Salamone y las patas cortas de la mentira

2026-08-15

El 12 de agosto vivimos una jornada histórica. Científicos/as, tecnólogos/as y distintos sectores sociales en todo el país expresamos con contundencia el abandono y el ataque que atraviesa el sistema científico-tecnológico nacional. No fue una jornada de silencio ni de resignación, sino una demostración de la fortaleza de una sociedad que está dispuesta a defender capacidades construidas colectivamente durante décadas de trabajo e inversión, atravesando períodos oscuros, de resistencia y de lucha Nos pusimos la camiseta en defensa de la ciencia y la tecnología, pero, sobre todo, en defensa de la Argentina. Porque defender la ciencia es defender nuestro futuro. Sin conocimiento no hay desarrollo, no hay soberanía y no hay Nación posible.

Sin embargo, hoy amanecimos con una nueva provocación de parte del gobierno. En una entrevista con Infobae, el presidente del CONICET, Daniel Salamone afirmó que “es falso que los científicos se estén yendo del país”. Desde la Mesa Federal por la Ciencia y la Tecnología creemos que esta afirmación, entre otras, no resiste el contraste con los datos.

Las declaraciones del Dr. Salamone carecen de fuentes concretas y contexto. El uso de cifras aisladas y sin contexto es una práctica que, desde el ámbito científico, consideramos impropia. Hasta diciembre de 2023, el ex-MinCyT contaba con una Subsecretaría de Estudios y Prospectiva dedicada a relevar, analizar y publicar información clave sobre la dinámica de la ciencia, la tecnología y la innovación en el país. Lamentablemente, hoy esa área ya no existe en el organigrama producto de las reformas libertarias. Si se rompe el termómetro, la fiebre deja de medirse, pero no por eso desaparece. Por eso, frente a la ausencia de información sistemática, es necesario analizar cada uno de sus datos en contexto y contrastarlos con la evidencia disponible.

En este sentido, comenzamos por aclarar algo elemental: la “fuga de cerebros”, que preferimos llamar “pérdida de capacidades estratégicas nacionales”,  no se mide únicamente contando cuántos investigadores cruzaron la frontera. Se mide también observando cuántos profesionales abandonan el sistema científico, cuántos renuncian, cuántos puestos se destruyen, cuántos jóvenes quedan afuera y qué condiciones se generan para retener el talento que el propio Estado argentino formó durante décadas.

Y allí los números son contundentes.

Entre diciembre de 2023 y junio de 2026, el sistema científico-tecnológico argentino perdió 6.400 puestos de trabajo, según el seguimiento del Grupo EPC-CIICTI: de 75.121 trabajadores se pasó a 68.721. Es decir, 7 puestos científicos perdidos por día.

En el CONICET, en particular, se registraron 377 bajas de investigadores de carrera entre diciembre de 2023 y marzo de 2025. De ellas, 145 fueron renuncias. En el mismo período se dieron de baja 2.549 becas, 637 de ellas por renuncia.

¿Son todos científicos que emigraron? No. Y justamente allí está la trampa argumental de Salamone: confundir “fuga de cerebros” con emigración internacional y, de ese modo, invisibilizar el drenaje de capacidades científicas que ya está ocurriendo dentro del país.

El problema se agravó este año. El propio sistema CONICET informó que el 31 de julio de 2026 dejaron de trabajar 379 becarios y becarias posdoctorales, debido a la decisión de no prorrogar sus becas mientras esperan los resultados de la convocatoria de ingreso a la Carrera del Investigador.

Y hay otro dato que Salamone omite: el salario también expulsa.

Los salarios de investigadores del CONICET acumularon hasta marzo de 2026 una pérdida de 40% en términos reales respecto de noviembre de 2023. Para docentes e investigadores de universidades nacionales, la brecha alcanzó el 33,7%.

¿De verdad podemos hablar de una política de retención del talento cuando un investigador altamente calificado pierde el 40% de su poder adquisitivo?

Hay más.

Según datos relevados por el sistema científico, también se produjo un fuerte deterioro en las posibilidades de incorporación de las nuevas generaciones. En 2023 hubo 1.960 postulantes a la Carrera del Investigador del CONICET y en 2024 la cifra cayó a 1.378. Al mismo tiempo, 559 investigadores que fueron seleccionados en 2023 por la convocatoria CIC 2022 todavía no han sido incorporados. A ellos se suman aproximadamente 100 seleccionados a la Carrera de Personal de Apoyo.

Cuando los números ofrecidos por Salamone se contrastan con los debates desarrollados al interior del Directorio del organismo (cuyas actas son públicas y están disponibles en la web), se advierte que hubo intentos del presidente de redefinir el número y la distribución de las becas ya concursadas, pero finalmente primó la posición del Directorio de respetar las bases. Posteriormente, estas se redefinieron en función de prioridades temáticas determinadas por el gobierno sin debate alguno y desconociendo el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación aprobado por el Congreso de la Nación. Lo incontestable es que el número de ingresos otorgados en la convocatoria a la Carrera 2023 se redujo a la mitad, de 800 a 400, y que en 2024 no hubo convocatoria. Mientras que 559 ingresantes de la convocatoria 2022 aún esperan su alta, al igual que los 400 de la convocatoria 2023. A esto se suma el conjunto de profesionales y técnicos de apoyo, cuyos concursos se encuentran prácticamente paralizados en su totalidad. 

Esto significa que el problema no es solamente que algunos científicos se vayan del país. El problema es mucho más profundo: Argentina está dejando de incorporar, de sostener y de retener a las generaciones que necesita para garantizar la continuidad de su sistema científico-tecnológico.

Salamone también sostiene que las becas aumentaron y que en 2026 habrá 2.100 posiciones. El dato existe: la convocatoria oficial del CONICET contempla 1.000 becas doctorales, 300 de finalización y 800 posdoctorales. Pero contar becas sin mirar el sistema en su conjunto es una forma de esconder el problema. Una política científica no se evalúa por la cantidad total de becas anunciadas, sino por la capacidad de formar investigadores, incorporarlos a carreras científicas, financiar sus proyectos, sostener sus salarios y derechos mínimos, garantizar infraestructura y ofrecerles una perspectiva profesional en la Argentina.

Porque un becario formado durante años que termina su beca y no tiene dónde continuar su carrera es una pérdida de capacidades aunque nunca haya tomado un avión.

Y si finalmente toma ese avión, la responsabilidad tampoco puede atribuirse a gobiernos anteriores como intenta hacer Salamone.

Desde la asunción de Javier Milei en diciembre de 2023 se destruyeron miles de puestos de trabajo científicos; se deterioraron fuertemente los salarios; se redujo el financiamiento de proyectos, al punto que los históricos instrumentos de apoyo de la Agencia I+D+i fueron desmantelados; se demoraron ingresos a carrera; se dejaron caer becas y se paralizaron o debilitaron capacidades estratégicas de organismos como la CNEA, el INTA, el INTI, la CONAE, el ANLIS-Malbrán, el SMN, entre muchos otros.

La pérdida de profesionales estratégicos, sumamente capacitados y comprometidos con su país, empieza mucho antes de que un científico abandone el territorio nacional. Empieza cuando el país deja de ofrecerle condiciones para investigar, cuando pierde poder adquisitivo, cuando no puede acceder a financiamiento, cuando no hay lugar para incorporar a las nuevas generaciones y cuando la ciencia deja de ser una política de Estado.

La discusión no es si “se van todos”. La pregunta que Salamone debería responder es mucho más sencilla: ¿por qué cada vez resulta más difícil para un científico argentino construir una vida profesional digna haciendo ciencia en la Argentina?

Los datos están a la vista. No es relato. No es una consigna. Es el deterioro concreto de las capacidades científicas y tecnológicas de nuestro país.

Y eso tiene un nombre: cientificidio. Sí, señor presidente. Y usted es uno de sus principales responsables. Por eso se lo decimos con claridad: hágase cargo. Si no está dispuesto a defender la ciencia, la tecnología y las capacidades soberanas de la Argentina, renuncie. 

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