Buenas prácticas para la determinación taxonómica macroscópica de maderas
DOI:
https://doi.org/10.24215/16699513e160Palabras clave:
análisis macroscópico, anatomía, maderaResumen
El objetivo de este aporte didáctico es brindar una guía de acción para estudiantes y profesionales que se inician en la práctica de la identificación macroscópica de madera y sus derivados.
INTRODUCCIÓN
Conocer el nombre científico de una madera es el primer paso para acceder a información fiable sobre esta y sus posibles aplicaciones, ya sea para su procesamiento tecnológico, transacciones comerciales, su uso en restauración de obras de arte, estructuras históricas y arqueológicas, e incluso definir pericias y estudios forenses.
La madera es un producto de origen biológico y, como tal, presenta variaciones, ya sea dentro del mismo individuo o entre individuos de la misma especie. En algunas especies estas variaciones son tan grandes que pueden hacer difícil asignar un nombre científico de forma confiable. Por ejemplo, la presencia o ausencia de bandas de parénquima en Racosperma (ex Acacia) melanoxylon (Fabaceae) según la latitud (Wilkins y Papassotiriou, 1989). Por el contrario, algunas especies presentan maderas tan similares entre sí que son virtualmente indistinguibles. Entre las Betuláceas sólo es posible determinar el género (Panshin y De Zeeuw, 1980), de forma similar que es imposible diferenciar entre los Celtis (Ulmaceae) de porosidad circular (Sweitzer, 1971) o entre los Neltuma (ex Prosopis) (Fabaceae) de porosidad difusa (Castro, 1989). Otros géneros apenas pueden ser separados entre sí, como Populus y Salix, donde la diferencia radica en la presencia de células erectas en los márgenes de los radios (Greguss, 1959). Esta situación se puede volver más compleja debido a la hibridación, ya sea natural como entre los Nothofagus (Burns et al, 2010; Solano et al, 2019) o los Neltuma (ex Prosopis) (Vega y Hernández, 2005), o controlada, como entre los Eucalyptus (Villegas y Rivera, 2002; Cabanillas et al, 2024).
La taxonomía de las plantas se basó con especial énfasis en los caracteres reproductivos, por lo que las variaciones de la madera no siempre acompañan a la clasificación taxonómica (Wheeler et al, 2007). Si bien en muchos casos se puede llegar a identificar la especie botánica a la que corresponde una madera, en no pocas situaciones la determinación se limitará a grupos de especies, géneros o incluso grupos de géneros.
El objetivo de esta ayuda didáctica es brindar una guía de acción basada en la experiencia para estudiantes y profesionales que se inician en la identificación taxonómica de maderas y sus derivados, pero que cuentan con un conocimiento básico de anatomía del xilema. Esta contribución, que inicia la serie Buenas prácticas para ladeterminación taxonómica, se enfoca en el análisis realizado a simple vista y con lupa y en futuras entregas abordaremos los otros aspectos, incluido el análisis microscópico.
PASOS DE LA DETERMINACIÓN TAXONÓMICA
Puede parecer irrisorio pero, dada la proliferación de nuevos materiales, la primera pregunta que se debe resolver sobre una muestra será si en verdad es madera. No todo lo que tiene aspecto de madera es madera. Puede tratarse de muestras de madera maciza, un tablero compuesto por maderas macizas (Fig. 1A, 3A) o bien estar revestidos en chapas de madera (Fig. 1B, C, D, E).
Las chapas pueden recubrir un cuerpo de madera maciza de menor valor (Fig. 1B), de otras chapas (Fig. 1C) o un tablero de partículas de diferentes tamaños (Fig. 1E). En estos casos es necesario identificar tanto la chapa de recubrimiento como el cuerpo. Aunque se trate de una muestra enchapada no es correcto asumir su origen biológico ya que existen en el mercado chapas símil madera compuestas de plásticos, aserrín, resinas y pegamentos (Fig. 2B, C), y en algunos casos incluso se trata tan solo de una pintura que imita la madera (Fig. 2D). Las chapas de madera natural suelen presentar patrones repetidos en espejo, pero nunca de forma idéntica (Fig. 2A). Estas chapas pueden ser identificadas aprovechando el diseño, los rasgos organolépticos y las técnicas de maceración, que también son útiles para identificar la composición de tableros de partículas y de papeles. Cuando se trata de muestras de madera maciza las vetas se continúan entre las caras de forma orgánica (Fig. 3A). Es posible obtener superficies pulidas de los tableros con un filo (Fig. 1D). Con ayuda de una tijera y con cierta práctica, es posible obtener pulidos de los extremos de chapas aisladas (Fig. 1F).
El siguiente paso es identificar la cara transversal porque provee la mayor cantidad de datos anatómicos y ordena las siguientes tareas. Si es posible identificarla en la muestra significa que se trata de una madera maciza (Fig. 1A). Si por el contrario se observa un aspecto aglomerado, se trata de un tablero (Fig. 1E).
RASGOS NO ANATÓMICOS
Una vez que se ha establecido que la muestra está compuesta de madera maciza o de una chapa de madera se debe hacer su descripción organoléptica. El primer rasgo es el color, aunque, no siempre resulta fácil de establecer. Se considera que el color estándar corresponde al duramen, que suele ser diferente al de la albura (Fig. 3A, D). Algunas maderas, como el guayaibí (Cordia –ex Patagonula- americana, Boraginaceae), presentan un falso duramen. Este patrón de coloración que imita las diferencias entre albura y duramen puede detectarse porque su dureza es homogénea. Esto puede verificarse con la resistencia que ofrece al pulido con un filo o al hundir una uña, si la madera fuera blanda a semidura.
Es necesario tener seguridad de que se está observando el color real de la madera y no el resultado de un tratamiento superficial, como un barniz o una pátina que pueden incluir tinturas, o profundo, como los termo-tratamientos. Es importante asegurarse que la zona donde se observe el color sea una superficie fresca, que no esté deteriorada por la luz solar que le da un aspecto grisáceo o blanquecino (Fig 3B); o la mera oxidación natural de las sustancias cromógenas que suele virar los colores hacia los amarillos o castaños (Fig 3C).
Los colores, así como los rasgos anatómicos, se aprecian mejor a la luz solar, aunque un buen reemplazo son las lámparas que la imitan (luz de día). Otras fuentes de luz pueden dar información relevante. La luz ultravioleta (UV de 365 nm a unos 10 cm de distancia en habitación oscura) produce la fluorescencia de algunas especies en colores característicos que nos pueden ayudar a diferenciar especies muy similares en sus otras características (de Palacios et al, 2020). Por ejemplo, el itín, Neltuma (ex Prosopis) kuntzei produce una fluorescencia notable de color verde (Fig. 3D, E) que facilita mucho su diferenciación de otros Neltuma (ex Prosopis) de porosidad difusa. En ocasiones, la madera maciza no fluoresce pero el extracto acuoso o alcohólico si lo hacen como en la quina, Myroxylon peruiferum (Fabaceae) (Tortorelli, 1956; 2009). El aserrín disuelto en agua o alcohol también puede dar buenos resultados.
Si se tiene la posibilidad de lijar o pulir una sección de la muestra con un cortante no sólo se podrá observar el color original de la madera, sino que además se verificarán otros rasgos organolépticos. Varias maderas liberan aromas característicos al ser quebradas o calentadas, como el olor a trementina de los Pinus duros, el aroma dulce a cumarina de Amburana cearensis (Fabaceae), el olor a café de las Dalbergia (Fabaceae), o el desagradable olor a orina de Nectandra angustifolia (ex Nectandra megapotamica, Lauraceae) (Tortorelli, 1956; 2009). No todos los olores son fuertes y la mayoría se debilitan con el tiempo. Una forma de realzar el olor es humedecer la madera con el aliento o unas gotas de agua.
Algunas maderas al ser quemadas producen rasgos interesantes, como en el caso de los humos acres de las Lauráceas, o el humo lacrimógeno del bien llamado mata-ojo (Labatia –ex Pouteria- salicifolia, Sapotaceae). Otros rasgos importantes al quemarse una astilla son el color y la cantidad de cenizas producidas.
El sabor del aserrín o de pequeñas virutas puede ser informativo. Por ejemplo, es muy común que las maderas de la familia Simaroubaceae acumulen cuasinoides que le dan un sabor muy amargo, del que derivan muchos nombres vulgares como palo amargo (Picrasma crenata) (Xu et al, 2021). Masticar o saborearlos no siempre es aconsejable ya que las maderas pueden estar impregnadas con preservantes tóxicos. Aunque se trate de una muestra sin intervención se deben tomar precauciones ya que existen maderas que acumulan saponinas como Enterolobium contortisiliquum (Fabaceae) (Cozzo, 1949), aluminio y otros metales como Vochysia (Vochysiaceae) (Kukachka y Miller, 1980) o incluso venenos como los glicósidos tóxicos en Nerium oleander (Apocynaceae), las quinonas de muchas especies del género Dalbergia (Fabaceae) y los alcaloides, llamados taxinas, de Taxus baccata (Taxaceae) (Woods y Calnan, 1976). Aunque la madera no contenga sustancias tóxicas, puede causar reacciones alérgicas peligrosas.
Algunos test químicos permiten reducir el número de especies. Por ejemplo, para separar los robles blancos de los colorados se puede usar la reacción con nitrito de sodio (Panshin y De Zeeuw, 1980), o bien con cromo-azurol permite saber si la madera acumuló aluminio, como Vochysia (Vochysiaceae) (Kukachka y Miller, 1980).
Aunque pueda parecer una aproximación grosera, y requiere de cierto entrenamiento previo, el peso específico y la dureza de una madera permite separar grandes grupos o, al menos, descartar especies en disputa.
RASGOS ANATÓMICOS
Orientar la madera, es decir diferenciar los planos anatómicos de la muestra (transversal, tangencial y radial), es fundamental para una buena descripción. Ninguna determinación fiable puede ser hecha sin una descripción anatómica completa y ninguna descripción puede ser hecha sin superficies bien pulidas. El lijado puede brindar grandes superficies, pero el aserrín tiende a taponar los poros y a oscurecer las características anatómicas, en tanto que una incisión limpia con un cortante bien afilado produce una excelente observación pero de pequeñas superficies (Fig. 3F, G).
El primer plano anatómico que se debe buscar es el corte transversal ya que es el más informativo en un análisis macroscópico. Para encontrarlo, nos podemos valer de muchos indicadores, entre los que destacan la presencia de poros y canales resiníferos, la distribución de los anillos de crecimiento y los radios. En esta primera etapa, el diseño de la madera y la dirección de la veta serán de gran ayuda, incluso la forma en que se desarma en hebras una madera podrida, siguiendo la dirección del grano (axial).
Para diferenciar los planos longitudinales radial y tangencial entre si es posible valerse de los propios elementos que ya poseen una orientación particular, ya sea radial como radios leñosos y vasos en series múltiples radiales, o bien orientación tangencial, como los límites de los anillos de crecimiento, las bandas de parénquima axial o los arreglos tangenciales de vasos. El diseño, como reflejo de la anatomía y del plano de corte, también puede ser de gran ayuda para orientar la muestra, por ejemplo, la cara tangencial puede deducirse del diseño floreado, en tanto que la radial se evidencia en diseños veteados, jaspeados, espigados y muchas veces ondeados. Si bien requiere cierta práctica, es posible incluso distinguir la cara radial de una madera por el peculiar brillo que presenta, en forma de pequeñas escamas (Fig. 4D, E).
Existen numerosas contribuciones que abordan en detalle los diferentes rasgos anatómicos (Greguss, 1955; 1959; IAWA Committee, 1989; 2004). Sin embargo, se desean destacar aquí algunas peculiaridades del análisis macroscópico. Debido a su tamaño, algunos rasgos anatómicos no pueden ser observados ni a simple vista ni con lupa de mano, como los radios uni- y biseriados (Fig. 4A, B), el parénquima apotraqueal difuso (Fig. 4C) y el paratraqueal escaso. Asimismo, no es posible distinguir el grosor de las paredes de las fibras ni de las traqueidas ni distinguir entre sus diferentes tipos. No obstante, el cambio de color más oscuro hacia el leño tardío es un indicativo de que el diámetro de las fibras/traqueidas es menor y/o sus paredes son más gruesas (Fig. 4A, B).
El parénquima, un tejido de paredes delgadas, puede ser difícil de individualizar en muchas maderas ya sea por su escasez o porque su coloración pálida se confunda con la de las fibras en maderas claras. Una forma de realzar la presencia de parénquima axial y radial es humedecer levemente la superficie. En las maderas claras el parénquima se vuelve más oscuro que las fibras, mientras que en las maderas oscuras se torna más claro.
La textura de una madera puede ayudar en su identificación. Aunque se puede hacer una primera aproximación visual, conviene usar escalas comparativas (Fig. 5) que también pueden ayudar a estimar densidad y diámetro de los vasos, cantidad de radios por milímetro lineal y ancho de los anillos.
PROCEDENCIA, USO E HISTORIA
No existe una única clave dicotómica que permita determinar todas las especies leñosas por su anatomía y las claves macroscópicas para maderas son aún escasas. Asimismo existen numerosas especies cuyos leños aún no han sido descriptos. Por eso, resulta necesario valerse de otros datos para acotar el listado de posibles especies, en especial su historia. La procedencia de una madera puede restringir mucho el conjunto de especies entre las que elegir. Conocer la procedencia geográfica (país o región) de la muestra es muchas veces definitorio, ya que limita el listado posible de especies y la bibliografía (claves o base de datos) con la que se determina y compara la muestra. El uso que se le dio y la antigüedad nos puede ayudar también a reducir aún más el elenco. De esta manera, y a modo de ejemplo, no es lo mismo una madera proveniente de una embarcación que de un instrumento musical. Cada uso requiere diferentes prestaciones y en cada época se prefirió diferentes maderas, ya sea por calidad, por su disponibilidad o incluso por modas.
Conocer el nombre vulgar por el que se conoce a la madera puede resultar de utilidad para su determinación taxonómica. Aunque el mismo nombre vulgar pueda aplicarse a diferentes especies y una misma especie recibe varios nombres vulgares, puede ser una buena forma de acercarnos a la identidad de la muestra. Argentina cuenta con un exhaustivo listado de nombres vulgares (de la Peña y Pensieiro, 1997). En todos los casos, resulta fundamental analizar los rasgos de cada posible especie ya que siempre existe el riesgo de que se cuente con información incorrecta o falsa sobre el nombre vulgar de la muestra.
DETERMINAR Y CORROBORAR LA IDENTIDAD
Una vez que se tenga la mayor cantidad de datos e información de las características anatómicas del material analizado, se podrá elegir la herramienta de identificación adecuada a la muestra, ya sean libros, publicaciones, aplicaciones o bases de datos virtuales. Existen algunos libros con claves que abarcan grandes elencos de maderas que resultan adecuados puntos de partida. Entre ellos, se destacan las obras de Greguss (1955; 1959) para Europa, Panshin y de Zeeuw (1980) para Estados Unidos o Tortorelli (1956; 2009) para especies nativas de Argentina. Otro excelente opción de búsqueda inicial es la base de datos colaborativa InsideWood (Wheeler, 2011), la cual cuenta con descripciones y fotografías y una clave interactiva para cientos de especies de todo el mundo (https://insidewood.lib.ncsu.edu/). Se recomienda seguir los consejos de codificación de caracteres de Wheeler y colaboradores (Wheeler et al, 2020) al usar esta base de datos.
El uso de estas claves permitirá alcanzar una identidad taxonómica que deberá ser tratada como una hipótesis a contrastar. Para ello deberá realizarse una comparación con las descripciones y fotografías específicas de la especie en cuestión. Es sumamente aconsejable realizar la consulta a una colección de maderas de referencia o xiloteca (como la Xiloteca Elvira Rodriguez XCD que alberga la Cátedra de Dendrología, FCAyF, UNLP) y comparar la muestra en análisis con ejemplares de referencia de los cuales se conoce su origen e identidad.
La Asociación Internacional de Anatomistas de Madera (IAWA por sus siglas en inglés) (1989; 2004) ha estandarizado la terminología anatómica para la identificación y su uso es un patrón aceptado a nivel mundial. Es importante que, al momento de utilizar una herramienta de determinación, se dedique tiempo a verificar la terminología utilizada. Los términos para describir maderas han cambiado con el tiempo e incluso varían de forma local, en especial los que se refieren al color y diseño. Esas variaciones terminológicas pueden llevar a confusiones que demoran y dificultan la determinación.
Agradecimientos
A Melissa Sandoval, Ona Borau y Catalina Luzzi por las fotos de itín y castaño. A Sergio Medrano (Taller TAREA, UNSAM) por facilitar el uso de las lámparas de luz UV. A Fabio Achinelli (FCAyF, UNLP) por facilitar la lupa binocular con la que se tomaron algunas de las fotos. Al editor y revisores de la revista por sus valiosos aportes que redundaron en una notable mejora del manuscrito.
Contribución de los autores
Referencias
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Referencias
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