adelante por los sectores hegemónicos de Estados Unidos e Inglaterra, a partir de la cual se dan cambios en las relaciones de poder global. En este contexto la perspectiva neoliberal se ha impuesto por dos factores “la desaparición o derrota de las principales oposiciones políticas que ha enfrentado la sociedad liberal” y por la “riqueza y el poderío militar de las sociedades industriales del norte” [15].
A la par del crecimiento y difusión de esta teoría, las consecuentes políticas estatales vinculadas al mundo de la ciencia y la universidad, al interior del campo de las ciencias sociales también comienzan profundos cambios y críticas internas, las cuáles entre la década de los noventa y en la primera década del siglo XXI llamaban a “impensar las ciencias sociales”, “abrir las ciencias sociales” [16-18], y a transcender su visión “patriarcal” [19], “eurocéntrica” [20], “colonial” [15]; “monocultural”[21]. A la par de estas críticas que podemos denominar internas, se suman otras que provienen del campo de la filosofía, específicamente desde las teorías de la complejidad popularizadas por Edgar Morín [22] y del campo de los estudios culturales [23]. Muchos de estos debates que se han inaugurado en décadas pasadas, todavía siguen presentes en las indagaciones actuales. Las mismas han apuntado a hacer más permeables los límites disciplinares y realizar cruces entre campos de conocimientos, lo que exige un dominio del campo propio y una apertura para el diálogo; así como cuestionar las formas tradicionales de hacer ciencia, repensando el lugar del investigador, los objetos de estudios, y las consecuencias de los productos del campo científico social.
Pensar el Trabajo Social como parte del campo de las Ciencias Sociales nos exige vincularnos con el campo de la producción de conocimientos, de la investigación, y la consecuente formación de recursos humanos, de profesionales en grados de Maestría y Doctorado, este último un requisito fundamental para ingresar en las instituciones que realizan y financian la investigación, como por ejemplo en Argentina el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)2. En dicha línea, desde los noventa, se ha producido un progresivo crecimiento de publicaciones –libros, revistas–, posgrados –especializaciones, Maestrías, Doctorados y Posdoctorados–, que han generado en un lapso de tres décadas, una enorme cantidad de material y recursos humanos formados que dedican gran parte de su labor a la producción de conocimiento.
Ahora, pensando siempre desde la noción de campo, como campo de luchas, el Trabajo Social es un “recién llegado”, más allá que desde el origen de la profesión la investigación haya sido elemental en el desarrollo de la misma; pero en los espacios académicos inicia como un subordinado, por ejemplo, en Argentina, en el portal de los Currículum Vitae -CVAR-3, no se encuentra en las disciplinas cargadas, es así que el espacio de las “Ciencias Sociales” sólo incluye algunas Ciencias Sociales –Psicología; Ciencias de la Educación; Sociología; Derecho; Ciencias Políticas: Geografía Económica y Social; Comunicación y Medios; Otras Ciencias Sociales–; en este último espacio es donde nos inscribimos y en el mismo nos da la opción de “Ciencias Sociales Interdisciplinarias” y “Otras Ciencias Sociales”, marcando al interior de estas opciones un espacio que refiere a “Línea”, el cual debe rellenarse con “Trabajo Social”. Esto no es sólo una anécdota de cómo completar un formulario on line, sino que el mismo también supone que en los organismos estatales de ciencia, como en el caso del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, son otras las profesiones que evalúan no sólo nuestros proyectos; sino el conjunto de la labor desarrollada. Con un breve ejemplo vemos que no es un territorio que favorece al desarrollo profesional, pensando el campo en sentido más amplio.
Ahora el mundo académico exige para “hacer carrera” en el mundo científico, diversas actividades: el dictado de clases, la realización de posgrados, la actualización permanente, la formación de recursos humanos, y las más relevantes bajo el formato de la ciencia actual: la investigación y la publicación. Extensión o cooperación con el medio son consideradas irrelevantes; lo que también nos muestra el perfil que nuestros sistemas universitarios y de ciencia promueven; centrando la labor de los investigadores y docentes en la acreditación y la publicación [24].
Tanto la formación como las publicaciones, cada día con mayores requerimientos y siguiendo las políticas internacionales de ciencia y tecnología. Esto lleva a que los Trabajadores Sociales inmersos en estas instituciones y lógicas deban desarrollar su labor casi a tiempo completo en la universidad y los organismos de docencia e investigación.
Esto nos lleva a una nueva tensión entre las demandas de la universidad y el ejercicio profesional como lo plantea Rozas Pagaza [25], el contexto actual oscila para que si uno decide dedicarse a las labores universitarias, se vea impedido de desarrollar el ejercicio profesional por fuera del mundo académico. En Argentina4, el Conicet, por ejemplo, sólo permite una dedicación de diez horas en instituciones educativas. 5
Recapitulando: si analizamos el campo de modo global vemos que no es muy estimulante para un investigador desde el Trabajo Social aventurarse a la labor de producir conocimiento, en tanto debe desarrollar su labor en condiciones desiguales con otras disciplinas al interior de las ciencias sociales.
A pesar de ello, desde inicio de los noventa se plantea el debate de la investigación al interior de la profesión, expresado desde la óptica de quienes se desarrollan en el mundo universitario. Para tensionar y complejizar la relación entre el Trabajo Social y la Investigación, que es como frecuentemente se denomina esta problemática en los congresos y artículos profesionales. Se internará reflejar brevemente desde el punto de vista de los profesionales / egresados que no se encuentran en el mundo académico, qué es lo que entienden por la investigación y las/os trabajadores sociales que se dedican a dicha labor. Para ello se retoman insumos de una observación participante desarrollada en dos encuentros de graduados en la Universidad de Entre Ríos- actividades en el marco de la “Jornada de Egresados 1995/2005. Regreso a Casa”, desarrolladas el 25 de septiembre de 2009 en la ciudad de Paraná, y el 8 de octubre de 2010 en la ciudad de Concordia-, y la participación como miembro activo de la comisión del Círculo Regional de Trabajadores Sociales de Concordia (integrado por San Salvador, Chajarí, Federación y Concordia) del Colegio Profesional de Trabajo Social de Entre Ríos durante los años 2010/2012.
Tomando como referencia a los profesionales graduados entre 1995 y 2005, consideramos que este período es particularmente relevante porque en él se llevaron a cabo una serie de capacitaciones, evaluaciones, y cambios curriculares entre 1995 y 2002, que culminaron en el Plan de estudios 2001, implementado desde 2002 en la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Durante este lapso, se produjo un cambio paradigmático que orientó la malla curricular hacia una formación teórica más robusta, con un aumento significativo en la carga de materias del campo de las ciencias sociales, metodologías de la investigación y la inclusión de la tesis para la obtención del título. A su vez, se evidenció una progresiva reducción de la carga horaria destinada a las prácticas académicas, que pasaron de abarcar desde el primer hasta el cuarto año, a concentrarse en el tercer y cuarto año. Estos cambios también implicaron la reorganización de las áreas de formación, una modificación en la denominación de las asignaturas y los contenidos de las mismas [26].
Volviendo a los espacios en los que se recolectó la información, en los mismos se tenían las siguientes preguntas: ¿Cuáles son las concepciones dominantes sobre lo que es hacer Trabajo Social? ¿Cuál es su vinculación con la producción de conocimiento? En el siguiente subtítulo vamos a reflexionar sobre cómo se ve la investigación desde el punto de vista de estos profesionales.
Distinciones: “Trabajadores Sociales de terreno” y “Docentes / Investigadores Trabajadores Sociales”
La perspectiva que se toma es la característica de la antropología social, “la perspectiva del actor” [27] o “ver las cosas desde el punto de vista del nativo” [28]. Esta perspectiva es una construcción del investigador, y dicho enfoque posee el objetivo de interpretar cómo las diferentes personas incluidas en una situación problemática a estudiar conciben su mundo social, cómo entienden y significan ese mundo. Este enfoque intenta que, durante el proceso de conocimiento, el investigador no quede preso de análisis sociocéntricos o etnocéntricos, pero también pretende interpretar los fenómenos sociales, no “sólo” recolectando las palabras de los nativos, Geertz refiere a que el investigador debe interpretar cómo vive un pueblo, pero que dicha interpretación “no sea prisionera de sus horizontes mentales” [28]. Dicho pensador echa luz sobre este tema con su conocido ejemplo de la etnografía de una bruja escrita por una bruja, pero a su vez la interpretación del etnógrafo no debe mantenerse “sistemáticamente ajena a las tonalidades distintivas de su existencia” [28], tomando el ejemplo de la brujería escrita por un geómetra.
En las situaciones analizadas, los diferentes “nativos”, son la/os profesionales con las que me relacioné en las diferentes situaciones al interior del campo del Trabajo Social. El enfoque de la perspectiva nativa intenta mostrar la diversidad de visiones, no las niega, no las homogeniza, y aquí es donde radica su riqueza. Entonces podemos ver cómo sobre un problema particular, una pregunta –en el presente ejemplo cómo ven la investigación o la labor de investigación en el campo del Trabajo Social–, se recupera qué es lo que piensan los nativos de ella. A manera de ejercicio, uno puede pensar que las mismas preguntas se pueden plantear en encuestas o cuestionarios en los cuales se indague a los diferentes actores lo mismo, pero esto se enmarcaría en una perspectiva que en sus inicios cercena sus opiniones y se encuentra mayormente influida por el investigador. Por ello se retoma y reafirma la riqueza que dicha opción metodológica tiene. Por supuesto que las reflexiones acá vertidas pueden ser complementadas con entrevistas o encuestas a profesionales del Trabajo Social para obtener una muestra más amplia de percepciones y actitudes hacia la investigación, así como las mismas se podrían realizar en distintas regiones del país o tipos de instituciones de formación (públicas / privadas, provinciales / nacionales) con el objetivo de profundizar en análisis.
Volviendo a los casos, podemos afirmar que desde la óptica de los profesionales con los que se interactuó, al interior del campo profesional, se construye una distinción entre los “trabajadores sociales de terreno”, y los “docentes/investigadores trabajadores sociales”. De dicha distinción se desprende un conjunto de situaciones:
a) Los primeros, auto denominados “trabajadores sociales de terreno”, conciben a los docentes / investigadores de un modo ambivalente. Por un lado, se considera que poseen un rol relevante en tanto forman los profesionales, especialmente se reconoce o reivindica a los docentes que han acompañado las luchas por la universidad y la educación pública; y los docentes de las prácticas académicas, en tanto son quienes han compartido más momentos, tiempos y con los que se posee más cercanía. Pero por otro lado, se posee una visión negativa, dado que se los concibe con preocupaciones ajenas a las realidades cotidianas de los profesionales “trabajadores sociales”, prioritariamente porque desde su óptica “no intervienen”, o no están en el lugar de la intervención: expresado con distintas palabras, frases y metáforas como: la “trinchera”, el “día a día”, “con los pies en el barro”, o “caminando el territorio”.
b) No consideran como labores o roles profesionales la docencia, y, sobre todo, la investigación.
En el encuentro de la ciudad de Paraná, al iniciar el evento y mientras las autoridades iniciaban la presentación de la propuesta y daban la bienvenida a los profesionales, saqué un grabador digital y lo puse sobre el pupitre, inmediatamente los colegas a mi alrededor se sorprendieron, y me miraron haciendo ademanes con la cara, posteriormente cada una me preguntó para que estaba grabando y registrando el evento; durante el transcurso de la grabación, dos compañeras se acercaron al grabador e interrumpieron la grabación diciendo palabras sin sentido.
Al momento de cerrar esta presentación, tuve un breve diálogo que sostuve con una colega con la cual habíamos cursado parte de la carrera:
A: ¿Seguís en tu ciudad?
B: - Sí, todo bien allá… ¿Y vos? ¿Qué haces?
A: - Tengo una beca del CONICET para hacer un Doctorado.
B: - Ah ¿Y vinculado al Trabajo Social algo?
En estos ejemplos narrados, al igual que en un sinnúmero de situaciones, se comprende que desde el punto de vista de estos profesionales, que la investigación no es una actividad o ejercicio laboral profesional, en otras interacciones con este mismo grupo analizado se puede ver como la investigación social es pensada como un lugar propio de profesiones como la sociología, la ciencia política y la antropología social. En la misma línea la docencia estaría más vinculada al mundo de los especialistas en educación.
c) Se los define muchas veces con adjetivos de índole despectiva: “academicistas”, “teóricos”; y con actitudes lejanas de su vida cotidiana laboral de “terreno”, se establece que los docentes / investigadores poseen “lenguajes esotéricos” y “hablan difícil”. Muchas de estas visiones hacen énfasis en que los docentes no poseen el mismo vocabulario, ni las preocupaciones de los demás colegas. Por vincular con un ejemplo de las situaciones narradas, en diferentes oportunidades me han preguntado, conociendo mi labor, si no me siento “más sociólogo que trabajador social” por desempeñarme en el mundo de la investigación. O de manera negativa que la investigación y la docencia son “puro discurso” y /o un “hablar por hablar”.
d) Por otra parte, estos trabajadores sociales, siempre desde el punto de los colegas, ven con desconfianza la construcción que de ellos hacen los “docentes investigadores trabajadores sociales”. Se entiende que hay una sospecha por los “trabajadores sociales que intervienen”, los cuales son acusados de modo permanente de intervenir desde la “urgencia” y el “sentido común”, no conocer los fundamentos teóricos metodológicos de la intervención profesional, no capacitarse, no leer producciones recientes, desconocer la bibliografía y los debates actuales, estar interesados sólo en perspectivas tecnológicas; no participar de los espacios de la facultad y el colegio profesional, no poseer compromiso con la profesión; poseer una relación tutelar con la facultad y el colegio profesional.
En estas consideraciones se puede ver cómo se abona una situación de mutua desconfianza y desconocimiento.
¿Existe una brecha respecto a la concepción de investigación al interior del trabajo social?
En Argentina las/los trabajadores sociales no son un grupo homogéneo, en la actualidad se cuentan alrededor de 50 carreras, primando la heterogeneidad y la diversidad en la formación [29-31], respecto a ello Rozas Pagaza refiere:
En el país conviven más de 20 carreras en el ámbito de la Universidad - público/nacionales la mayoría - y privadas; y más de 30 en el ámbito de la Educación Superior No Universitaria o Terciaria, -público-provinciales y privadas (dependientes de Ministerios provinciales de Salud, Acción Social y Educación o de instituciones confesionales). Muchas de ellas aisladas de los debates actuales y alejadas de la Organización Nacional [31].
Proceso que posee cambios promovidos desde la Federación Argentina de Unidades Académicas de Trabajo Social (FAUATS) para establecer una estructura curricular unificada en todo el país; lo que ha recibido un impulso desde la promulgación de la Ley Federal del Trabajo Social –N° 27.072 en el año 2014– [32].
No solo a nivel nacional se producen cambios sino también de modo regional y global; la Asociación Latinoamericana de Enseñanza e Investigación en Trabajo Social (ALAEITS) también ha jugado un papel crucial en la promoción de la investigación y la calificación de la enseñanza en el campo del Trabajo Social en América Latina; al igual que la Federación Internacional de Trabajadores Sociales (IFSW por sus siglas en inglés), muestra de ello son los congresos, las publicaciones y el constante avance de redes de colaboración internacional, así como la búsqueda de ciertos estándares y homogenización profesional.
¿Podemos pensar por qué existe esta brecha al interior del campo del Trabajo Social? La respuesta desde el mundo académico que se arguye habitualmente es que prevalece la visión tecnológica, el predominio de los instrumentos por sobre la teoría, la revalorización de la práctica sobre las demás dimensiones.
Ahora ¿Cómo podemos trabajar para avanzar más allá de esta brecha? El objetivo del presente trabajo es reflexionar sobre el lugar que ocupan los Trabajadores Sociales que se dedican a la investigación; lugar que se da en un contexto de “recién llegados”, luchando contra las burocracias y políticas del campo científico, entendiendo con Bourdieu la “comunidad científica”, no como un espacio armónico sino como un campo de luchas. También desarrollando la labor de investigación al interior de un colectivo profesional que ve con cierta distancia y ambivalencia el rol de los docentes / investigadores trabajadores sociales.
El desafío, entonces, es vincular la investigación y la intervención, pero no sólo con declaraciones y buenas intenciones, sino conociendo y reconociendo el campo y los actores con los cuales nos relacionamos; ¿Cómo? Un paso importante es indagar más sobre el campo de las Ciencias Sociales y la relación con el Trabajo Social, pero sobre todo, conocer las perspectivas de los y las colegas trabajadores sociales sobre el rol de la investigación en el desarrollo de la profesión, la relación intervención e investigación, y consolidar prácticas que permitan aprender y comprender de modo integral las labores de la profesión, superando esta separación histórica del campo entre lo teórico y lo práctico, entre las profesiones que analizan la realidad y las que intervienen, entre el mundo académico y el profesional, y tantas otras visiones dicotómicas y binarias que son moneda corriente en el campo del Trabajo Social.
Sin dudas, es una empresa colectiva, cuyo camino ya se empezó hace muchos años con instancias de formación e investigación que recuperan lo mejor del pensamiento crítico latinoamericano, proceso en el cual seguiremos trabajando todas y todos los que estamos intentando producir conocimientos al interior del campo científico de las Ciencias Sociales y el Trabajo Social, y al que debemos abonar construyendo redes intelectuales que nos encuentren en este camino.
Immanuel Wallerstein, en el texto citado se pregunta algo que lo podríamos hacer nosotros desde nuestra profesión en el Siglo XXI: “¿Qué Ciencia Social debemos reconstruir?” [16]. Y plantea diversos puntos para reestructurar las mismas, el autor, avezado analista de la realidad mundial nos dice: “lo más importante, repetimos, es que los problemas subyacentes se discutan con claridad, en forma abierta, inteligente y urgente” [18], cuatro características fundamentales para profundizar los debates en torno al Trabajo Social y la producción de conocimientos en el contexto actual.
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