Participación de las mujeres en el ámbito local: dinámicas y perfiles en Andalucía (España)
DOI:
https://doi.org/10.24215/26837684e021Palabras clave:
mujeres, participación, voluntariado, asociacionismo, protesta, AndalucíaResumen
A pesar de que las mujeres han sido pioneras en la participación, impulsando estrategias de colaboración y sororidad, especialmente, en el ámbito de los cuidados y la sostenibilidad de la familia, uno de los aspectos más interesantes en la actualidad ha sido la incorporación de la mujer a la participación social. Su incorporación, especialmente en aquellas actividades que implicaban repertorios no convencionales, ha sido reconocida como un fenómeno de 'normalización'. El objetivo de este artículo es analizar las formas de participación social de las mujeres en Andalucía teniendo en cuenta dos aspectos: el nivel de arraigo y el hábitat en el que se produce, diferenciando entre los espacios urbanos y rurales. Se han empleado los datos de la Encuesta Social 2022. Hábitos y actitudes de la población andaluza, realizada por el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía para analizar en profundidad los espacios en los que participan las mujeres andaluzas ―voluntariado, asociacionismo y protesta― y para indagar cuáles son las características de cada perfil. Los resultados muestran que existen diferencias de participación según el arraigo al territorio y el hábitat en el que se desarrolla cada actividad, además de evidenciar tipologías diferentes según las formas de participación.
1. Introducción
Si1 alguna persona se pregunta sobre qué es la participación o más concretamente lo que podría definirse como la participación política o social, en un principio, habría que enunciar que la participación se define por acciones observables y tangibles, como el voto o la orientación del consumo; que son ejecutadas por ciudadanos y ciudadanas sin reconocimiento de un rol expreso; que dichas acciones se ejecutan libremente, sin coacciones; que están orientadas a la esfera pública con la finalidad de incidir sobre ella; con el objetivo de abordar problemas comunitarios; dándose en un contexto político y social específico que afecta a la acción en sí misma; y que, de un modo u otro, estas acciones expresan objetivos o ideas políticas. La participación, por tanto, es el empleo de los recursos disponibles para involucrarse en los asuntos públicos y que, de un modo u otro, va unido a la consolidación de la democracia [1]. Aunque se han considerado diversas formas de participación en función de los contextos sociopolíticos en los que se desarrolla la vida pública [2], lo cierto es que el voto ha sido la forma predominante hasta que pudo establecerse un criterio de distinción entre los repertorios de participación: las formas convencionales y las formas no convencionales [3].
Por qué las personas participan en los asuntos públicos, ya sea mediante el voto, la vinculación con una organización social, protestando, realizando huelgas o boicots, mediante la acción voluntaria, el consumo político, la movilización digital o, incluso, empleando formas violentas, como la guerrilla y los secuestros ha sido una pregunta recurrente en la sociología y en la ciencia política. Una de las teorías más asentadas ha sido aquella que dice que la participación está impulsada por la solicitud a las autoridades de una acción concreta que palie una necesidad comunitaria o para expresar el rechazo a una decisión que, a la larga, mermará el bienestar social. Esta teoría ha sido conocida como de la privación relativa [4-6]. Otra teoría plantea que es necesario poder participar no solo querer hacerlo, es decir, contar con los recursos necesarios para poder involucrarse en los asuntos públicos [7-9]. En el ámbito de los movimientos sociales, esta teoría se conoce como teoría de la movilización de recursos y estaría enfocada a determinar que la protesta como forma de participación, concretamente, no podrá ser impulsada si no existen los medios materiales y humanos necesarios para que se desarrolle [6]. Por último, la teoría del voluntarismo cívico [10] añadía un tercer elemento: que además de querer y de poder, las personas involucradas en la participación habían sido requeridas a vincularse con dichas acciones. En otras palabras, que la participación era el resultado de una acción relacional donde ésta adquiría una dimensión expresiva si se quiere, es decir, como la materialización de un hecho social.
Alrededor de los años sesenta se produjo el conocido fenómeno de la «politización de las masas» [11], es decir, la tendencia a participar activamente a través de diversos mecanismos que van más allá del voto. Esto habría favorecido, por ejemplo, el empleo de la protesta como un recurso participativo estandarizado gracias a la institucionalización de la manifestación callejera y la pacificación de los repertorios [12,13]. Participar, genéricamente, implicará cada vez menos costes personales y sociales, favoreciendo la heterogeneidad de los y las participantes [14]. Esto despertará el interés entre la comunidad investigadora por sondear los estados de opinión de aquellas personas que mantienen una actividad participativa intensa y el uso de encuestas como recurso adecuado para conocerla [3,10,15]. Los resultados de estos estudios evidenciaron una tendencia ‘acomodada’ de la participación, es decir, las actitudes políticas de quienes se implicaban en la esfera pública se hacía desde un enfoque aburguesado que se mostraba, fundamentalmente, en una menor militancia partidista y principalmente asociativa, nuevas formas de vinculación con las organizaciones sociales ―a través de relaciones menos estables y más identitarias―, el desalineamiento electoral o la innovación en los repertorios de protesta [16-19]. Conocer a las personas que participan ha sido, desde entonces, una actividad frecuente de las personas investigadoras y ha ocupado los estudios sobre esta cuestión con la finalidad de profundizar en el perfil de los y las protagonistas de la participación, especialmente para desentrañar cuáles son sus principales recursos personales, qué actitudes sociopolíticas son las que sostienen y cuáles son los mecanismos que los invitan a involucrarse en los asuntos públicos [15].
Los estudios sobre protesta como principal mecanismo de participación no convencional permitieron afirmar que en España se produjo un proceso de normalización participativa liderado por un perfil sociodemográfico específico: igualdad de participación entre hombres y mujeres, especial protagonismo de cohortes de edad intermedias, la extensión de la participación a todo tipo de niveles de estudios y el aumento participativo en hábitats no urbanos y sin vinculación asociativa [20]. Estas afirmaciones introducían algunas novedades que fueron asumidas sin demasiada discusión. Se aceptaba la igualdad participativa entre hombres y mujeres, además de desvincular la protesta del asociacionismo. Sin embargo, la comparación de la participación en diferentes contextos territoriales evidenciaba que el interés participativo, concretamente donde se habían escenificado conflictos emancipatorios, como Euskadi o Catalunya, no se cumplían las generalizaciones anteriores, especialmente las referidas a la edad, el nivel educativo o la participación asociativa [21]. Para el caso andaluz que ocupa este ensayo, se presenta una relación estrecha entre participación convencional, especialmente asociativa, y la protesta, además de una creciente feminización. Este asunto es el que imprime especial relevancia al estudio de la participación de las mujeres en el ámbito local andaluz, sus dinámicas y sus perfiles.
El binomio feminización-asociacionismo en el fenómeno participativo andaluz arraiga sobre las movilizaciones ocurridas en la última década, como la huelga internacional feminista de 2018 [22] las protestas de las kellys [23,24] o las corralas de viviendas [25,26], Todos estos procesos han sido liderados principalmente o en exclusiva por mujeres que han tejido redes de sororidad para hacer valer sus perspectivas sobre la esfera pública. Es probable que el feminismo de cuarta ola haya sido influyente sobre las mujeres andaluzas y sus necesidades participativas. No obstante, su implicación en los asuntos públicos no se reduce a las acciones de conflicto social sino que históricamente ya venían siendo protagonistas de la participación a través de otras modalidades, como el asociacionismo o el voluntariado. Para comprender correctamente la feminización de la participación en Andalucía resulta oportuno producir un acercamiento a este fenómeno desde el enfoque del «feminismo andaluz» [27]: desde principios del siglo XX, las mujeres andaluzas han impulsado procesos de cambio sostenidos sobre una participación asociativa de carácter laboral que tenía su expresión en las luchas obreras de las fábricas de tabacos o en el campo andaluz, lo que habría servido para la difusión de una interseccionalidad entre territorio, identidad y participación que tendrían su impacto en la vida cotidiana [28]. A partir de este protagonismo de las mujeres andaluzas en la participación comunitaria, donde aparecen las redes de solidaridad y transformación social, se produce una extensión a la actividad asociativa y, posteriormente, a la participación no convencional. La singularidad del caso andaluz residiría, concretamente, en que la mujer se presenta como un agente dinamizador de la participación en los escenarios locales, lo que supone una singularidad digna de estudio.
Por tanto, una primera cuestión sería conocer si el hecho de ser mujer correlaciona con una forma de participación específica frente al hecho de ser hombre en los municipios andaluces. Sin embargo, existe un segundo asunto: ¿cómo influye el contexto sobre las formas de participación? Lo cierto es que existe asentadamente una amplia demostración empírica donde las ecologías participativas se ven determinadas por el tamaño del hábitat ―lo que determina la cercanía o la lejanía espacial entre las personas― y la homogeneidad social, es decir, lo mucho que se parecen o diferencian los estilos de vida entre distintos grupos de personas [29]. Aceptando este postulado, el objetivo de este ensayo es presentar las dinámicas de participación de las mujeres en cada una de las modalidades y los perfiles que integran los modelos nombrados. Para este trabajo se han utilizado los datos correspondientes a la Encuesta Social 2022. Relacionales sociales. Hábitos y actitudes de la población andaluza, realizada por el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. Con el uso del software SPSS y Excel se han podido codificar las variables según el análisis de datos necesario para presentar los resultados que se persiguen.
1.2. Objetivos
El principal objetivo de este ensayo es analizar las dinámicas y perfiles de participación social de las mujeres andaluzas teniendo en cuenta el arraigo como variable proxy de la homogeneidad social y el tamaño del hábitat donde se produce dicha participación con el objetivo de observar diferencias. Teniendo en cuenta estas consideraciones, en este ensayo se han proyectado los siguientes objetivos:
O1. Comprobar si existen diferencias entre hombres y mujeres andaluces y andaluzas en las diferentes modalidades de participación, a saber, asociacionismo, voluntariado y protesta.
O2. Determinar cuáles son las variables significativas para la participación de las mujeres andaluzas, poniendo especial énfasis en las variables de tipología de hábitat y arraigo como variable proxy de la homogeneidad social.
O3. Analizar los perfiles de las mujeres implicadas en cada una de las modalidades de participación, destacando sus principales características.
2. Metodología
En este ensayo se analizan las formas de participación de las mujeres en Andalucía, teniendo en cuenta si existen diferencias entre las distintas dinámicas de participación en función del arraigo y el hábitat en el que se producen. Se pretenden presentar cómo las dinámicas y los perfiles de participación están influenciados por estas dos variables. Dicho de otro modo, si el tamaño y la homogeneidad social de un espacio concreto influyen sobre las formas de participación de las mujeres en los entornos locales. Como se ve en el siguiente apartado sobre el trabajo de campo, se han empleado los datos de la Encuesta Social 2022. Relacionales sociales. Hábitos y actitudes de la población andaluza, realizada por el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía para analizar en profundidad los espacios en los que participan las mujeres andaluzas ―voluntariado, asociacionismo y protesta― y para indagar cuáles son las características de cada perfil.
Para alcanzar cada uno de los objetivos, se han empleado técnicas diferentes a partir de la misma base de datos. Por un lado, el primer objetivo, sobre si existen diferencias de participación entre hombres y mujeres andaluces y andaluzas en las diferentes dinámicas se ha utilizado un análisis de correlaciones bivariadas. Este análisis se ha realizado previamente en la selección de datos para verificar que, efectivamente, la participación en Andalucía se encuentra absolutamente normalizada y que, por tanto, tiene sentido estudiar la participación de las mujeres en las tres dinámicas, puesto que no resulta preponderante en ninguna de ellas.
En segundo lugar, a partir del modelo del voluntarismo cívico [10] se han seleccionado las variables propias de los recursos personales para la participación. Dicho en otras palabras, se ha querido observar la capacidad de las mujeres para participar, no tanto su deseo o el hecho de que hayan sido incentivadas. Con este procedimiento se quiere demostrar cómo participan las mujeres en función de sus propias posibilidades. En los resultados se muestra dónde y cómo participan las mujeres andaluzas, teniendo en cuenta las variables de arraigo, como proxy de la homogeneidad social, y el hábitat para explorar el ‘efecto ciudad’ sobre la participación de las mujeres andaluzas.
Por último, los resultados muestran en cada dinámica de participación ―asociacionismo, voluntariado y protesta― cuáles son los perfiles que despliegan las mujeres en cada una de ellas. Para alcanzar estos resultados se ha ejecutado un procedimiento analítico con las variables seleccionadas donde se aplica un análisis de correspondencias múltiples, posteriormente, un análisis clúster k-media y, por último, un análisis de tablas de contingencia para observar cómo son los perfiles. Por último, repitiendo esta última técnica, se estudia la relación entre el hábitat y el arraigo con cada uno de los perfiles en cada dinámica. En los resultados se relatan las principales conclusiones. Los datos se muestran como anexos al final de este texto.
Como un apunte de especial interés, en este artículo se han considerado tres dinámicas de participación: asociacionismo, voluntariado y protesta. Se han utilizado estas concretamente porque encajan en el modelo ecológico descrito por [29], donde aparecen modelos comunitarios y contenciosos, pero especialmente porque en este mismo trabajo se apuntan a estas modalidades como complementarias. Por un lado, el asociacionismo y el voluntariado son dinámicas comunitarias mientras que la protesta es una dinámica contenciosa. El asociacionismo es una modalidad colectiva decreciente mientras que la protesta es igualmente colectiva, aunque creciente. El voluntariado es una dinámica participativa individual. Mientras que las dos dinámicas comunitarias plantean un nivel de conflicto bajo, la protesta plantea un nivel de conflicto alto. Lo más interesante es que el asociacionismo y la protesta están intensamente influenciados por el contexto mientras que el voluntariado no aparece así descrito en la literatura. Todas estas cuestiones aparecerán contrastadas con los datos.
2.1. Trabajo de campo y análisis de datos
Los2 datos utilizados en este estudio provienen de la «Encuesta Social 2022: Relaciones Sociales. Hábitos y actitudes de la población andaluza» (ES2022) realizada por el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA), una agencia administrativa con personalidad jurídica pública dependiente de la Consejería de Economía, Hacienda y Fondos Europeos. Entre los objetivos de la encuesta está recoger información sobre participación ciudadana a través de actividades puntuales como manifestaciones, huelgas, donaciones, compartir información por Internet, etc. La encuesta se realizó en el ámbito territorial de la Comunidad Autónoma de Andalucía y tuvo como población objeto a todas las personas mayores de 16 años residentes en viviendas familiares. No se tuvieron en cuenta los hogares colectivos (hospitales, cuarteles, residencias, etc.) ni los hogares en los que residen nueve personas o más. El marco de población utilizado para extraer la muestra procede de la Base de Datos Longitudinal de Población de Andalucía a fecha 1 de enero de 2021. El tamaño teórico de la encuesta es de 8.750 casos y el diseño muestral es aleatorio simple estratificado de personas, realizado a través de provincias y grado de urbanización (24 zonas)3. Esta muestra se cruzó con la información procedente de la Base de Datos de Usuarios (BDU) del Sistema Sanitario Público de Andalucía para obtener los números de teléfono de las unidades muestrales seleccionadas. El trabajo de campo de la encuesta fue realizado entre el 15 de abril de 2022 y 8 de Julio de 2022. El método de recogida ha sido multicanal: encuesta telefónica (CATI) y vía web (CAWI). El canal prioritario ha sido el telefónico: el porcentaje de encuestas realizado vía telefónica ha sido del 83,6% y el 16,4% por vía web. La tasa global de respuesta fue del 56,8% para todo el territorio andaluz, determinando la muestra final en 4.968 casos. Los pesos obtenidos del tipo de muestreo utilizado se calibraron posteriormente mediante técnicas de reponderación. El objetivo fue ajustar las estimaciones de la encuesta a la información demográfica procedente de fuentes externas.
2.2. Recogida de datos y presentación de variables
Los datos de la encuesta se obtuvieron a través de un cuestionario que contenía 31 preguntas con categorías individualizadas distribuidas en cinco bloques: contactos personales, relación con el vecindario, relaciones sociales y redes de necesidades, participación colectiva y ciudadana, y características sociodemográficas. Las preguntas relacionadas con el cuarto bloque, relativo a la participación ciudadana, se refieren a las actividades realizadas en los últimos doce meses. Los datos obtenidos en las encuestas se presentan en diferentes formatos, en SPSS o en Excel. A continuación, se detalla la metodología sobre la que se han seleccionado los datos utilizados en los análisis.
2.2.1. Criterios de selección de datos
De la base de datos utilizada, se han aplicado dos filtros: el de participación y el de sexo. Por un lado, se ha tenido en cuenta el criterio de personas que han participado en alguna modalidad, bien fuese asociacionismo, voluntariado o protesta en alguna manifestación en el último año y, por otro lado, se han ponderado en exclusiva aquellas personas que informaron en la encuesta ser o sentirse como mujeres. Ciertamente, el cuestionario no daba opción a elegir más allá de las dos categorías referidas al sexo biológico. En total, aparecen 1.492 casos, lo que representa el 30% del conjunto total de la base de datos.
En este punto cabe señalar, en función del objetivo 1, que no se encuentran diferencias significativas de participación entre hombres y mujeres. Para ello se ha ejecutado un análisis de correlaciones bivariadas donde atendiendo al estadístico de Rho de Spearman con un nivel de confianza al 95%, tan solo ser hombre correlaciona levemente con el incremento en la participación asociativa. Es decir, al no establecerse ninguna correlación entre sexo y voluntariado o protesta, esto significa que, efectivamente, en los municipios andaluces existe una normalización participativa donde ambos sexos se integran en los asuntos públicos al mismo nivel. Por tanto, merece la pena analizar la dinámica participativa de las mujeres, observando la influencia del arraigo y el hábitat en los modelos, además de considerar otras variables para los perfiles.
| Modelos de participación | Datos | Sexo |
| ASOCIACIONISMO | Coeficiente de correlación | -,036* |
| Sig. (bilateral) | 0,011 | |
| N | 4968 | |
| VOLUNTARIADO | Coeficiente de correlación | 0,021 |
| Sig. (bilateral) | 0,133 | |
| N | 4968 | |
| MANIFESTACIÓN | Coeficiente de correlación | -0,018 |
| Sig. (bilateral) | 0,199 | |
| N | 4958 | |
| *. La correlación es significativa en el nivel 0,05 (bilateral). | ||
| **. La correlación es significativa en el nivel 0,01 (bilateral). | ||
2.2.2. Otras variables de participación
En el modelo del voluntarismo cívico [10] aparecen tres dimensiones: los recursos sociodemográficos (participar porque se puede), las actitudes sociopolíticas (participar por que se quiere) y las redes de interacción (participar porque se ha sido invitado a ello). De todas las variables que integran, en este trabajo solo se han seleccionado aquellas relativas a los recursos personales o sociodemográficos con la finalidad de describir el perfil de las personas que participan.
Los recursos personales (participar porque se puede) enfatiza la importancia, además del sexo, la edad y el nivel de educación como variables explicativas de la participación en protestas [3]. Este enfoque habría emergido asociado a la teoría de privación relativa, donde aparecen los perfiles marcadamente activos [4]. Concretamente, como recogen [30], desde mediados de los setenta la participación política directa se había perfilado en los más jóvenes, los más educados, varones, los que no tienen religión, profesionales del sector público y estudiantes [31].
Los estudios comparados confirman la incorporación de la mujer a la participación, involucrada especialmente en la agenda feminista, la liberación sexual, el derecho al aborto y, en América Latina, las movilizaciones de las madres contra las torturas, las desapariciones forzadas y contra las dictaduras militares, como es el caso de las Madres de Plaza de Mayo, en Argentina [30]. Aunque [19] confirma que una característica de la normalización participativa en España es la casi igualdad de probabilidad de participación de ambos sexos, lo cierto es que no aparece claramente como un factor determinante para explicar la concurrencia en la contienda política. Al contrario, el hecho de ser mujer se presenta como una característica explicativa de formas convencionales, como la ayuda solidaria en el contexto de ecologías participativas comunitarias [29].
[29] apunta a que la juventud parece un factor determinante en la implementación de ecologías contenciosas. Aunque las cohortes de edad más jóvenes observan en la movilización una suerte de idealismo democrático que los impulsa a tomar las calles frente a los más mayores, que tienden a canalizar sus esfuerzos a través de la ecología comunitaria a partir del incremento de los recursos cognitivos, a veces no consolidan su posicionamiento político hasta una edad más madura, lo que retrasa la incorporación de los jóvenes a la participación no convencional. Es lo que [32] aplica como un criterio de «moratoria», es decir, aunque están más predispuestos a implicarse en manifestaciones, lo van retrasando en el tiempo y mientras tanto optan por otros modelos de participación o, directamente no participan.
Así como los niveles educativos siguen operando como factores discriminantes ―los más educados tienden a participar más activamente―, la interpretación de los niveles de ingresos y la ocupación socio profesional no ofrecen una respuesta clara a este respecto [30]. Lejos de suponer un problema para la consideración de estas variables como factores que determinen la participación, el hecho de que no exista un consenso invita a reflexionar sobre la proliferación de múltiples perfiles en la dinámica participativa, lo que dificulta establecer con precisión las categorías que los definen.
En esta dimensión se encuentran las variables sociodemográficas de los casos incluidos en la encuesta. En este grupo se encuentra la edad agrupada en categorías o tramos, el nivel de estudios, los ingresos netos por hogar y la ocupación socio-profesional atendiendo a los criterios de la Clasificación Nacional de Ocupaciones (2011) del Instituto Nacional de Estadística.
| Variables | Categorías | Porcentaje |
| Rango de edad | Jóvenes | 1,3 |
| Adultas jóvenes | 33,0 | |
| Adultas maduras | 52,7 | |
| Mayores | 12,9 | |
| Nivel de estudios | Sin Estudios | 35,1 |
| Estudios obligatorios | 23,3 | |
| Estudios Secundarios no obligatorios | 11,0 | |
| Estudios Universitarios | 30,6 | |
| Ingresos netos por hogar | Menos de 900 euros | 19,8 |
| 901-1600 euros | 33,3 | |
| 1601-2500 euros | 23,9 | |
| 2501-3000 euros | 9,5 | |
| 3001-6000 euros | 13,5 | |
| Clase socio profesional | Sin clase ocupacional | 40,7 |
| Operarias no cualificadas | 7,4 | |
| Operarias cualificadas | 1,7 | |
| Servicios, administrativas y técnicas profesionales | 30,4 | |
| Científicas e intelectuales | 17,9 | |
| Directivas y gerentes | 1,9 | |
| Arraigo | Menos de 5 años | 18,0 |
| Mayor o igual a 5 años y menor que 10 | 12,6 | |
| Mayor o igual a 10 años y menor que 20 | 34,0 | |
| Mayor o igual a 20 años | 35,4 | |
| Hábitat | Zona rural | 10,8 |
| Zona de densidad intermedia | 38,1 | |
| Ciudades | 51,1 | |
| Nivel de asociacionismo | Sin asociacionismo | 16,6 |
| Leve | 52,4 | |
| Moderado | 19,6 | |
| Intenso | 11,4 |
3. Resultados
Los contenidos que se muestran a continuación expresan las conclusiones alcanzadas después de los análisis de datos en relación con los objetivos propuestos, especialmente, el análisis de los perfiles de las mujeres implicadas en las distintas modalidades de participación. En primer lugar, se aclara dónde y cómo participan las mujeres. En segundo lugar, se muestran las características de cada modalidad de participación.
3.1. Dónde y cómo participan las mujeres
El primer asunto que se presenta en estos resultados es desentrañar cómo el hábitat y el arraigo influyen sobre la participación de las mujeres y, segundo lugar, cómo estas mismas variables de contexto determinan las modalidades de participación. Por tanto, se intenta responder dónde participan las mujeres y cómo lo hacen.
El análisis de frecuencias muestra que el 69,4% de las mujeres que participan tienen un arraigo al lugar, mayor a diez años. Esto invita a pensar que la participación, en cualquiera de las modalidades seleccionadas, sea voluntariado, asociacionismo o protesta, requiere una mínima homogeneidad social suscitada a partir de la consolidación de unos vínculos comunitarios. Por otro lado, solo el 10,8% de las mujeres que participan pertenecen a zonas rurales mientras que el resto, el 89,2%, se ubican en zonas de densidad intermedia y en ciudades. Aquí se puede interpretar que, las áreas de mayor desarrollo urbano favorecen las oportunidades de participación en las dinámicas de asociacionismo, voluntariado y protesta.
Por otro lado, ¿cómo participan las mujeres? Indistintamente del lugar en el que se encuentren y el grado de arraigo con el que cuenten, las mujeres que participan lo hacen del siguiente modo: un 31% lleva a cabo un voluntariado, un 21,1% se involucra en manifestaciones y el 83,4% participa en asociaciones. La suma de los porcentajes no corresponde al total puesto que las tres formas de participación pueden estar relacionadas y, de hecho, lo están. Lo llamativo de estos datos es que las mujeres andaluzas participan, fundamentalmente, integrándose en asociaciones de distinto tipo. La mayoría de ellas, el 52,4% de las mujeres andaluzas que participan lo hacen a través de una asociación nada más. Por un lado, esto denota compromiso con los propios objetivos. Sin embargo, por otro lado, esta forma de participar asociativamente no favorece el incremento del capital social a través de la confianza generalizada que pueda producirse a través del intercambio interasociativo. Solo el 11,4% de las mujeres andaluzas que participan lo hacen en tres asociaciones o más. Las razones por las que se producen estas limitaciones pueden ser de carácter estructural, es decir, de oportunidades para que las mujeres intervengan en la vida pública más allá de los roles de cuidadoras que tradicionalmente les han sido asignados.
Los datos referidos lo hacen con relación al objetivo 2 de este ensayo: la participación de las mujeres andaluzas se produce en función de una mayor homogeneidad social y con tendencia al incremento de oportunidades a través de áreas con un mayor grado de urbanización. Es decir, la participación de las mujeres andaluzas tenderá a producirse según el modelo de comunidades urbanas, como se verá en las conclusiones.
3.2. Modalidades de participación
En este ensayo se han considerado tres modalidades de participación para las mujeres andaluzas: asociacionismo, voluntariado y protesta. Cada modalidad atiende a una ecología participativa, en teoría. Concretamente, el asociacionismo y el voluntariado son expresiones de la participación comunitaria, frente a la protesta, que responde a la ecología contenciosa. Mientras que el asociacionismo y la protesta son formas colectivas, el voluntariado es una expresión individualista, aunque se canalice, fundamentalmente, a través de organizaciones. A continuación, se presentan los perfiles de cada una de las modalidades de participación.
3.2.1. Asociacionismo
El análisis de correspondencias múltiples junto con el análisis clúster k-media y las tablas de contingencias permiten conocer los perfiles de las mujeres que participan asociativamente en Andalucía. El Alpha de Cronbach es altamente significativo para la primera dimensión (0,724) y en menor medida en la segunda dimensión (0,430). En el conjunto de ambas, la varianza explicada alcanza el 91,6%. Esencialmente, lo que explica los perfiles de participación asociativa son la clase socio profesional y el nivel de estudios frente a los ingresos netos por hogar y el rango de edad. La clasificación de casos en cuatro grupos resulta estadísticamente significativa. La exploración de estos grupos resulta del siguiente modo:
- Grupo 1. 30,2% sobre 1.244 casos. Mujeres adultas jóvenes, con estudios obligatorios o secundarios no obligatorios, ingresos netos por hogar entre 901 euros y 2500 euros, operarias cualificadas, del sector servicios, administrativas o técnicas profesionales.
- Grupo 2. 21,4% sobre 1.244 casos. Mujeres adultas maduras, con estudios universitarios, ingresos netos por hogar superiores a los 2501 euros, y ocupaciones de científicas e intelectuales.
- Grupo 3. 32,2% sobre 1.244 casos. Mujeres jóvenes y adultas maduras, sin estudios o estudios obligatorios, con ingresos inferiores a los 1600 euros netos por hogar, y fundamentalmente sin clase ocupacional u operarias no cualificadas.
- Grupo 4. 16,2% sobre 1.244 casos. Mujeres mayores, sin estudios, con ingresos netos por hogar inferiores a los 900 euros y sin clase ocupacional.
Una primera reflexión sobre estos datos es que la mayoría de las mujeres que participan asociativamente, hasta un 62,4%, tienen estudios e ingresos limitados, así como una clase socio profesional media o baja. Asimismo, resulta llamativo que una quinta parte de las mujeres que participan sean de mediana edad, de hogares acomodados y con formación universitaria. Esta distribución rompe con el tópico de que las mujeres de recursos limitados no participan. Al contrario, como se muestra, dos tercios de las mujeres andaluzas implicadas en la participación asociativa cuentan con pocos recursos, una formación no universitaria, en los márgenes del mercado laboral o en ocupaciones de clase media o baja. Probablemente, estos resultados estén conectando con la idea de que el asociacionismo femenino en Andalucía tenga un carácter reivindicativo o sindical [33], además de que pueda estar relacionado con la agenda de los cuidados.
Al explorar cómo afecta el hábitat y el arraigo a cada uno de estos perfiles de participación asociativa se observa que las mujeres del grupo 1 no se ven afectadas por el grado urbano del hábitat; las mujeres del grupo 2 se concentran en las zonas urbanas, fundamentalmente, y en las zonas intermedias; las mujeres del grupo 3 son esencialmente rurales; y las mujeres del grupo 4 también responden a un patrón que no distingue entre zonas de hábitat. Sin embargo, las mujeres del grupo 1 presentan un arraigo inferior a diez años, las mujeres del grupo 2 tendrán arraigos inferiores a las dos décadas, las mujeres del grupo 3 justo al contrario que las anteriores y las mujeres grupo 4 también mostrarán arraigos superiores a los veinte años.
Con estos datos puede afirmarse que las mujeres del grupo 1 se ubicarán, esencialmente, en zonas urbanas intermedias, que han creado familias nuevas. De los datos recogidos en el trabajo de campo, en aplicación de las encuestas y en el acercamiento a las personas encuestadas, se deduce el refuerzo de la idea, anteriormente mencionada de que, en esta modalidad, es probable que este asociacionismo esté enfocado en la protección de los derechos laborales propios y en los cuidados. Son mujeres que se asocian heterogéneamente. Estos datos responden a una ecología más contenciosa que comunitaria, por lo que estarán enfocadas a sindicatos y asociaciones vecinales. Las mujeres del grupo 2 atienden a un patrón urbano, aunque con tendencia a la heterogeneidad. Sus formas de participación asociativa tenderán al desarrollo de una participación contenciosa, cercana a los movimientos sociales. Las mujeres del grupo 3 desarrollan una ecología participativa de activismo comunitario debido a que se ubican en el medio rural y con un alto grado de homogeneidad. Son el modelo comunitario por excelencia. Por último, las mujeres del grupo 4, que aun siendo de hábitat transversal son fundamentalmente urbanas, aunque con una alta homogeneidad, lo que propicia las comunidades urbanas, es decir, esas mujeres que han tejido redes para compartir recursos, intereses, relaciones y apoyos en la consecución de sus objetivos y necesidades.
3.2.2 . Voluntariado
Utilizando el mismo procedimiento analítico que en el apartado anterior, las mujeres que participan en voluntariado generan distintos perfiles mediante una primera dimensión de alto valor significativo (Alpha de Cronbach=0,713) y una segunda ligeramente menor (0,450), con capacidad para ofrecer una varianza explicada del 91,4%. La distribución de variables en estas dos dimensiones se produce igual que en la modalidad anterior, donde la clase socio profesional y el nivel de estudios aparecen en la dimensión primera frente a los ingresos netos por hogar y el rango de edad aparecen en la segunda dimensión. La combinación de estas variables ofrece los siguientes perfiles:
- Grupo 1. 23,8% de 462 casos. Mujeres adultas maduras, con estudios universitarios, ingresos netos por hogar superiores a los 2.501 euros mensuales, y ocupaciones de científicas e intelectuales y directivas y gerentes.
- Grupo 2. 23,6% de 462 casos. Mujeres adultas jóvenes, con estudios obligatorios o secundarios no obligatorios, ingresos netos por hogar entre 1.601 euros y 2.500 euros, operarias cualificadas, del sector servicios, administrativas o técnicas profesionales.
- Grupo 3. 13,2% de 462 casos. Mujeres mayores, sin estudios, con ingresos inferiores a los 900 euros netos mensuales por hogar y sin ocupación profesional.
- Grupo 4. 39,4% de 462 casos. Mujeres jóvenes y adultas maduras, sin estudios, con ingresos netos por hogar inferiores a los 1.600 euros y sin ocupación definida u operarias no cualificadas.
Como se aprecia, son los mismos perfiles que en el asociacionismo, aunque con diferente distribución y con algunos matices. De entrada, la proporción de mujeres implicadas en un voluntariado representa un 37,13% de aquellas que lo hacen en una asociación. Asimismo, el principal perfil de las mujeres voluntarias es el de aquellas que no tienen una ocupación definida, sean jóvenes o adultas maduras ―estudiantes y amas de casa― y ubicadas en hogares con ingresos bajos. Aparecen, en el ámbito del voluntariado, las mujeres directivas en el grupo 1, en este caso, que coincide con el grupo 2 del asociacionismo. Y de nuevo, las mujeres mayores son las más desfavorecidas en la participación voluntaria, como así también ocurría en la participación asociativa.
El voluntariado de las que podrían llamarse “mujeres lideresas” tiene un carácter más heterogéneo, con arraigos entre cinco y diez años, aunque en hábitats no definidos, aunque con tendencia a las ciudades. Sus actividades voluntarias se desarrollarán en el ámbito de transformación urbana. Por otro lado, las mujeres del grupo 2 realizan sus actividades con una tendencia a la homogeneidad y con tendencia urbana. Las mujeres del grupo 3 y 4, con una fuerte homogeneidad y con tendencia urbana, se integrarán en las mismas actividades que las anteriores. Son mujeres que han tenido que compatibilizar el trabajo propio con las tareas del hogar, afrontando el vacío en el apoyo a la crianza y el empoderamiento personal y colectivo. Las mujeres del grupo 3 son precursoras de las mujeres del grupo 2. Como puede observarse, las mujeres del grupo 4 son las ‘rurales’ de la participación asociativa. Sin embargo, la realidad es que el voluntariado tiene poco arraigo en los espacios rurales porque estas actividades tienen una clara vocación urbana. Sin embargo, esto no quiere decir que en los espacios rurales no exista el voluntariado, sino que, al contrario, esa forma de participación está normalizada como una actividad comunitaria. Por tanto, la realidad de la participación voluntaria de las mujeres es que se va a dar en dos dinámicas: una de transformación, con tendencia a la disputa de la hegemonía a las autoridades públicas; otra de innovación entre grupos ampliamente diversos que desarrollan actividades para impulsar iniciativas que puedan ofrecer soluciones.
3.2.3 Protesta
Por último, utilizando el mismo análisis estadístico anteriormente nombrado, las mujeres andaluzas que participan en la protesta (N=315) se distribuyen entre dos dimensiones que explican un 85,8% de la varianza: la primera de ellas, con un Alpha de Cronbach equivalente a 0,661 y la segunda, con uno equivalente a 0,414. Los perfiles producidos son los que a continuación se describen:
- Grupo 1. 42,2% de 315 casos. Adultas maduras, sin estudios, con ingresos inferiores a 1.600 euros netos mensuales por hogar y sin ocupación definida.
- Grupo 2. 19,4% de 315 casos. Mujeres adultas jóvenes y maduras, universitarias, con ingresos superiores a los 2.501 euros netos mensuales por hogar, y con ocupaciones de científicas e intelectuales.
- Grupo 3. 6,7% de 315 casos. Mujeres jóvenes y mayores, fundamentalmente sin estudios, con ingresos, esencialmente, por debajo de los 1.600 euros netos mensuales por hogar y sin ocupación definida en su totalidad.
- Grupo 4. 31,7% de 315 casos. Adultas jóvenes y, en menor tendencia, mujeres maduras; con estudios obligatorios o secundarios no obligatorios, con ingresos que van desde los 901 a los 1.600 euros netos mensuales por hogar y, fundamentalmente, con ocupaciones de servicios, administrativa y técnicas cualificadas, aunque también operarias no cualificadas.
Como se observa, la protesta modela grupos alternativos a las dinámicas participativas propiamente comunitarias y convencionales. La disrupción que implica protestar hace que, por ejemplo, las mujeres más jóvenes y las mayores en situación precaria o dependiente de una tercera persona, rehúsen implicarse en estas dinámicas participativas. Es lo que en la literatura se ha descrito como la “moratoria” participativa que, en este caso, parece que también aplica a mujeres mayores. Por otro lado, los datos evidencian que la ‘normalización’ de la protesta no viene acompañada de la mano de las mujeres más jóvenes, más educadas y con mayores ingresos, que no alcanzan una quinta parte de las mujeres que protesta, sino que, en Andalucía, las ‘mujeres protestonas’ adultas maduras o jóvenes, de ingresos limitados ―medio bajos―, sin estudios y sin ocupación definida o estudios obligatorios y en ocupaciones relativas a la clase media. Es decir, el emprendimiento de la protesta en Andalucía, como forma de participación, conecta con perfiles que pueden estar movidos con la teoría de la privación relativa, por un lado, pero también con una agenda reivindicativa que tradicionalmente ha estado vinculada a las mujeres trabajadoras.
Justamente, estas mujeres de grupo 1 y 3, que lideran el emprendimiento de la protesta, tienden a la homogeneidad y a concentrarse en zonas urbanas y de densidad intermedia. Es decir, coinciden con las mujeres que realizan un voluntariado innovador, coincidiendo en el espacio con las mujeres mayores de una tendencia asociativa. Las mujeres del grupo 2 se caracterizan por la heterogeneidad y la ubicación urbana. Coinciden con el perfil clásico de la mujer ‘normalizada’ en la protesta. Por último, las mujeres del grupo 4 se caracterizan por la heterogeneidad y las zonas urbanas. Son aquellas que emprenden los procesos de transformación y de activismo contencioso. Son las que ‘pelean’.
4. Discusión y conclusiones
La participación de las mujeres en el ámbito local andaluz se presenta como realidad ampliamente normalizada, como muestran los análisis, con singularidades que invitan a continuar su estudio. La participación de las mujeres andaluzas se sostiene sobre el asociacionismo frente al voluntariado y la protesta. Asimismo, los datos evidencian que no todas las mujeres participan igual, sino que lo hacen agrupadas en perfiles según sus propios recursos. Frente a la idea de la mujer más educada, con mayores ingresos y mejores ocupaciones que lidera la participación, en Andalucía se encuentra un perfil dominante que es el de esas mujeres de clase media-baja que emprende la participación en las tres dinámicas.
Haber analizado los perfiles dentro de cada dinámica muestra que las mujeres participan, pero que no todas lo hacen de la misma manera ni agrupadas del mismo modo. Parece lógico que entre ellas busquen proximidad y semejanza para emprender el compromiso en la esfera pública. Este análisis, asimismo, muestra que la manera en la que las mujeres participan es diversa, según sus propias posibilidades.
De estas dinámicas analizadas, se encuentran semejanzas de participación entre el asociacionismo y el voluntariado, los cuales apenas tienen presencia en el ámbito rural, de acuerdo con su ecología comunitaria. Por otro lado, la protesta, de ecología contenciosa, desprende coincidencias con algunos de los perfiles de la participación voluntaria. En cualquier caso, los perfiles de las tres dinámicas o modelos muestran la articulación de los vínculos entre mujeres para movilizarse empleando diferentes estrategias. El uso de las variables de los recursos personales o sociodemográficas evidencia que existe una estrecha conexión entre la modalidad de participación y cómo estas mujeres pueden hacerlo.
Los resultados de este ensayo evidencian que solo un tercio de la muestra total corresponde a mujeres implicadas en la esfera pública, lo que implica una diferencia de participación por género. Sin embargo, los datos no muestran diferencias entre hombres y mujeres en las distintas modalidades de participación. De las tres modalidades analizadas, fundamentalmente, las mujeres andaluzas se integran en la participación asociativa, tendiendo a una dinámica minoritaria el voluntariado y la protesta.
Por otro lado, el factor contextual evidencia que las diferentes ecologías que se producen en el ámbito asociativo y la tendencia ausente de voluntarismo y protesta en el ámbito rural. Es decir, el asociacionismo es una oportunidad para la participación de todas las mujeres de diferentes perfiles y en diferentes contextos. Sin embargo, el voluntariado y la protesta parecen exigir unos recursos y unos lugares adecuados para que puedan llevarse a cabo. En realidad, esto no supone ninguna novedad si se piensa en la literatura comparada donde aparecen referencias a esta forma de participar.
El hecho más interesante de este ensayo es demostrar que las mujeres participan en igualdad con los hombres en los contextos locales andaluces y que, sorpresivamente, lo hacen adaptándose a sus posibilidades y a sus oportunidades, un enfoque weberiano que permite afirmar que la normalización de la participación no se trataba tanto de que las mujeres participasen como hombres sino según sus propias dinámicas y en función de sus propias posibilidades.
Anexo
A continuación, se presentan las tablas correspondientes a los perfiles de las tres dinámicas de participación.
- 1. Participación asociativa
| Rango de Edad | Total | |||||
| Jóvenes | Adultas jóvenes | Adultas maduras | Mayores | |||
| Grupo 1 | % | 0,0% | 49,2% | 50,8% | 0,0% | 100,0% |
| SR | -2,5 | 9,4 | -2,0 | -9,1 | ||
| Grupo 2 | % | 0,0% | 32,3% | 67,7% | 0,0% | 100,0% |
| SR | -2,0 | 0,7 | 4,7 | -7,2 | ||
| Grupo 3 | % | 2,5% | 24,5% | 68,8% | 4,3% | 100,0% |
| SR | 3,2 | -3,1 | 6,7 | -6,5 | ||
| Grupo 4 | % | 2,0% | 5,0% | 19,3% | 73,8% | 100,0% |
| SR | 1,3 | -8,6 | -11,2 | 27,6 | ||
| Nivel de Estudios | Total | |||||
| Sin Estudios | Estudios obligatorios | Estudios Secundarios no obligatorios | Estudios Universitarios | |||
| Grupo 1 | % | 10,9% | 42,3% | 30,3% | 16,5% | 100,0% |
| SR | -11,7 | 11,2 | 14,2 | -7,6 | ||
| Grupo 2 | % | 0,4% | 0,8% | 2,6% | 96,2% | 100,0% |
| SR | -13,3 | -9,5 | -5,0 | 25,5 | ||
| Grupo 3 | % | 58,8% | 26,0% | 4,0% | 11,3% | 100,0% |
| SR | 12,1 | 2,2 | -5,5 | -10,7 | ||
| Grupo 4 | % | 78,2% | 5,9% | 0,5% | 15,3% | 100,0% |
| SR | 14,1 | -6,1 | -5,2 | -5,4 | ||
| INGRESOS | Total | ||||||
| Menos de 900 euros | 901-1600 euros | 1601-2500 euros | 2501-3000 euros | 3001-6000 euros | |||
| Grupo 1 | % | 5,9% | 38,6% | 37,7% | 10,7% | 7,0% | 100,0% |
| SR | -7,2 | 2,6 | 7,2 | 0,4 | -4,7 | ||
| Grupo 2 | % | 1,6% | 10,1% | 21,3% | 23,6% | 43,4% | 100,0% |
| SR | -7,8 | -9,0 | -1,2 | 8,1 | 15,2 | ||
| Grupo 3 | % | 21,7% | 48,0% | 20,8% | 4,0% | 5,5% | 100,0% |
| SR | 2,1 | 7,0 | -1,7 | -4,6 | -5,6 | ||
| Grupo 4 | % | 60,0% | 27,4% | 7,4% | 1,7% | 3,4% | 100,0% |
| SR | 15,7 | -1,8 | -5,6 | -4,0 | -4,5 | ||
| CLASE SOCIAL | Total | |||||||
| Sin clase ocupacional | Operarias no cualificados | Operarias cualificados | Servicios, administrativas y técnicas profesionales | Científicas e intelectuales | Directivas y gerentes | |||
| Grupo 1 | % | 6,6% | 8,2% | 4,8% | 71,0% | 4,0% | 5,3% | 100,0% |
| SR | -16,0 | 1,2 | 5,6 | 21,1 | -8,9 | 5,0 | ||
| Grupo 2 | % | 5,3% | 0,0% | 0,0% | 12,4% | 80,5% | 1,9% | 100,0% |
| SR | -13,2 | -5,0 | -2,4 | -6,9 | 28,8 | -0,4 | ||
| Grupo 3 | % | 66,3% | 13,8% | 0,5% | 17,0% | 2,0% | 0,5% | 100,0% |
| SR | 12,7 | 6,5 | -2,2 | -6,7 | -10,5 | -2,8 | ||
| Grupo 4 | % | 99,5% | 0,0% | 0,5% | 0,0% | 0,0% | 0,0% | 100,0% |
| SR | 18,6 | -4,2 | -1,4 | -10,1 | -7,5 | -2,3 | ||
| HABITAT | Total | ||||
| Zona rural | Zona de densidad intermedia | Ciudades | |||
| Grupo 1 | % | 10,9% | 40,2% | 48,9% | 100,0% |
| SR | 0,2 | 1,4 | -1,4 | ||
| Grupo 2 | % | 5,3% | 30,8% | 63,9% | 100,0% |
| SR | -3,2 | -2,5 | 4,4 | ||
| Grupo 3 | % | 13,5% | 40,0% | 46,5% | 100,0% |
| SR | 2,2 | 1,4 | -2,7 | ||
| Grupo 4 | % | 11,9% | 35,1% | 53,0% | 100,0% |
| SR | 0,6 | -0,7 | 0,3 | ||
| ARRAIGO | Total | |||||
| Menos de 5 años | Mayor o igual a 5 años y menor de 10 | Mayor o igual a 10 años y menor que 20 | Myor o igual a 20 años | |||
| Grupo 1 | % | 21,3% | 18,4% | 36,2% | 24,2% | 100,0% |
| SR | 2,6 | 4,1 | 0,7 | -5,5 | ||
| Grupo 2 | % | 21,1% | 13,9% | 38,3% | 26,7% | 100,0% |
| SR | 1,9 | 0,8 | 1,4 | -3,4 | ||
| Grupo 3 | % | 14,5% | 10,0% | 35,5% | 40,0% | 100,0% |
| SR | -1,7 | -1,9 | 0,4 | 2,3 | ||
| Grupo 4 | % | 9,4% | 5,0% | 26,2% | 59,4% | 100,0% |
| SR | -3,2 | -3,6 | -2,8 | 7,7 | ||
| RANGEDAD | Total | |||||
| Jóvenes | Adultas jóvenes | Adultas maduras | Mayores | |||
| Grupo 1 | % | 0,0% | 33,6% | 66,4% | 0,0% | 100,0% |
| SR | -1,6 | -0,7 | 3,7 | -4,2 | ||
| Grupo 2 | % | 0,0% | 55,0% | 45,0% | 0,0% | 100,0% |
| SR | -1,6 | 4,6 | -1,4 | -4,2 | ||
| Grupo 3 | % | 0,0% | 4,9% | 16,4% | 78,7% | 100,0% |
| SR | -1,1 | -5,5 | -5,8 | 18,1 | ||
| Grupo 4 | % | 4,4% | 37,4% | 56,6% | 1,6% | 100,0% |
| SR | 3,5 | 0,4 | 2,0 | -5,2 | ||
| Nivel de Estudios | Total | |||||
| Sin Estudios | Estudios obligatorios | Estudios Secundarios no obligatorios | Estudios Universitarios | |||
| Grupo 1 | % | 1,8% | 0,9% | 2,7% | 94,5% | 100,0% |
| SR | -7,9 | -6,2 | -3,4 | 15,6 | ||
| Grupo 2 | % | 3,7% | 45,0% | 43,1% | 8,3% | 100,0% |
| SR | -7,4 | 6,5 | 11,7 | -6,4 | ||
| Grupo 3 | % | 75,4% | 6,6% | 0,0% | 18,0% | 100,0% |
| SR | 7,6 | -3,2 | -3,0 | -2,7 | ||
| Grupo 4 | % | 54,4% | 26,9% | 2,2% | 16,5% | 100,0% |
| SR | 8,0 | 1,9 | -5,1 | -6,2 | ||
| INGRESOS | Total | ||||||
| Menos de 900 euros | 901-1600 euros | 1601-2500 euros | 2501-3000 euros | 3001-6000 euros | |||
| Grupo 1 | % | 1,9% | 13,2% | 23,6% | 22,6% | 38,7% | 100,0% |
| SR | -5,6 | -4,7 | -0,5 | 6,4 | 8,4 | ||
| Grupo 2 | % | 6,9% | 33,3% | 51,0% | 0,0% | 8,8% | 100,0% |
| SR | -4,1 | 0,5 | 6,8 | -3,4 | -1,7 | ||
| Grupo 3 | % | 65,5% | 20,7% | 10,3% | 1,7% | 1,7% | 100,0% |
| SR | 8,8 | -1,9 | -2,8 | -1,9 | -2,9 | ||
| Grupo 4 | % | 27,3% | 46,0% | 15,5% | 5,6% | 5,6% | 100,0% |
| SR | 2,4 | 5,1 | -3,6 | -1,4 | -3,9 | ||
| CLASESOCIAL | Total | |||||||
| Sin clase ocupacional | Operarias no cualificados | Operarias cualificados | Servicios, administrativoas y técnicas profesionales | Científicas e intelectuales | Directivas y gerentes | |||
| Grupo 1 | % | 2,7% | 0,0% | 0,0% | 12,7% | 78,2% | 6,4% | 100,0% |
| SR | -9,3 | -3,2 | -1,4 | -4,5 | 18,1 | 2,8 | ||
| Grupo 2 | % | 15,6% | 6,4% | 3,7% | 70,6% | 0,9% | 2,8% | 100,0% |
| SR | -6,1 | 0,0 | 2,5 | 10,6 | -5,5 | 0,1 | ||
| Grupo 3 | % | 100,0% | 0,0% | 0,0% | 0,0% | 0,0% | 0,0% | 100,0% |
| SR | 10,1 | -2,2 | -1,0 | -5,5 | -4,1 | -1,4 | ||
| Grupo 4 | % | 58,8% | 12,6% | 1,1% | 25,8% | 0,5% | 1,1% | 100,0% |
| SR | 6,4 | 4,3 | -0,3 | -1,5 | -8,2 | -1,6 | ||
| ARRAIGO | Total | |||||
| Menos de 5 años | Mayor o igual a 5 años y menor que 10 | Mayor o igual a 10 años menor que 20 | Mayor o igual a 20 añor | |||
| Grupo 1 | % | 21,8% | 20,9% | 30,0% | 27,3% | 100,0% |
| SR | 1,2 | 2,5 | -1,4 | -1,4 | ||
| Grupo 2 | % | 19,3% | 14,7% | 44,0% | 22,0% | 100,0% |
| SR | 0,4 | 0,4 | 2,1 | -2,8 | ||
| Grupo 3 | % | 8,2% | 11,5% | 16,4% | 63,9% | 100,0% |
| SR | -2,1 | -0,5 | -3,3 | 5,5 | ||
| Grupo 4 | % | 18,1% | 9,3% | 40,1% | 32,4% | 100,0% |
| SR | 0,1 | -2,2 | 1,7 | -0,2 | ||
| HABITAT | Total | ||||
| Zona rural | Zona de desnsidad intermedia | Ciudades | |||
| Grupo 1 | % | 7,3% | 42,7% | 50,0% | 100,0% |
| SR | -1,7 | 0,2 | 0,8 | ||
| Grupo 2 | % | 11,0% | 35,8% | 53,2% | 100,0% |
| SR | -0,3 | -1,5 | 1,6 | ||
| Grupo 3 | % | 11,5% | 47,5% | 41,0% | 100,0% |
| SR | -0,1 | 1,0 | -0,9 | ||
| Grupo 4 | % | 14,8% | 42,9% | 42,3% | 100,0% |
| SR | 1,7 | 0,4 | -1,5 | ||
- 3. Participación de protesta
| Rango de Edad | Total | |||||
| Jóvnes | Adultas jóvenes | Adultas maduras | Mayores | |||
| Grupo 1 | % | 0,8% | 39,1% | 60,2% | 0,0% | 100,0% |
| SR | -1,0 | -1,9 | 3,8 | -3,6 | ||
| Grupo 2 | % | 0,0% | 52,5% | 47,5% | 0,0% | 100,0% |
| SR | -1,1 | 1,2 | 0,0 | -2,1 | ||
| Grupo 3 | % | 19,0% | 0,0% | 0,0% | 81,0% | 100,0% |
| SR | 6,6 | -4,3 | -4,5 | 15,9 | ||
| Grupo 4 | % | 0,0% | 59,0% | 41,0% | 0,0% | 100,0% |
| SR | -1,5 | 3,3 | -1,6 | -2,9 | ||
| Nivel de Estudios | Total | |||||
| Sin Estudios | Estudios obligatorios | Estudios Secundarios no obligatorios | Estudios Universitarios | |||
| Grupo 1 | % | 51,9% | 19,5% | 7,5% | 21,1% | 100,0% |
| SR | 8,1 | -3,2 | -1,9 | -3,4 | ||
| Grupo 2 | % | 0,0% | 0,0% | 4,9% | 95,1% | 100,0% |
| SR | -5,4 | -5,6 | -1,8 | 11,9 | ||
| Grupo 3 | % | 81,0% | 0,0% | 4,8% | 14,3% | 100,0% |
| SR | 5,6 | -3,0 | -1,0 | -1,8 | ||
| Grupo 4 | % | 2,0% | 66,0% | 22,0% | 10,0% | 100,0% |
| SR | -7,0 | 9,8 | 4,0 | -5,6 | ||
| INGRESOS | Total | ||||||
| Menor de 900 euros | 901-1600 euros | 1601-2500 euros | 2501-3000 euros | 3001-6000 euros | |||
| Grupo 1 | % | 25,6% | 47,9% | 16,2% | 4,3% | 6,0% | 100,0% |
| SR | 3,5 | 3,3 | -3,1 | -2,4 | -2,6 | ||
| Grupo 2 | % | 0,0% | 10,2% | 27,1% | 30,5% | 32,2% | 100,0% |
| SR | -3,8 | -4,7 | 0,2 | 6,3 | 5,4 | ||
| Grupo 3 | % | 36,8% | 36,8% | 15,8% | 0,0% | 10,5% | 100,0% |
| SR | 2,5 | 0,0 | -1,0 | -1,4 | -0,2 | ||
| Grupo 4 | % | 11,2% | 38,8% | 38,8% | 4,1% | 7,1% | 100,0% |
| SR | -1,7 | 0,6 | 3,6 | -2,2 | -1,8 | ||
| CLASE SOCIAL | Total | |||||||
| Sin clase ocupacional | Operaras no cualificadas | Operarias cualificadas | Servicios, administrativas y técnicas profesionales | Científicas e intelectuales | Directivas y gerentes | |||
| Grupo 1 | % | 55,6% | 12,8% | 2,3% | 24,8% | 2,3% | 2,3% | 100,0% |
| SR | 7,3 | 1,1 | 0,4 | -3,4 | -6,0 | 0,4 | ||
| Grupo 2 | % | 3,3% | 0,0% | 0,0% | 14,8% | 78,7% | 3,3% | 100,0% |
| SR | -5,5 | -3,0 | -1,2 | -3,8 | 14,2 | 0,9 | ||
| Grupo 3 | % | 100,0% | 0,0% | 0,0% | 0,0% | 0,0% | 0,0% | 100,0% |
| SR | 6,8 | -1,6 | -0,7 | -3,5 | -2,2 | -0,7 | ||
| Grupo 4 | % | 7,0% | 16,0% | 3,0% | 70,0% | 3,0% | 1,0% | 100,0% |
| SR | -6,7 | 2,2 | 1,0 | 8,7 | -4,5 | -0,8 | ||
| ARRAIGO | Total | |||||
| Menos de 5 años | Mayor o igual a 5 años y menor que 10 | Mayor o igual a 10 años y menor que 20 | Mayor o igual a 20 añor | |||
| Grupo 1 | % | 18,8% | 11,3% | 44,4% | 25,6% | 100,0% |
| SR | -1,0 | -1,7 | 2,8 | -0,7 | ||
| Grupo 2 | % | 27,9% | 23,0% | 23,0% | 26,2% | 100,0% |
| SR | 1,3 | 1,9 | -2,3 | -0,3 | ||
| Grupo 3 | % | 4,8% | 4,8% | 42,9% | 47,6% | 100,0% |
| SR | -1,9 | -1,4 | 0,7 | 2,1 | ||
| Grupo 4 | % | 25,0% | 18,0% | 30,0% | 27,0% | 100,0% |
| SR | 1,0 | 0,9 | -1,4 | -0,2 | ||
| HABITAT | Total | ||||
| Zona rural | Zona de densidad intermedia | Ciudades | |||
| Grupo 1 | % | 9,0% | 47,4% | 43,6% | 100,0% |
| SR | 0,4 | 1,9 | -2,1 | ||
| Grupo 2 | % | 6,6% | 32,8% | 60,7% | 100,0% |
| SR | -0,5 | -1,5 | 1,8 | ||
| Grupo 3 | % | 9,5% | 33,3% | 57,1% | 100,0% |
| SR | 0,2 | -0,8 | 0,6 | ||
| Grupo 4 | % | 8,0% | 40,0% | 52,0% | 100,0% |
| SR | -0,1 | -0,3 | 0,4 | ||
Referencias
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