Temporalidades universitarias y acreditaciones parciales: titulaciones intermedias, trayectorias formativas e identidad profesional en universidades del Conurbano Bonaerense

Autores/as

DOI:

https://doi.org/10.24215/24690090e213

Palabras clave:

temporalidades universitarias, trayectorias formativas, titulaciones intermedias, identidad profesional

Resumen

En el marco de los procesos de expansión y territorialización del sistema universitario argentino, las titulaciones intermedias se han consolidado como dispositivos institucionales orientados a reconocer trayectorias formativas no lineales y a disputar el sentido de la formación universitaria frente a la creciente fragmentación educativa. El artículo analiza el papel de estas acreditaciones parciales en la reorganización de las temporalidades universitarias y en la construcción de identidades profesionales, a partir del estudio de carreras científico tecnológicas en universidades nacionales del Conurbano Bonaerense. Desde un enfoque cualitativo y biográfico, basado en el análisis de trayectorias estudiantiles y decisiones de gestión académica, se examina cómo la titulación intermedia opera como hito de reconocimiento institucional frente a la lógica histórica del todo o nada, ofreciendo un respaldo formal a saberes efectivamente adquiridos. El trabajo discute las tensiones entre formación integral y fragmentación de competencias, en diálogo con el auge de las microcredenciales promovidas por actores privados, y analiza el impacto de estos dispositivos en la persistencia académica, la inserción laboral y la configuración de identidades profesionales técnicas. Se sostiene que las titulaciones intermedias, cuando se inscriben en proyectos institucionales situados, constituyen una estrategia de justicia educativa que amplía derechos sin subordinar la formación universitaria a las demandas coyunturales del mercado de trabajo.

Introducción

Durante las últimas décadas, el sistema universitario argentino atravesó un proceso de expansión y territorialización que modificó de manera sustantiva la geografía institucional de la educación superior y la composición social del estudiantado. La creación de nuevas universidades nacionales, especialmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires, amplió el acceso a sectores históricamente excluidos, incorporando mayoritariamente a estudiantes de primera generación universitaria cuyas trayectorias educativas se encuentran atravesadas por condicionantes laborales, familiares y territoriales persistentes (Doulian y Medalla, 2017; Suasnabar, 2021).

Este proceso de democratización del acceso convive con un desajuste estructural entre las temporalidades teóricas de las carreras universitarias y las trayectorias reales del estudiantado. Las duraciones efectivas de los estudios se ven tensionadas por contextos de precarización laboral, inserciones ocupacionales tempranas y responsabilidades de cuidado que obligan a compatibilizar el estudio con múltiples demandas extraacadémicas. En este marco, la discontinuidad, la ralentización o la interrupción de los recorridos formativos no constituyen desviaciones individuales, sino expresiones de trayectorias educativas no lineales que desafían los supuestos temporales implícitos en la organización tradicional de la formación universitaria (Pérez y Busso, 2015; Jacinto, 2010).

Paralelamente, las transformaciones recientes del mundo del trabajo, asociadas a la digitalización y a la expansión del capitalismo de plataformas, impulsaron una proliferación de ofertas de certificación de corto plazo orientadas a una cualificación rápida y fragmentada. Las denominadas microcredenciales, promovidas principalmente por actores privados, tienden a organizar la formación en torno a competencias específicas y de rápida obsolescencia, trasladando al individuo la responsabilidad de sostener su empleabilidad en mercados laborales inestables. Este fenómeno introduce nuevas tensiones en la educación superior, al subordinar los procesos formativos a demandas coyunturales del mercado y erosionar los principios de formación integral que históricamente caracterizaron a la universidad pública (Srnicek, 2018; Wheelahan y Moodie, 2021).

Frente a este escenario, las titulaciones intermedias emergen como dispositivos institucionales que disputan el sentido de la acreditación parcial dentro del sistema universitario. Lejos de constituir meros hitos administrativos, estas certificaciones buscan reconocer trayectos formativos sustantivos y otorgar valor académico y social a saberes efectivamente adquiridos antes del egreso definitivo. En particular, en universidades nacionales de reciente creación, las titulaciones intermedias se inscriben en proyectos institucionales orientados a atender la heterogeneidad de trayectorias y a reorganizar las temporalidades universitarias, ofreciendo puntos de salida y reingreso que cuestionan la lógica histórica del todo o nada sin desarticular el horizonte del título de grado (Marquina et al., 2023; Pérez Rasetti, 2025).

Desde esta perspectiva, la acreditación parcial adquiere relevancia no solo como estrategia de persistencia académica, sino también como instancia de reconocimiento institucional que incide en la construcción de identidades profesionales. La posibilidad de acceder a una titulación intermedia habilita formas de identificación profesional temprana, especialmente en áreas científico-tecnológicas, donde el acceso tardío a credenciales suele profundizar la frustración y el abandono. De este modo, la certificación intermedia opera como un hito temporal que estructura los recorridos formativos y otorga legitimidad social a trayectorias educativas fragmentadas, en contextos donde la estabilidad laboral y la proyección profesional se encuentran crecientemente erosionadas (Marquina et al., 2023).

El presente artículo se propone analizar las titulaciones intermedias como dispositivos de reconocimiento institucional que median entre formación universitaria, trayectorias educativas e identidad profesional. A partir del estudio de carreras científico-tecnológicas desarrolladas en universidades nacionales del Conurbano Bonaerense, se examina cómo estas acreditaciones inciden en la reorganización de las temporalidades de estudio, la persistencia académica y la construcción de identidades profesionales técnicas, en tensión con la lógica de fragmentación propia de las microcredenciales. Desde un enfoque cualitativo y biográfico, el trabajo busca aportar al debate sobre los recorridos formativos en la universidad pública y las estrategias institucionales orientadas a ampliar derechos en contextos de desigualdad estructural.

Tensiones en la formación universitaria contemporánea: fragmentación de recorridos y disputas por el sentido de la acreditación

Las transformaciones recientes del mundo del trabajo y de los sistemas educativos reconfiguraron de manera profunda las relaciones entre formación universitaria, certificación y proyección profesional. En el contexto argentino, estas mutaciones se expresan en una creciente fragmentación de las trayectorias educativo-laborales, caracterizadas por recorridos discontinuos, inserciones ocupacionales tempranas y alternancias recurrentes entre estudio, trabajo e inactividad. Este escenario tensiona los supuestos temporales sobre los que históricamente se organizaron las carreras universitarias, basados en trayectorias lineales, progresión continua y dedicación exclusiva al estudio (Jacinto, 2010; Bracchi y Gabbai, 2013).

En este marco, la universidad pública se enfrenta al desafío de responder a trayectorias reales que no se ajustan a la duración teórica de las carreras ni a los formatos académicos tradicionales. La persistencia de modelos curriculares rígidos y secuenciales tiende a producir una brecha entre los tiempos institucionales y los tiempos biográficos del estudiantado, especialmente en contextos de vulnerabilidad social. Esta desarticulación contribuye a la invisibilización de recorridos formativos sustantivos que, al no culminar en el título de grado, quedan desprovistos de reconocimiento académico formal, reproduciendo la lógica histórica del todo o nada en la acreditación universitaria (Pérez y Busso, 2015; Terigi et al., 2020).

De manera simultánea, el escenario global de expansión de las microcredenciales introduce nuevas tensiones en el campo de la educación superior. Estas certificaciones de corto plazo, promovidas mayoritariamente por plataformas privadas y actores del mercado, se presentan como respuestas ágiles a las demandas inmediatas de cualificación laboral. Sin embargo, su proliferación tiende a fragmentar la formación en competencias específicas y descontextualizadas, orientadas a una empleabilidad de corto alcance y rápida obsolescencia. Bajo esta lógica, la responsabilidad por la actualización permanente de saberes se desplaza hacia los individuos, debilitando los soportes institucionales y reforzando procesos de individualización del riesgo educativo y laboral (Srnicek, 2018; Wheelahan y Moodie, 2021).

Desde una perspectiva institucional, esta dinámica interpela directamente a la universidad pública, que se ve presionada a reconfigurar sus dispositivos de certificación sin subordinar la formación universitaria a las demandas coyunturales del mercado. La adopción acrítica de esquemas de acreditación fragmentada puede derivar en procesos de inflación de credenciales y en una segmentación desigual de los recorridos formativos, donde los sectores populares quedan confinados a certificaciones cortas de bajo valor acumulativo, mientras que los trayectos largos continúan siendo patrimonio de quienes cuentan con mayores recursos sociales y económicos (Villanueva et al., 2021; Wheelahan y Moodie, 2021).

En este contexto, la discusión sobre la acreditación parcial adquiere centralidad como campo de disputa por el sentido de la formación universitaria. Lejos de reducirse a una adaptación funcional a la precarización del trabajo, el reconocimiento institucional de trayectos formativos parciales plantea interrogantes sobre el valor académico de los saberes adquiridos, la reorganización de las temporalidades de estudio y la construcción de identidades profesionales intermedias. La tensión no se sitúa únicamente entre títulos largos y credenciales cortas, sino en la capacidad de las instituciones universitarias para producir dispositivos de certificación que reconozcan trayectorias reales sin erosionar la integralidad de la formación (Marquina et al., 2023).

En particular, las titulaciones intermedias se configuran como una respuesta situada frente a este escenario de fragmentación. A diferencia de las microcredenciales promovidas por el mercado, estas acreditaciones se inscriben en planes de estudio regulados, con respaldo institucional y articulación explícita con el título de grado. Su implementación supone una reorganización de los recorridos formativos que habilita hitos temporales de reconocimiento académico, dotando de valor social a saberes efectivamente adquiridos y reduciendo la brecha entre duración teórica y duración real de las carreras. De este modo, las titulaciones intermedias no solo disputan el sentido de la acreditación, sino que reconfiguran la experiencia universitaria al introducir nuevas formas de habitar el tiempo de la formación (Marquina et al., 2023; Pérez Rasetti, 2025).

Este conjunto de tensiones constituye el marco desde el cual se analiza, en los apartados siguientes, la implementación de titulaciones intermedias en carreras científico-tecnológicas desarrolladas en universidades nacionales del Conurbano Bonaerense. A partir de un enfoque cualitativo y biográfico, el trabajo se propone examinar cómo estos dispositivos institucionales median entre trayectorias educativas fragmentadas, temporalidades universitarias y procesos de construcción de identidad profesional, en contextos marcados por la precarización laboral y la desigualdad estructural.

La titulación intermedia como dispositivo institucional de reconocimiento

La titulación intermedia en el sistema universitario argentino no puede leerse como un trámite accesorio ni como un simple escalón administrativo dentro de un plan de estudios. Su emergencia reciente debe entenderse como respuesta institucional a un problema estructural: la persistencia de una lógica de acreditación de tipo todo o nada, en la cual recorridos formativos extensos y sustantivos quedan sin reconocimiento formal si no se alcanza el egreso de grado. En contextos donde las trayectorias reales se ven afectadas por alternancias entre estudio y trabajo, esta ausencia de certificación opera como un mecanismo silencioso de desposesión simbólica del capital educativo acumulado. La titulación intermedia aparece, entonces, como dispositivo de justicia curricular que valida un plus formativo efectivamente adquirido, lo vuelve socialmente legible y lo inscribe en una credencial con respaldo institucional. (Marquina et al., 2023).

Este dispositivo se vuelve particularmente relevante cuando se lo sitúa en el marco de orientaciones de política académica que promovieron el reconocimiento de trayectos parciales como un derecho estudiantil, con lineamientos impulsados desde la Secretaría de Políticas Universitarias en articulación con definiciones del Consejo Interuniversitario Nacional. En ese horizonte, la acreditación parcial deja de ser una concesión excepcional para convertirse en una estrategia institucional planificada que busca intervenir sobre las temporalidades universitarias. El punto decisivo no es solo ofrecer una salida intermedia, sino reorganizar el recorrido para que existan hitos de reconocimiento en tiempos razonables, compatibles con la dedicación de estudiantes de tiempo parcial, sin abandonar el objetivo del título de grado. Esta lógica también explica por qué las titulaciones intermedias no equivalen a microcredenciales de corto plazo: se apoyan en planes regulados, con criterios de evaluación estables y con articulación explícita hacia trayectos más largos. (Pérez Rasetti, 2025).

Ahora bien, la titulación intermedia no es neutra, porque reabre disputas históricas en torno a la relación entre grado académico y habilitación profesional. En carreras con fuerte regulación corporativa, su implementación demanda una ingeniería curricular para definir alcances formativos y competencias asociadas sin invadir actividades reservadas a títulos de mayor jerarquía, lo que suele generar resistencias por parte de colegios y asociaciones profesionales. Esta tensión obliga a delimitar perfiles de desempeño que otorguen identidad propia al tramo intermedio, evitando que se perciba como un título menor o incompleto. En términos institucionales, esto requiere diseñar un perfil con valor de uso y valor de cambio verificables, que pueda ser reconocido por el mercado de trabajo sin degradar la integralidad disciplinar ni fragmentar arbitrariamente la formación. (Marquina, 2004; Marquina et al., 2023).

Un componente técnico que sostiene esta reconfiguración es el desplazamiento del foco curricular hacia el trabajo total del estudiante, perspectiva que se articula con sistemas de créditos académicos y con la identificación de tramos formativos acumulables. Cuando la organización del currículo incorpora el esfuerzo real del estudiantado, incluyendo trabajo autónomo y cargas no presenciales, se habilitan formas de secuenciación más realistas, con puntos de salida y reingreso que no implican pérdida del recorrido previo. En universidades de proximidad, esta arquitectura funciona como mediación entre tiempos institucionales y tiempos biográficos: la acreditación intermedia opera como hito temporal que reduce incertidumbre, produce reconocimiento institucional y posibilita una transición laboral menos regresiva, al ofrecer una credencial pública frente a mercados de trabajo fragmentados. Su potencia, en este sentido, no radica en acortar la formación, sino en reorganizarla para que el tránsito parcial también sea certificable, acumulativo y legible como identidad profesional técnica en construcción. (Marquina et al., 2023; Pérez Rasetti, 2025).

Diseño curricular, temporalidades y puntos de salida en carreras científico-tecnológicas del Conurbano Bonaerense

La implementación de titulaciones intermedias en universidades nacionales de reciente creación del Conurbano Bonaerense se apoya en una premisa organizadora: reconocer que la experiencia estudiantil se estructura sobre temporalidades heterogéneas, atravesadas por condiciones materiales que dificultan sostener la linealidad esperada por los planes tradicionales. En instituciones de proximidad, el diseño curricular incorpora de manera explícita la posibilidad de puntos de salida y reingreso como parte de su arquitectura académica, evitando que la interrupción de la cursada se traduzca en pérdida del capital institucional acumulado. En este marco, la acreditación parcial no opera como un remedio excepcional para el abandono, sino como un componente estructural de planificación que vuelve legible el recorrido efectivamente realizado y reordena la secuencia temporal del trayecto formativo.

Esta reorganización adquiere particular densidad cuando se la sitúa en territorios específicos. El caso del partido de Hurlingham, permite observar cómo la estructura institucional se articula con un entorno social e histórico marcado por un perfil industrial y por una población estudiantil compuesta mayoritariamente por trabajadores y trabajadoras de primera generación universitaria. En este escenario, la oferta académica se organiza en institutos que priorizan la especialización técnica vinculada al entramado productivo regional, con un Instituto de Tecnología e Ingeniería que incluye tecnicaturas asociadas a informática, metalurgia y diseño industrial, y un Instituto de Biotecnología con certificaciones aplicadas a laboratorios y alimentos. Esta configuración no solo aproxima oportunidades de formación, sino que vuelve posible que el currículo incorpore hitos de acreditación con sentido laboral y valor académico, en un contexto donde la continuidad suele estar condicionada por la necesidad de ingresos y por la intermitencia del empleo.

En carreras científico-tecnológicas, la dimensión temporal del currículo se expresa con particular intensidad por la concentración de contenidos teóricos en los tramos iniciales y la postergación del contacto con prácticas profesionalizantes. En términos pedagógicos, esta dinámica puede producir un efecto de gratificación diferida, en el cual el esfuerzo sostenido no se traduce tempranamente en resultados tangibles, elevando el riesgo de desenganche subjetivo y de abandono. La titulación intermedia introduce un hito temporal de reconocimiento que interrumpe esa espera prolongada: ofrece una credencial pública vinculada a competencias operativas que permite estabilizar el sentido del esfuerzo, al tiempo que mantiene la articulación con el horizonte del grado. Desde el punto de vista institucional, no se trata de acortar la formación, sino de reordenarla para que el recorrido parcial adquiera estatus académico y legitimidad social antes del tramo final.

En este tipo de diseño, los puntos de salida se construyen como tramos con identidad propia y no como fragmentos sueltos. La acreditación intermedia se define mediante perfiles de desempeño que buscan dialogar con la demanda de habilidades técnicas del mercado de trabajo sin subordinar la formación a requerimientos efímeros. La operación institucional consiste en producir un equilibrio entre dos exigencias: por un lado, dotar a la credencial de valor de cambio para mejorar la posición relativa del estudiantado en mercados laborales fragmentados; por otro, preservar un anclaje disciplinar que evite reducir la formación a una suma de competencias de rápida obsolescencia. En este sentido, la titulación intermedia se diferencia de las microcredenciales privadas porque se inscribe en planes de estudio regulados, se articula con un proyecto de formación integral y mantiene criterios soberanos de evaluación y aseguramiento de la calidad.

El análisis institucional de estos dispositivos puede organizarse de manera productiva a partir de cuatro dimensiones complementarias. La primera refiere al reconocimiento y validación institucional, en tanto la titulación intermedia opera como acto de justicia educativa frente a la lógica del todo o nada. La segunda se vincula con la sostenibilidad y persistencia académica, dado que el hito de certificación reduce la incertidumbre, amortigua la frustración y habilita estrategias de continuidad en escenarios de interrupción. La tercera aborda la inserción laboral y el valor de cambio de la credencial, especialmente en la posibilidad de acceder a experiencias como pasantías y prácticas vinculadas al campo profesional. La cuarta se orienta a la identidad profesional en construcción, al permitir el pasaje desde una identidad exclusivamente estudiantil hacia una identidad técnica reconocida, sostenida por la legitimidad institucional del título intermedio. Este esquema permite analizar la titulación intermedia no solo como arreglo curricular, sino como mediación entre temporalidades universitarias, trayectorias reales y formas situadas de reconocimiento social.

Identidad profesional y acreditación parcial en trayectorias no lineales

La acreditación parcial incide de manera directa en la construcción de identidades profesionales en contextos donde las trayectorias universitarias se desarrollan bajo condiciones de incertidumbre y discontinuidad. En escenarios atravesados por la precarización laboral y la fragmentación de los recorridos educativo-laborales, la posibilidad de acceder a una titulación intermedia introduce un punto de estabilización simbólica que reconfigura la autopercepción del estudiantado. La obtención de una credencial con respaldo universitario habilita el pasaje desde una identidad exclusivamente estudiantil hacia una identidad profesional técnica reconocida, aun cuando el trayecto de grado no se encuentre concluido. Este reconocimiento opera como validación institucional de un recorrido formativo significativo, dotando de sentido y legitimidad a experiencias educativas que, de otro modo, quedarían suspendidas o invisibilizadas (Marquina et al., 2023).

Desde el punto de vista de las temporalidades universitarias, la titulación intermedia funciona como un hito que organiza el tiempo de la formación y redefine las expectativas asociadas al esfuerzo académico. En carreras de larga duración, especialmente en áreas científico-tecnológicas, la postergación prolongada de credenciales suele erosionar la proyección profesional y debilitar el vínculo con la institución. La acreditación parcial introduce un momento de cierre relativo que permite resignificar el recorrido realizado y proyectar estrategias futuras, ya sea de continuidad académica o de inserción laboral. En este sentido, la identidad profesional que se construye a partir del título intermedio no clausura el horizonte del grado, sino que lo reordena, habilitando trayectorias acumulativas que articulan tiempos de estudio y trabajo de manera menos regresiva (Pérez Rasetti, 2025).

En contextos territoriales como los del Conurbano Bonaerense, donde la universidad pública cumple un rol estratégico en la ampliación de derechos, estas dinámicas adquieren una relevancia particular. La titulación intermedia se configura como una mediación institucional que permite sostener la promesa de movilidad social sin desconocer las condiciones materiales que atraviesan las trayectorias reales del estudiantado. Al reconocer formalmente saberes parciales y producir identidades profesionales técnicas con legitimidad académica, la universidad no solo reorganiza las temporalidades de la formación, sino que interviene activamente en la disputa por el sentido de la acreditación y del trabajo profesional, reforzando su función pública en escenarios de desigualdad estructural.

En el marco del debate sobre las temporalidades de la formación universitaria, la persistente distancia entre la duración teórica de las carreras y los tiempos efectivos de cursada obliga a revisar los supuestos normativos que organizan los recorridos académicos. Las trayectorias no lineales, lejos de constituir una anomalía, se configuran como una condición estructural para amplios sectores del estudiantado, particularmente en universidades emplazadas en territorios atravesados por la precarización del trabajo y la intermitencia laboral. En este contexto, sostener esquemas formativos que solo reconocen el egreso final como instancia válida de acreditación refuerza mecanismos de exclusión simbólica, al invisibilizar recorridos prolongados que no alcanzan el título de grado en los tiempos previstos.

El problema de la duración de las carreras debe dejar de ser leído como un déficit individual para ser reinterpretado como un desafío institucional. Las titulaciones intermedias no operan como un simple paliativo frente al abandono, sino como una política de reconfiguración del derecho a la educación superior. Frente a la lógica del "todo o nada" y al avance de las microcredenciales privadas que promueven una formación precaria, el título intermedio preserva la soberanía pedagógica y la formación integral. Al transformar el recorrido académico en un proceso incremental de derechos, estos dispositivos garantizan que los saberes adquiridos tengan un valor social y académico efectivo, ajustando las normas institucionales a los recorridos educativos realmente transitados por el estudiantado.

Declaración de conflictos de interés

El autor declara que no existen conflictos de interés.

Declaración sobre uso de inteligencia artificial (IA)

El autor firmante declara haber utilizado la herramienta de IA Gemini para la conversión a formato APA de la bibliografía, pero se realizó una revisión final para garantizar que el artículo cumpliera los estándares de calidad de la revista. El uso de esta herramienta no ha sustituido en ningún caso el juicio metodológico ni la revisión crítica de los datos.

Contribución de autores

Roles: 1-Administración del proyecto, 2-Adquisiciónde fondos, 3-Análisis formal, 4-Conceptualización, 5-Curaduría de datos, 6-Escritura -revisión y edición, 7-Investigación, 8-Metodología, 9-Recursos, 10-Redacción-borrador original, 11-Software, 12-Supervisión, 13-Validación, 14-Visualización.

Referencias

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  • Biografía del autor/a

    • Manuel Ramiro Benitez, Universidad Nacional de Hurlingham, Argentina

      Becario doctoral en Educación (UNAHUR-CONICET), doctorando en Estudios del Conurbano (UNAJ), Licenciado en Política Educativa (UNAHUR), Diplomado en Análisis de Datos Aplicados al Desarrollo de Políticas Públicas (UNAB), integrante del Programa "Educación, Políticas y Biografías en sociedades desiguales"(UNAHUR).

    Referencias

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    Publicado

    2026-10-26

    Cómo citar

    Benitez, M. R. (2026). Temporalidades universitarias y acreditaciones parciales: titulaciones intermedias, trayectorias formativas e identidad profesional en universidades del Conurbano Bonaerense. Trayectorias Universitarias, 12(22), e213. https://doi.org/10.24215/24690090e213