El movimiento Cybercirujas de Argentina
DOI:
https://doi.org/10.24215/26183188e155Palabras clave:
obsolescencia programada, consumismo, soberanía tecnológica, ética hacker, comunidadesResumen
El movimiento Cybercirujas argentino nace durante 2020–2021 a partir de prácticas populares preexistentes como el cirujeo, la ética hacker y el software libre. Promueve la alfabetización, acceso y apropiación colectiva de tecnologías digitales para reflexionar críticamente sobre el vínculo con ellas. Organizadas en células autogestionadas, horizontales y codependientes, recupera y repara hardware en desuso, combate la lógica del descarte y practica la “obsolescencia postergada”. A través de eventos públicos como ollas populares de hardware y reparatones, amalgama software libre, recirculación de hardware, arte, juegos y debate crítico. En red, comparte saberes y herramientas para reducir la brecha digital y fortalecer la soberanía tecnológica popular. Este artículo analiza el movimiento Cybercirujas, su historia, trayectoria y actividades y su posicionamiento como una expresión contemporánea de militancia tecnopolítica que desafía el modelo de consumo hegemónico.
Introducción
El movimiento Cybercirujas es una red federal surgida en Argentina entre los años 2020 y 2021, que articula el "cirujeo" popular con la ética hacker para combatir la lógica del descarte, el consumo acelerado y la obsolescencia programada. A través de una praxis denominada obsolescencia postergada, realiza eventos públicos como "ollas populares de hardware" y "reparatones" para recuperar dispositivos y fomentar el debate crítico. Esta acción no es meramente técnica, sino que es asumida como una militancia tecnopolítica que, como afirma el propio colectivo, entiende que "el uso de la tecnología no es neutral", disputando así el sentido de los artefactos en pos de la soberanía comunitaria.
Este artículo analiza el movimiento Cybercirujas como una expresión contemporánea de militancia tecnopolítica que desafía el modelo de consumo hegemónico. Para ello, se presentan los antecedentes del movimiento mediante biografías y trayectorias. A continuación, se explora el marco teórico que nutre sus prácticas, abordando la ecología política de la obsolescencia, la ética hacker y la construcción social de la tecnología. Posteriormente, se contextualiza el accionar del movimiento dentro del panorama argentino de políticas públicas sobre residuos electrónicos y el incipiente debate sobre el derecho a reparar. Luego, se describen sus prácticas colectivas más representativas, así como su estructura organizativa descentralizada y el rol de sus Encuentros Federales como espacios de articulación. Finalmente, se analizan las tensiones y debates internos que configuran su identidad. A través de este recorrido, se argumenta que Cybercirujas constituye una praxis transformadora que, desde y para la comunidad, disputa el sentido de la tecnología en pos de la emancipación social.
Orígenes del movimiento: la confluencia de vertientes
El surgimiento del movimiento Cybercirujas no responde a un origen único y planificado, sino a la confluencia de múltiples trayectorias y experiencias que encontraron un cauce común en la crisis sociosanitaria de 2020. El análisis de los testimonios de sus iniciadores revela al menos tres vertientes distintas que, aunque se desarrollaron en paralelo, compartían una sensibilidad subyacente: la ideológica-cultural, anclada en la filosofía del software libre; la pragmática-pedagógica, nacida de la necesidad de comprender y experimentar cómo funcionan materialmente los dispositivos digitales1; y la territorial-activista, impulsada por la detección de la brecha digital en el trabajo comunitario.
La primera vertiente, de carácter ideológico-cultural, se personifica en la trayectoria de Sergio Rondán (“Soldan”), activista del software libre, editor de la revista Replay, ex profesor de educación primaria en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, obrero informático en el sector privado y uno de los iniciadores del movimiento. Su punto de partida fue el descubrimiento de la dimensión política del software libre, entendiendo que "los derechos de autor son jaulas" y que la verdadera potencia residía en "compartir el conocimiento" (Soldan, comunicación personal, agosto de 2025). Su participación en la creación de la revista "Replay", dedicada a la investigación y arqueología de videojuegos regionales y hardware desarrollado en Argentina, le permitió tejer una amplia red de contactos en la escena cultural y valorar la historia de la tecnología local. En ese marco, durante el año 2019 surgió una iniciativa precursora: el "Club de Cybercirujeo" en el Teatro Mandril de Buenos Aires, Argentina, donde, junto al colectivo de trabajadores del teatro, se propusieron recuperar computadoras antiguas y crear una sala de videojuegos retro de acceso comunitario. El club se materializó a partir de un evento fortuito —la recuperación de una computadora 486 desechada en la vía pública— y sentó un precedente al combinar el interés lúdico por el retrogaming con la práctica de la recuperación. Simultáneamente, esta experiencia era alimentada por diálogos sobre soberanía de datos y la autogestión de servicios digitales, que aportaron una capa de conciencia política a la práctica técnica de la reparación.
La segunda vertiente, pragmática y pedagógica, está representada en la experiencia de Nicolás Wolovick, docente e investigador en la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación (FAMAF) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Su iniciación en la reparación de hardware no fue ideológica, sino fruto de la necesidad y el azar: una inundación en 2015 que lo obligó a desarmar dos computadoras anegadas. Este evento instaló un ethos pragmático de "perdido por perdido", que habilitaba la experimentación: "tener una computadora con la que no tenías absolutamente nada que perder y que era una excelente forma de aprender" (Wolovick, comunicación personal, agosto de 2025). Esta experimentación derivó en la creación de talleres de "desarmado y armado", una perspectiva de la recuperación que trasladó a su propia práctica docente. Dentro de sus clases en la universidad, llegó a proponer a los estudiantes "scrapear basura" —recuperar componentes como parlantes de televisores desechados— para utilizarlos en proyectos de la materia que él dictaba, sentando así las bases de una de las prácticas centrales del futuro movimiento.
La tercera vertiente es la del activismo territorial, encarnada en la figura de Paula Nieto, docente del Departamento de Química Teórica y Computacional de la Facultad de Ciencias Químicas (FCQ), investigadora del CONICET en FAMAF-UNC y militante en la asamblea barrial de Campo de la Ribera, un barrio popular de la ciudad de Córdoba. Su punto de entrada no fue técnico ni filosófico, sino la constatación directa de la brecha digital en su militancia barrial en sectores populares. Antes de saber reparar, su rol fue el de articuladora: "buscaba computadoras viejas para llevarlas a arreglar y llevarlas a la asamblea [...] yo no sabía arreglar las compus pero conocía gente que sí" (Nieto, comunicación personal, agosto de 2025). Esta perspectiva ancló la necesidad tecnológica en una demanda social concreta, demostrando que la voluntad de saldar la brecha digital pre-existía y estaba buscando los canales técnicos para materializarse (Ortiz et al, 2024).
El catalizador que articuló estas tres vertientes fue la pandemia de 2020. La crisis evidenció la necesidad de cómputo a escala masiva. Fue en este contexto que las trayectorias convergieron: Nieto contactó a Wolovick a través de una búsqueda de computadoras para la asamblea barrial, mientras que Wolovick y Soldan, que ya se conocían, formalizaron su colaboración. De su diálogo surgió la idea de tejer redes de contacto y el modelo organizativo de "células" para trascender los nichos y actuar en los territorios. La creación de un grupo de Telegram y la difusión en redes sociales atrajeron a una comunidad diversa, cuya primera manifestación pública en 2021, en Buenos Aires, amplificada mediáticamente, consolidó el nacimiento de Cybercirujas como un movimiento social visible y multifacético. Dado el carácter abierto y masivo de las ollas, eventos y canales digitales de comunicación, resulta difícil estimar precisamente cuántas personas son parte del movimiento actualmente; pero unas 307 personas completaron una encuesta auto percibiéndose como parte del movimiento en el año 2024, con una composición de trayectorias y formas de intervención muy heterogénea.
Tecnologías apropiadas y entrañables
Las prácticas de Cybercirujas encarnan el concepto de "tecnologías entrañables" de (Quintanilla et al, 2017), promoviendo una relación cercana, afectiva y comunitaria con la tecnología que rechaza el determinismo tecnológico, sin caer en una postura antitecnológica. El movimiento desmonta activamente la opacidad —las cajas negras y patentes privatizadas— de la tecnología hegemónica a través de prácticas colectivas como las ollas populares y los saberes compartidos, transformando a las personas de meros consumidores a agentes activos. Este análisis, sin embargo, profundiza la crítica al enmarcar dicha opacidad no sólo como una barrera democrática, sino como una forma de violencia epistémica y un mecanismo de colonialidad tecnológica que refuerza las asimetrías de poder globales. Por lo tanto, la propuesta de Cybercirujas supera la simple búsqueda de transparencia y apunta a un objetivo más radical: desmantelar la infraestructura imperial, subrayando la importancia política de la apropiación situada del hardware.
De forma análoga, las prácticas Cybercirujas se entrelazan con las nociones teóricas de tecnologías apropiadas (Illich, 1973), no solo porque son, en sí mismas, un conjunto de acciones radicalmente críticas al escenario social de dependencia (económica, ecológica, de saberes y tecnopolítica) generado por las tecnologías hegemónicas diseñadas en el norte global; también porque proponen tejer convivialidad entre tecnologías y comunidades: en cada encuentro se aprende sobre la materialidad de los artefactos electrónicos con herramientas artesanales o de escala baja y las manos; mientras que, con la participación de cada persona, se cuestiona la eficiencia del individualismo para el acceso a los dispositivos y los saberes técnicos, y se fortalece la experiencia de interdependencia comunitaria, donde los gestos de usar, reparar y hackear se vuelven actos políticos. Así, los encuentros crean subjetividades, infraestructuras afectivas y éticas que son difíciles de monopolizar, y nutren procesos de descolonización de la imaginación tecnológica.
En el movimiento Cybercirujas se lucha activamente contra la obsolescencia programada, un concepto cuyo origen puede rastrearse hasta la propuesta de Bernard London tras la crisis de 1929 para estimular la economía a través del descarte planificado de productos. Entendiendo, en línea con Langdon Winner (1983), que el diseño tecnológico es una decisión eminentemente política y no una fatalidad del hardware. Esta postura se confirma en el relevamiento, mencionado informalmente como censo dentro del movimiento cyberciruja, que se realizó en el 2024 (Bordone, 2025): una mayoría (265 de 307 miembros) considera insostenible el modelo industrial de constante fabricación y descarte de computadoras aún utilizables, y se materializa en su principal motivación práctica: "Ayudar a reparar y recircular computadoras" como un acto de resistencia directa al consumo masivo.
El núcleo ideológico de Cybercirujas reside en la filosofía del software libre y la ética hacker. Sus máximas aspiraciones colectivas son "Compartir conocimiento" y "Participar de un colectivo de software y tecnología libre", con un apoyo casi unánime a su rol en la soberanía tecnológica. En la práctica, el software libre es la herramienta fundamental para la "obsolescencia postergada": el código abierto permite adaptar sistemas a hardware antiguo, devolviéndole la funcionalidad a equipos que el mercado privado descarta.
Esta elección trasciende lo meramente técnico para convertirse en una praxis de subversión. Se fundamenta en la "ética hacker" y su "imperativo de tomar el control" (Levy, 1984): la acción de abrir una "caja negra", comprenderla y modificarla subvierte la lógica del consumidor pasivo. Esta reapropiación del conocimiento desafía la escasez generada artificialmente por la propiedad intelectual (Wark, 2004), y es el impulso que transforma la reparación de un dispositivo en un potente acto de militancia política.
La praxis de Cybercirujas puede analizarse desde el marco de la Construcción Social de la Tecnología (SCOT, por las siglas en inglés de Social Construction of Technology) (Pinch y Bijker, 1984) donde el movimiento se constituye como un "grupo social relevante" que disputa activamente el significado de los artefactos tecnológicos. A través de la "flexibilidad interpretativa", es decir, de la capacidad de interpretar, usar y dotar a un mismo artefacto tecnológico de significados diferentes por distintos grupos sociales, Cybercirujas desafía la visión hegemónica de la tecnología como un bien de consumo sellado y descartable —un "cierre por obsolescencia"—, proponiendo en su lugar una interpretación que la valora como una herramienta modular, reparable y duradera. Sus prácticas, como las "ollas populares de hardware", son intervenciones performáticas que demuestran que la obsolescencia es una construcción social y no una necesidad técnica. De este modo, el movimiento no solo recircula hardware, sino que participa en una contienda política para redefinir la trayectoria del desarrollo tecnológico, alineándola con valores de soberanía, sostenibilidad y conocimiento compartido.
Una dimensión adicional de la militancia tecnopolítica del movimiento cybercirujas es su rol de articulador de la soberanía tecnológica con otras agendas de transformación social: según el censo 2024 el 57% de los participantes que se autoperciben cybercirujas militan también en otras organizaciones políticas, comunitarias y de derechos humanos. Esta configuración de subjetividades no es una mera suma de militancias individuales, sino que es reflejo de una postura colectiva, forjada en debates sobre colonialismo digital o el rol del Estado, una praxis que resuena con los diseños autónomos de Escobar (2008) y la disputa por los medios de producción de información de Wark (2019).
Organización y estructura del movimiento
El movimiento Cybercirujas presenta una estructura descentralizada y federada, que evita las jerarquías rígidas y fomenta la autonomía local. En lugar de una organización vertical, opera como una red de células co-dependientes que comparten una filosofía y objetivos comunes, pero adaptan sus prácticas a los contextos locales. El "Censo Nacional Cyberciruja 2024" permite mapear esta estructura distribuida y analizar su composición.
Según el Fanzine Nº 1 de Cybercirujas (abril 2024) "Cybercirujas es una Comunidad Organizada y Autogestionada, por lo cual, para tener tu propia célula o nodo cyberciruja alcanza con el simple hecho de querer realizarla". Por lo cual la existencia y proliferación de células es algo que crece orgánicamente; fruto de esto, el censo evidencia una presencia territorial marcadamente federal, aunque con nodos de mayor concentración. Según los datos de locación, las principales células en términos de participantes se encuentran en:
- Ciudad de Buenos Aires y Conurbano: Es el núcleo con mayor densidad, agrupando a casi 120 de los encuestados.
- Córdoba: Se posiciona como el segundo gran epicentro del movimiento, con aproximadamente 55 miembros.
- Provincia de Buenos Aires: Muestra una base sólida y distribuida con 41 participantes.
- Santa Fe: Agrupa a unos 25 miembros, consolidando la presencia en la región del Litoral, donde se encuentra la célula de Rosario.
- Por último, también con 25 personas encontramos cybercirujas que se encuentran "en otro país".
Además de estos nodos principales, el censo confirma la existencia de células más pequeñas pero activas en Chubut, Río Negro, La Plata, y Posadas (Misiones), entre otras, demostrando la capilaridad del movimiento a nivel nacional.
La coordinación entre estas células y la participación de sus miembros se articula a través de herramientas digitales y encuentros presenciales, reflejando una estructura fluida. El censo indica que las formas de participación más comunes son la asistencia a "fiestas o eventos" (62 respuestas) y la "participación en el chat y/o foros" (73 respuestas sumando las dos categorías similares). Esto confirma que los canales de Telegram y los encuentros locales son los principales mecanismos de cohesión y coordinación del movimiento.
La participación no se limita a la asistencia. El censo también revela un alto grado de involucramiento en otras organizaciones (57% de los encuestados participa en otros colectivos). Los tipos de organizaciones más mencionados son "Informática y software libre" (78), "Partido político" (53) y "Espacios comunitarios" (48).
El Primer Encuentro Federal se realizó en noviembre de 2023 en Córdoba capital respondiendo a una inquietud de hacerlo fuera de la región de Buenos Aires, siendo la célula de Córdoba una de las más activas. El encuentro se dio en la Biblioteca Manuel Belgrano, de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNC. El encuentro invitaba a participar de la Olla Popular de Hardware, Feria de Ciencias Cyberciruja, talleres, charlas relámpago formato barcamp (charlas que se anotan en el pizarrón ese día), una intervención musical de género chiptune2 y el primer plenario Cyberciruja.
El Segundo Encuentro Federal Cyberciruja se realizó en agosto de 2024 en la ciudad de Rosario, Santa Fe, en el Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC). Esto contribuye a dar un reconocimiento a Cybercirujas como un movimiento relevante dentro de la escena de las expresiones ciudadanas mediadas por la técnica, permitiendo el acercamiento de estas discusiones a la esfera pública. La buena experiencia del primer encuentro llevó a repetir las dinámicas de funcionamiento de manera más grande y pulida, por ejemplo, buffete permanente, mayor espacio para la feria de ciencias, soporte técnico para las necesidades del evento y mayor cantidad de stands. De manera cualitativa también al encontrarse en la costanera de Rosario en un lugar conocido y transitado, propició una mayor presencia de infancias y sus familias. Como hechos a destacar se presentó el primer censo Cyberciruja y por la noche se hizo una "fiesta cyberciruja" con música chiptune y videojuegos arcade.
El Tercer Encuentro Federal Cyberciruja se realizó en agosto de 2025 en el Centro Cultural Paco Urondo, de la Universidad de Buenos Aires, tras un intento infructuoso de organizarlo en La Plata. Este tercer encuentro consolida una trayectoria y espacio para la discusión respecto al movimiento, el intercambio de ideas y la difusión de las ideas tecnopolíticas en un ambiente festivo. Con líneas temáticas similares, este evento contó con algunas particularidades como la convocatoria de videojuegos argentinos independientes, un taller de reutilización de partes de computadora para realizar artesanías, el taller para "desgooglizar" celulares y la participación de gente de Uruguay y Brasil.
Actividades
Las "ollas populares de hardware" y los "reparatones" son las actividades centrales donde se materializa la filosofía de Cybercirujas, abarcando desde el reacondicionamiento individual de equipos hasta eventos colectivos a gran escala. El antecedente principal del uso de espacios de acceso público que dio pie a las reuniones fue una olla popular de hardware abierta a la comunidad que se desarrolló en una estación de trenes de Buenos Aires. Entre sus marcas principales estuvieron la recirculación de piezas de computadora sin mediar un intercambio economicista y la invitación para que el público general que circula por el lugar tuviera la oportunidad de conocer la propuesta. Estas características se mantienen en encuentros posteriores.
Uno de los más consolidados y longevos es la Olla Popular de Hardware Cyberciruja que se realiza una vez al mes, desde abril de 2022 en un espacio abierto de la UNC. En la Olla Popular de hardware se busca recircular artefactos computacionales. No es un lugar de venta o de trueque, sino una instancia para llevarse lo que se necesite y poner a disposición el hardware en desuso. Por su parte, los “reparatones” son reuniones donde personas que tienen conocimientos técnicos, básicos o avanzados, comparten lo que saben con quienes necesitan iniciarse en este ámbito. Un ejemplo emblemático fue la colaboración de 2023, donde estudiantes universitarios repararon 400 netbooks del programa Conectar Igualdad, fusionando la recirculación de hardware con una experiencia de aprendizaje novedosa. Sin embargo, estas actividades no están exentas de las tensiones sociales del sector, por lo que, para combatir la cultura machista en la tecnología, feminismos y disidencias dentro del movimiento han impulsado espacios cuidados, culminando en hitos como la primer reparatón dedicada a mujeres y disidencias, organizada en Córdoba junto a la UNC y Mujeres en Tecnología.
Por otro lado, dentro de la colectividad cyberciruja se experimenta con tecnologías digitales como manera de recuperar maquinaria obsoleta, examinar los límites del hardware, darle nuevos usos, experimentar con experiencias artísticas, generar nuevas interfaces y formas de intercambiar o simplemente hacer inventos con tecnologías digitales. En este contexto se arman Clubes de Ciencia, instalaciones donde las y los cybercirujas presentan sus objetos permitiendo una suerte de "comunicación pública" de la ciencia y arte acompañada de su perspectiva tecnopolítica. Desde recuperación de máquinas viejas y hackeo de postnets para recrear la experiencia de las cámaras Polaroid, inventar y crear comandos para videojuegos y construir máquinas digitales "100% artesanales", entre otros.
Un aspecto al que también se le dedica atención es el del tiempo de ocio y el disfrute. Para ello se realizan fiestas en distintos clubes y espacios culturales. Es común la presencia de consolas de videojuegos 8 y 16 bit, lan parties3, música chiptune y audiovisuales basados en el live coding. También se registran producciones escritas en el formato fanzine que circulan tanto de modo impreso como en PDF. Dichas producciones son herederas de las redes de distribución de contenidos analógicas. Una de ellas es Actualidad Cyberciruja/Zona Warpa editado en alianza con un colectivo hacktivista italiano. Además, está Tikezin, impreso en una tiqueadora recuperada y controlada gracias al hacking de una de sus integrantes4. Ambos registran dos números editados con distribución por medio de Internet, presencialmente entregado en mano y por carta. Más allá de estas actividades, el movimiento se caracteriza por una ebullición de actividades independientes donde se alienta a que cada persona tome cartas en el asunto.
El vínculo con las políticas públicas
El accionar del movimiento Cybercirujas se inscribe en y enfrenta un contexto de importantes vacíos regulatorios y debates incipientes en Argentina en materia de gestión de residuos electrónicos y derecho a la reparación. A diferencia de las políticas consolidadas en otras regiones, el país carece de un marco unificado, lo que genera un escenario fragmentado donde las prácticas del movimiento adquieren una particular relevancia.
A nivel federal, Argentina se caracteriza por la ausencia de una ley nacional específica para la gestión de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE). A lo largo de la última década, diversos proyectos de ley han sido presentados en el Congreso Nacional, la mayoría basados en el principio de “responsabilidad extendida del productor”, que obliga a los fabricantes e importadores de tecnología a hacerse cargo de la gestión de sus productos al final de su vida útil. Sin embargo, ninguna de estas iniciativas ha logrado ser sancionada.
En este contexto, el Manual sobre gestión integral de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, elaborado en 2020 por el entonces Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación (MAyDS, 2019) en conjunto con la Organización Internacional del Trabajo, funciona como una guía técnica de referencia, pero carece de poder regulatorio vinculante. La falta de una política federal delega la responsabilidad en las jurisdicciones provinciales y municipales. La provincia de Buenos Aires es una de las pocas que cuenta con una normativa específica, la Ley 14.321, sancionada en 2011, que establece pautas para la gestión de los RAEE en su territorio5, aunque su implementación ha enfrentado desafíos significativos.
Paralelamente, el debate sobre el Derecho a Reparar es incipiente en Argentina, en contraste con otras regiones. En la Unión Europea, por ejemplo, la directiva de “diseño ecológico” exige a los fabricantes que proporcionen repuestos y manuales de reparación a profesionales durante un período de 7 a 10 años. Francia ha ido más allá con la implementación de un “índice de reparabilidad” obligatorio, que califica a los productos en una escala del 1 al 10.
En Argentina, se han presentado algunos proyectos de ley con el objetivo de consagrar este derecho, buscando garantizar el acceso de los consumidores y reparadores independientes a repuestos, manuales de servicio, herramientas de diagnóstico y software. No obstante, al igual que con la legislación sobre RAEE, ninguna de estas propuestas ha prosperado. En este vacío legal, movimientos como Cybercirujas se convierten en actores que ejercen y promueven de facto el derecho a reparar, actuando por delante de la regulación formal.
Conclusiones
Lejos de ser una comunidad idealizada, Cybercirujas es un reflejo de la sociedad de la que forma parte y, como tal, no está exenta de las tensiones que la atraviesan: debates vibrantes y autocríticos, sobre roles de género, posicionamientos políticos, éticos y sobre las dinámicas de inclusión-exclusión de las propuestas que se desarrollan, son desafíos que el movimiento enfrenta en su construcción cotidiana.
La brecha de género es una de las tensiones reconocidas explícitamente desde adentro. Comentarios como el lapidario "faltan chicas cybercirujas" evidencian una conciencia sobre la subrepresentación femenina, de diversidades y disidencias en un entorno predominantemente masculino y más específicamente cis-hetero-patriarcal. Esta percepción se complementa con propuestas proactivas que sugieren que no basta con la inercia, sino que es necesario "hacer más foco en las cuestiones de género" para construir activamente un espacio más inclusivo y diverso.
Quizás la disputa más explícita es la que existe en torno a la politicidad del movimiento. Por un lado, voces críticas señalan que la actividad está "hiper politizada", lo que desincentiva la participación de quienes prefieren un enfoque puramente técnico. Por otro lado, la mayoría de los objetivos del colectivo apuntan a "tener una posición política para la transformación social". Esta tensión se materializó en un conflicto interno, documentado en el fanzine Actualidad Cyberciruja #1, a raíz de un comunicado contra el gobierno de Javier Milei, donde se afirma que el horizonte de lucha es intrínsecamente político al oponerse a "los oligarcas del dato" y "los depredadores del ecosistema", marcando una línea ideológica clara que genera tanto cohesión como disidencia6.
Diversas barreras culturales y sociales dificultan la integración de nuevos miembros. Los comentarios apuntan a dinámicas excluyentes que van desde un "tono elevado" en los debates online que intimida a los recién llegados, hasta la percepción de círculos sociales cerrados donde es "difícil integrarse". La crítica se extiende a la atmósfera de los eventos, que pueden ser percibidos como elitistas ("cheta, careta y mercantilizada") o anclados en un "estereotipo de nerd andrajoso" que aliena a quienes no se identifican con esa subcultura, evidenciando un desafío constante por mantener un espacio genuinamente abierto y acogedor.
Finalmente, destacamos que un hecho que distingue a este movimiento dentro de otras militancias tecnopolíticas es la construcción de una identidad basada en las prácticas y maneras de estar "del cyberciruja" una reivindicación del juego, el cacharreo, de "estar con el problema" en palabras de Donna Haraway (2016). En este contexto uno de los principales objetivos del movimiento es la persuasión que aboga por un llamado a la acción para la disputa por los sentidos sobre qué implica tener vidas mediadas por redes de computadoras.
Referencias
Notas
Referencias
Bordone, M. (8 de agosto de 2025). Radiografía de un movimiento: presentamos el Primer Censo Nacional Cyberciruja. Matías Bordone. https://mebordone.com.ar/2025/08/08/radiografia-de-un-movimiento-presentamos-el-primer-censo-nacional-cyberciruja/
Escobar, A. (2008). Territories of difference: place, movements, life, redes. Duke University Press.
Haraway, D. (2016). Staying with the trouble: making kin in the Chthulucene. Duke University Press.
Illich, I. (1973). La convivencialidad. Editorial Posada.
Levy, S. (1984). Hackers: heroes of the computer revolution. Doubleday.
London, B. (1932). Ending the depression through planned obsolescence. Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y Organización Internacional del Trabajo. (2019). Manual sobre gestión integral de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE) en Argentina. MAyDS.
Ortiz, B. A., Diaz, L., Guzmán, S. B., Ramirez, A., Guzmán, M. D. L., Capdevila, F. A., Monge, V. A., Cardozo, S. N., Rosetti, C. M. y Nieto, P. S. (2024). Construyendo tecnologías populares desde las comunidades. Bitácora Digital, 11(15).
Pinch, T. J. y Bijker, W. E. (1984). The social construction of facts and artefacts: Or how the sociology of science and the sociology of technology might benefit each other. Social Studies of Science, 14(3), 399–441. https://doi.org/10.1177/030631284014003004
Quintanilla, M. A., Parselis, M., Sandrone, D. y Lawler, D. (2017). Tecnologías entrañables: ¿Es posible un modelo alternativo de desarrollo tecnológico? Catarata.
Wark, M. (2004). A hacker manifesto. Harvard University Press.
Wark, M. (2019). Capital is dead: Is this something worse? Verso.
Winner, L. (1983). Do artifacts have politics? Daedalus, 109(1), 121-136.
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