Retornando a los estudios: una experiencia de reinserción a la vida universitaria situada en el Taller de bromatología para Bioquímica
DOI:
https://doi.org/10.24215/24690090e217Palabras clave:
trayectorias, reinserción, taller, acompañamiento, identidadResumen
Este trabajo analiza la experiencia de una estudiante de Bioquímica que, tras varios años de estar alejada de la vida universitaria, retomó la asignatura Bromatología a través de un taller diseñado para estudiantes con trayectorias extendidas. A partir de una entrevista, se examinaron las dificultades que enfrentó para rendir el examen final (entre ellas, responsabilidades familiares, ausencia de rutinas de estudio, percepción de contenidos extensos y sensación de desconexión institucional) y se discute cómo la modalidad taller operó como un dispositivo pedagógico facilitador para finalizar la carrera. El taller, con un formato acotado, guiado y centrado, permitió a la estudiante recuperar contenidos previamente olvidados, recibir acompañamiento docente cercano y compartir el proceso con pares en situaciones similares. La dinámica grupal funcionó como un sostén emocional y motivacional, disminuyendo la ansiedad asociada al estudio individual y favoreciendo la persistencia. Asimismo, el espacio actuó como un puente de reencuentro con la institución, revitalizando su identidad estudiantil y fortaleciendo su confianza académica para afrontar nuevos desafíos. Los resultados de este estudio de caso muestran que la modalidad taller constituye una herramienta eficaz para acompañar procesos de reinserción, reducir la acumulación de finales pendientes y promover trayectorias más inclusivas y sostenidas en la formación universitaria.
Introducción
Las trayectorias universitarias no son lineales: se interrumpen, se reconfiguran y, en muchos casos, requieren de dispositivos pedagógicos e institucionales que acompañen los retornos. En un contexto de transformaciones profundas en las prácticas de enseñanza, las experiencias de reinserción cobran especial relevancia para pensar cómo las instituciones pueden favorecer la continuidad y el egreso. Este trabajo se inscribe en ese campo, recuperando una experiencia situada en la Facultad de Ciencias Exactas (FCE) de la Universidad Nacional de La Plata, donde se combinan los desafíos individuales de una estudiante con las respuestas institucionales y didácticas generadas desde la cátedra de Bromatología.
En la FCE existe un alto porcentaje de estudiantes que en los primeros años no logran aprobar las materias que corresponden según el curriculum propuesto, por otra parte, solo un 24% de los estudiantes aprueban las materias por promoción, mientras que entre un 24% y 30% aprueban solo la cursada. Este último grupo de estudiantes en su mayoría posterga la presentación del examen final y en ocasiones prefiere incluso recursar la materia para no enfrentar esa instancia (García et al., 2017). Entrevistas realizadas a tutores del egreso de la Facultad de Ciencias Exactas en el año 2018 permitieron identificar un conjunto de problemáticas recurrentes entre los estudiantes en las etapas finales de sus trayectorias. Entre ellas, emergió con fuerza la percepción de la facultad como un espacio ajeno: quienes se habían alejado durante un tiempo encontraban que “la facultad ya no era la misma”. La incorporación de nuevas metodologías de enseñanza, plataformas virtuales (como Moodle o las cátedras virtuales) y modos de interacción con el cuerpo docente configuraba un entorno desconocido sobre todo en los estudiantes del “Plan Viejo”. Esto genera distancia, inseguridad y dificultades para retomar la cursada.
Frente a este escenario, y ante una preocupante disminución del número de egresados, la FCE implementó diversas estrategias institucionales. Entre ellas se destacan la creación de tutorías destinadas a acompañar a estudiantes en tramos críticos de su trayectoria y la revisión de prácticas docentes que permitieran favorecer la permanencia y el egreso.
El ingreso al mundo universitario implica que el recién llegado aprenda su oficio de estudiante. Este tránsito significa la ruptura con su pasado inmediato y el enfrentamiento con un futuro todavía opaco. El proceso implica tres etapas: la alienación; el tiempo del aprendizaje; y el tiempo de la afiliación (Casco, 2007). Pero las trayectorias no pueden pensarse desde la homogeneidad de los sujetos y surge la necesidad de interrogar qué ocurre cuando ese tránsito formativo se interrumpe, cuando el tiempo transcurre y el estudiante se distancia de su oficio, de sus rutinas académicas y de la cultura institucional que alguna vez habitó. ¿Cómo se retoma una trayectoria luego de una pausa prolongada? ¿Qué condiciones pedagógicas, institucionales y subjetivas permiten reconstruir la afiliación en quienes se han alejado de la vida universitaria? ¿Qué tipos de dispositivos pueden facilitar el reingreso y sostener el recorrido hacia el egreso?
A partir de estos interrogantes, este trabajo se propone comprender las experiencias de reinserción de estudiantes con trayectorias extendidas, analizar el papel de la modalidad taller como dispositivo de acompañamiento, y explorar qué estrategias docentes contribuyen a recuperar el oficio de estudiante, renovar la confianza académica y favorecer la continuidad formativa. El objetivo final es aportar elementos que permitan pensar propuestas más inclusivas y efectivas para la diversidad de trayectorias que hoy caracterizan a la educación superior.
Actividades desde las cátedras y experiencias de los alumnos
La cátedra de Bromatología para estudiantes de la carrera de Bioquímica desarrolló desde el año 2018 una propuesta específica: un taller dirigido a estudiantes que hubieran recursado la asignatura, pero tuvieran aprobadas las actividades prácticas. Este espacio, de menor duración que la cursada regular (4 horas semanales en lugar de 8), se orienta a trabajar de manera situada y personalizada, atendiendo a las dudas particulares de cada estudiante.
En el año 2024, una estudiante que había cursado Bromatología varios años atrás se incorporó al taller. Aunque tenía aprobada la cursada, el examen final se había convertido en un obstáculo difícil de afrontar debido a su disponibilidad horaria limitada y a su distanciamiento del mundo universitario. En el transcurso del taller tomó una decisión poco frecuente: solicitar la baja de la cursada previa y volver a cursar la materia desde el inicio. Si bien se trató de una apuesta arriesgada, esta elección le permitió reconectar con su identidad como estudiante, reorganizar su trayectoria y retomar su camino académico con renovada convicción.
Este artículo analiza dicha experiencia y discute cómo iniciativas similares situadas desde las cátedras pueden constituir una herramienta valiosa para reducir la deserción, acompañar procesos de reinserción y contribuir a incrementar el número de egresados en contextos complejos.
Las limitaciones a la hora de rendir un final
El recorrido académico de la estudiante decidió recursar la asignatura Bromatología en modalidad taller, luego de haberla cursado años atrás en formato tradicional, permite visibilizar tensiones, obstáculos y oportunidades presentes en las trayectorias estudiantiles prolongadas. Su experiencia da cuenta de un fenómeno frecuente en la educación superior: la dificultad para sostener el ritmo académico cuando se acumulan finales pendientes y cuando la vida personal y laboral adquiere una centralidad.
En primer lugar, la estudiante señaló la complejidad de mantener hábitos de estudio estables en una etapa de la carrera atravesada por responsabilidades familiares (en su caso, la crianza de dos hijos) y la dispersión que muchas veces genera la falta de rutinas consolidadas. Esta dificultad se agrava cuando, como le ocurre a muchos estudiantes avanzados, la ausencia de una obligación inmediata de rendir finales produce una acumulación de exámenes pendientes. El final de Bromatología, percibido como extenso y exigente, quedó relegado durante años en ese proceso.
Un segundo aspecto relevante es el efecto del paso del tiempo sobre el vínculo con el conocimiento y con la vida universitaria. La estudiante describió la necesidad de “refrescar” contenidos que había estudiado mucho tiempo atrás, así como el distanciamiento generado por no concurrir a la institución durante años. Volver a la facultad significó para ella reactivar una rutina académica adormecida, reencontrarse con recursos estudiantiles actualizados y recuperar un sentido de pertenencia perdido.
En este contexto, la modalidad de taller aparece como un dispositivo pedagógico capaz de disminuir barreras y revitalizar trayectorias. La estudiante destacó que el formato más acotado, organizado y centrado del taller le permitió recuperar contenidos de manera gradual y con mayor claridad que en la cursada tradicional, cuya extensión había percibido como abrumadora en su primera experiencia. Asimismo, el hecho de cursar junto a otros compañeros (y no en soledad) actuó como un motor de motivación y compromiso. Según expresó, estos espacios funcionan como un verdadero “empujón”: permiten avanzar, sostenerse y sentirse acompañada.
Su testimonio invita a reflexionar sobre la diversidad de formas de participación estudiantil. La estudiante brindó un ejemplo concreto al señalar que la exposición oral la incomoda por su timidez, aunque reconoce el valor de las actividades asignadas. Esto evidencia la necesidad de diseñar dinámicas inclusivas que contemplen distintas maneras de involucrarse, evitando que la ansiedad por la exposición se convierta en un límite.
Finalmente, su experiencia plantea una pregunta clave para las instituciones: ¿Cómo acompañar a quienes, habiendo transitado gran parte de la carrera, encuentran en los finales pendientes un obstáculo que se agrava con el paso del tiempo? La respuesta parece orientarse hacia estrategias institucionalizadas de acompañamiento, tales como talleres de repaso, grupos de estudio guiados, espacios de consulta estructurados o propuestas específicas para estudiantes con trayectorias extendidas.
En síntesis, esta historia individual refleja una problemática colectiva. Lejos de atribuir la demora en rendir finales a cuestiones de capacidad, muestra que las limitaciones están profundamente vinculadas con las condiciones de vida, la organización institucional y las formas de enseñanza. La modalidad taller, en este caso, operó como un dispositivo reparador: permitió reactivar la confianza académica, mejorar la comprensión de los contenidos y facilitar el cierre de una materia que había quedado suspendida en el tiempo. Este tipo de experiencias invita a repensar la importancia de generar puentes entre las trayectorias reales de los estudiantes y las estructuras curriculares, promoviendo propuestas más flexibles, acompañadas y sensibles a la diversidad de recorridos.
Las oportunidades desde el espacio del Taller
La experiencia de la estudiante que recursa Bromatología en la modalidad Taller ofrece una oportunidad valiosa para reflexionar sobre el sentido y el impacto de este formato dentro de las trayectorias universitarias actuales. Más allá de su función pedagógica inmediata, el Taller aparece como un dispositivo que sostiene, reorienta y resignifica el vínculo de los estudiantes con la materia y con su propio recorrido académico.
En primer lugar, el Taller funciona como un espacio de reencuentro. Para estudiantes que cursaron la asignatura muchos años atrás, la distancia temporal suele actuar como una barrera que desmotiva el estudio y dificulta la preparación del final. La modalidad Taller permite recuperar contenidos desde una base ya existente, ofreciendo un recorrido más concentrado, guiado y contextualizado. Esto reduce la sensación de desborde que genera el extenso programa de la cursada tradicional y facilita volver a “ponerse en tema”.
Otro aspecto central es el acompañamiento colectivo que habilita la dinámica del Taller. La estudiante destaca que cursar junto a otros en su misma situación le permitió sentirse menos sola, más motivada y sostenida por el grupo. Esta dimensión social del aprendizaje es clave: estudiar un final de manera aislada suele generar ansiedad, falta de continuidad y dificultad para organizar el tiempo. El Taller, en cambio, crea una instancia de pertenencia que promueve la participación y la persistencia.
La organización de actividades específicas dentro del Taller, como la resolución de problemas asignados, aporta además un marco estructurado que ayuda a orientar el estudio y priorizar contenidos. Aunque la estudiante menciona su incomodidad personal frente a la exposición oral, reconoce que la dinámica de trabajo la ayudó a comprometerse activamente. Esto muestra que el Taller puede funcionar como un espacio de práctica segura, donde los estudiantes atraviesan desafíos formativos con acompañamiento docente.
Asimismo, la modalidad ofrece un incentivo concreto y poderoso: la posibilidad de promocionar la materia. Para estudiantes que tienen finales acumulados o responsabilidades laborales y familiares, esta oportunidad implica alivianar su carga académica y recuperar control sobre su trayectoria. La estudiante lo expresa claramente: volver a cursar en formato Taller le permitió aprovechar la materia de manera más profunda que si se hubiese limitado a preparar un final que sentía lejano y difícil de enfrentar.
Finalmente, el Taller se destaca como un dispositivo que restablece el vínculo con la institución. Volver a la Facultad después de años -reencontrarse con recursos, con compañeros, con docentes revitaliza la identidad estudiantil y ayuda a recuperar el ritmo académico. En este sentido, el Taller no es solo una modalidad de cursada, sino una estrategia de inclusión que favorece la continuidad y cierre de trayectorias prolongadas.
En conjunto, la experiencia analizada muestra que la modalidad Taller es especialmente valiosa para estudiantes que han quedado rezagados en su recorrido o que necesitan una estructura diferente para reengancharse con los contenidos. Al ofrecer acompañamiento, comunidad, claridad y objetivos alcanzables, el Taller se posiciona como una herramienta pedagógica eficaz para reforzar aprendizajes y reconstruir la confianza académica en un momento clave de la formación.
Conclusión y perspectivas futuras
La experiencia analizada evidencia que la modalidad Taller constituye una oportunidad significativa para resignificar la relación de los estudiantes con su formación cuando han dejado de cursar durante períodos prolongados. A partir del testimonio recogido, se delinean varias líneas de acción que pueden orientar y fortalecer futuras propuestas de acompañamiento.
En primer lugar, resulta fundamental ofrecer espacios estructurados de actualización de contenidos que permitan recuperar saberes previos sin la presión de revisar de manera autónoma programas extensos y complejos. Estos espacios deben priorizar materiales sintéticos, actividades guiadas y una secuenciación clara que ayude a reconstruir el hilo conceptual de la materia.
En segundo lugar, el Taller debe consolidarse como un ámbito de apoyo colectivo, donde el grupo funcione como motor de motivación y sostén. Compartir experiencias con pares en situaciones similares disminuye la sensación de aislamiento que suele acompañar la preparación individual de un final y favorece la persistencia.
Además, es importante promover dinámicas de participación variadas, que contemplen diferentes estilos de aprendizaje y niveles de exposición. La posibilidad de contribuir desde roles no necesariamente orales, o de participar en pequeños grupos, garantiza que estudiantes con timidez o ansiedad académica puedan involucrarse de manera significativa sin sentirse inhibidos.
Otra línea clave es fortalecer el acompañamiento docente personalizado, que los estudiantes valoran como un “empujón” necesario para organizarse, sostener el ritmo y recuperar la confianza en sus capacidades. La presencia pedagógica cercana, accesible y orientadora se vuelve decisiva en trayectorias discontinuas.
Finalmente, los talleres deben favorecer la reconexión con la vida universitaria, no solo desde lo académico sino también desde lo vincular e institucional. Recuperar la rutina de asistir a la Facultad, acceder a recursos estudiantiles actualizados y reencontrarse con una comunidad contribuye a reconstruir el sentido de pertenencia y el compromiso con la propia formación.
En conjunto, estas líneas de acción muestran que la modalidad Taller puede convertirse en un dispositivo estratégico para acompañar a estudiantes que desean retomar su camino académico luego de un largo período de alejamiento. Su potencial radica en integrar contención, claridad pedagógica y comunidad, favoreciendo trayectorias más inclusivas, sostenidas y significativas.
Declaración de conflictos de interés
La autora declara que no existen conflictos de interés.
Declaración sobre uso de inteligencia artificial (IA)
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Contribución de autores/as
Referencias
Referencias
Casco, M. (2007). Prácticas comunicativas del ingresante y afiliación intelectual [Ponencia]. V Encuentro Nacional y II Latinoamericano “La Universidad como objeto de investigación”, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Tandil, Argentina.
García, M. E., Baragatti, E., Mihdi, M. y Weissmann, H. (2017). Diagnóstico y estrategias de acción para recorridos estudiantiles no convencionales. En M. Ros, L. Benito, L. Germain, y S. Justianovich (Eds.), Inclusión, trayectorias estudiantiles y políticas académicas en la universidad (pp. 45–68). Editorial de la Universidad Nacional de La Plata.
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