Nuevo patrón de desarrollo para América Latina basado en cuatro economías que coexisten

Autores/as

DOI:

https://doi.org/10.24215/26183188e152

Palabras clave:

economía global, economía nacional, economía popular, economía mixta de control estatal

Resumen

El texto propone un nuevo marco analítico para el desarrollo de América Latina frente a la persistente insuficiencia del capitalismo para generar pleno empleo, agravada por la automatización y la IA. Retomando la tradición de la Heterogeneidad Estructural, el trabajo cuestiona tanto los enfoques desarrollistas clásicos como los pro-globalización, y plantea que las economías latinoamericanas se organizan en cuatro economías que coexisten con lógicas propias: la Economía Global, orientada por la rentabilidad internacional; la Economía Nacional, con rentabilidades heterogéneas guiadas por la reproducción de la burguesía local; la Economía Popular, donde los trabajadores excluidos crean su propio empleo para sostener la reproducción social; y la Economía Mixta de Control Estatal, cuyo objetivo es coordinar inversiones, crear mercados y garantizar soberanía productiva. El argumento central sostiene que el desarrollo requiere instituciones diferenciadas y articuladas para cada economía, evitando que el avance de una se realice a costa de la degradación de las demás.

Introducción

El Siglo XXI exige una revisión crítica de los modelos latinoamericanos de dualismo laboral y heterogeneidad productiva para incorporar aportes y contribuciones de corrientes que reconocen la proliferación de economías alternativas al capitalismo global. En este contexto el objetivo del presente trabajo es advertir las limitaciones, tanto de los enfoques desarrollistas, que suponen una capacidad endógena de absorción del excedente laboral vía industrialización; como de los enfoques pro-globalización, que confían en que la apertura y la inversión extranjera generarán pleno empleo. En particular, el artículo propone abandonar la noción de estratos productivos, propio de la Heterogeneidad Estructural (HE), para avanzar hacia un enfoque de cuatro economías que coexisten con lógicas y objetivos diferenciados de desarrollo económico y social, que requieren una política científico-tecnológica acorde que las contemple.

Para ello el artículo se organiza de la siguiente manera: en la sección II se revisan, a modo de antecedentes, el concepto de HE y los aportes de teorías que reconocen la coexistencia de múltiples formas económicas. En la sección III se despliega el marco analítico de las cuatro economías para repensar el desarrollo económico de América Latina. En este marco se explicita el papel que la Ciencia, la tecnología y la innovación tienen en cada una de las economías mencionadas; y en la sección IV se presentan las conclusiones.

Antecedentes

Dentro del grupo de modelos que analizan “verticalmente” la sociedad (Robinson, 1973), en América Latina se observa una tradición de estudios que destacan, como característica estructural del subdesarrollo de la región, una división en “estratos” productivos que no existían en las economías centrales (Pinto, 1970). Esta característica, conceptualizada como Heterogeneidad Estructural (HE), tiene su justificación en el tamaño de los contrastes en la productividad de los estratos (discontinuidades); su permanencia en el tiempo y la significación de los contingentes humanos y actividades productivas vinculadas a cada uno de ellos (Pinto, 1970).

Dicho concepto caracteriza el sistema productivo de América Latina en tres grandes estratos de producción y trabajo claramente diferenciables por las discontinuidades en sus niveles de productividad y modernidad, que sin embargos conviven (Pinto , 1973). Un estrato moderno, que alberga a los sectores exportadores agrícolas, industriales y de servicios con niveles de productividad semejantes al promedio de las economías desarrolladas. Uno intermedio, compuesto por industrias cuya productividad es similar a la media del sistema nacional. Y otro de subsistencia (o tradicional), cuyos niveles de productividad e ingresos por habitante permiten únicamente la subsistencia (Pinto, 1970).

El fin del imaginario de pleno empleo como proyecto de futuro laboral para los sectores populares, incluso en los países centrales, llevó a autores de diferentes corrientes del pensamiento económico a reconocer e investigar formas de trabajo que crecen por fuera del capitalismo. Joan Robinson (1973), por ejemplo, imagina un “modelo para el futuro” de tipo dual, con una producción capitalista donde el empleo de trabajadores se reduce al mínimo y el cambio tecnológico hace que:

La producción sea llevada a cabo por robots (aparatos mecánicos automáticos) y por expertos que diseñan otros robots para producir robots…. y el resto de la población tiene una ocupación independiente y propia, ganándose la vida mediante la venta de servicios a las demás unidades familiares y entre si mismos. (Robinson, 1973, p. 27).

Carlota Pérez (2004), treinta años después, observa una ventana de oportunidad para el desarrollo de la región mediante un “modelo dual integrado”. Con un sector capitalista moderno que “crece desde arriba” “orientado al dominio tecnológico (la especialización profunda) en las industrias basadas en recursos naturales hasta alcanzar posiciones fuertes en los espacios del mercado global”. Que convive con otro sector que “crece desde abajo”: con el objetivo de mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

En la primera el objetivo es la competitividad; en la segunda, la competitividad se convierte en un medio para lograr el bienestar de la población involucrada (…) Los sectores impulsados en la primera serían los motores del crecimiento de la economía; los desarrollados en la segunda serían abordados como medios para salir de la pobreza. (Pérez, 2004, p. 22).

Mirando la experiencia de China, Figueroa (2014), propone una “tesis de tres economías” partiendo de la premisa de que:

no hace a la esencia del capitalismo ni es de su directa incumbencia el generar el mayor número posible de puestos de trabajo ni garantizar el bienestar de la sociedad. Tales responsabilidades pertenecen, básicamente, al Estado y a la propia sociedad (Figueroa, 2014, p. 105).

En consecuencia, siguiendo el ejemplo de China, propone desarrollar simultáneamente la economía privada de libre mercado, la economía pública y la economía social-comunitaria. Esta última: “como una posibilidad política en contextos donde ni la economía pública ni la economía de mercado lograron resolver las extremas carencias sociales(Figueroa, 2014).

En una línea similar, colaboradores de Stiegler parten de asumir que:

la automatización algorítmica destruye muchos más empleos de los que crea. Tal situación sume al modelo fordista-keynesiano en una crisis, un modelo que hasta entonces había permitido organizar el empleo y el consumo redistribuyendo parte de las ganancias de productividad a través de los salarios. (Morlat et al., 2021, p. 97).

A estos problemas de empleo los autores agregan que el método de producción capitalista enriquece el mundo de las mercancías, pero destruye la diversidad biológica, cultural y social, al estandarizar las prácticas y agotar los recursos naturales y psíquicos de la población (Morlat et al, 2021). Frente a este escenario, proponen impulsar una economía “contributiva” de orden local, que revalorice los saberes laborales relacionados a oficios (empíricos, parentales, artísticos, deportivos, científicos, académicos o sociales) relacionados al cuidado de la comunidad, el medioambiente y la salud psíquica y física de la población (garantizando la alimentación saludable y diversa, la salud comunitaria y la infraestructura básica en los territorios) (Morlat et al, 2021).

Otro ejemplo es Chena (2025), que recurre al caso de Argentina para enfatizar la vigencia de la insuficiencia dinámica del capitalismo periférico latinoamericano para generar pleno empleo. En estas circunstancias, explora la sustentabilidad de un camino heterodoxo de desarrollo económico, que:

consiste en impulsar un modo de producción no capitalista, denominado “economía popular”, que surge en los barrios populares de la Argentina con la potencialidad de mejorar los niveles de ingresos laborales de trabajadores excluidos del empleo formal (Chena, 2025, p. 422)

Inspirados en estos antecedentes, en la siguiente sección se propone una estrategia de desarrollo económico para Argentina, que reconozca la importancia de la diversidad económica existente, e impulse un camino de crecimiento integrado para cada una de ellas

Las Cuatro Economías: caracterización productiva y dinámica tecnológica

En las sociedades latinoamericanas se desarrollan cuatro tipos de economías con lógicas tecnológicas de producción claramente diferenciables: a- la Economía Global (EG), comandada por Cadenas Globales de Valor (CGV) que reproducen su capital en el sistema mundo; b- la Economía Nacional (EN), nacida de una burguesía nacional desarrollada como clase social a comienzos del Siglo XX, con elevada heterogeneidad de rentabilidades y un punto de corte productivo relacionado con los ingresos necesarios para la reproducción de la misma como clase; c- la Economía Popular (EP), creada por los trabajadores excluidos de los otros sistemas que busca la reproducción de la clase trabajadora y su familia; y 4- la Economía Mixta de Control Estatal (EMCE), cuyo objetivo principal es el desarrollo productivo de sectores estratégicos para la soberanía nacional. En un primer análisis se destaca la diferencia entre la EG y las otras tres: mientras que en la primera la producción rige por la tasa de beneficios global del capital, en las otras dos domina el principio de reproducción de clases y de objetivos nacionales estratégicos. A continuación, se resumen brevemente los sistemas de funcionamiento de cada una de ellas.

La Economía Globalizada

Es aquella que se expande globalmente en base a la división internacional del trabajo, incorporando tecnologías modernas con elevada densidad de capital y niveles de productividad e ingresos iguales o superiores al que rige en los países centrales (Pinto, 1970). En este espacio operan los capitales que Shaikh (2008) denomina “reguladores de cada industria” a nivel global, cuya principal característica es que funcionan bajo las mejores condiciones generales de costos de producción reproducibles con la tecnología más avanzada. Estos capitales, son líderes en sus industrias y, por lo tanto, fijan los precios de los productos en cada una y la competencia entre ellos por las nuevas inversiones es la que unifica la tasa de rentabilidad para los mismos a escala global (Shaikh, 2008).

En las actividades económicas de la EG loscapitales productivos se mueven en base a una norma financiera de rentabilidad global ajustada por riesgo (Rentabilidad de las Actividades Económicas Globales- RAEG), que actúa como piso de rentabilidad local para sus actividades productivas. Esto hace que modifiquen su comportamiento tradicional de retener utilidades para su reinversión en capital físico y apostar a la nueva premisa de recortar personal y distribuir dividendos a los accionistas financieros (Lazonick y O'Sullivan, 2000), lo que genera presiones adicionales para disminuir la masa salarial, a través de caídas en el salario real y despido de trabajadores.

En lo que respecta a la innovación, la economía global está organizada en CGV y las empresas de América Latina tienen un rol tecnológico subordinado en las mismas. Por este motivo, las últimas cuentan con escasos márgenes para el escalamiento tecnológico al interior de la Cadena y, paralelamente, están restringidas para incorporarse a un Sistema Nacional de Innovación (Gereffi et al, 2005; Medeiros y Trebat, 2018).

La Economía Nacional

Se compone de aquellos capitales que Shaikh (2008) denomina “no reguladores” ya que, si bien deben seguir las referencias de precios impuestas por las empresas líderes de la EG en la industria, operan con tecnologías relativamente atrasada (mayores costos) lo que hace, por un lado, que no sean atractivas para nuevas inversiones internacionales y, por otro, que la competencia amenace constantemente su existencia (Shaikh, 2008).

En definitiva, las empresas que operan en el sector de la economía nacional (EN) se ven obligadas a ajustar sus precios de venta a los de las firmas líderes —o, en su defecto, a recurrir a la protección arancelaria—, lo que se traduce en beneficios residuales e inciertos y en una marcada dispersión de los mismos (Shaikh, 2008). No obstante, en términos de productividad media, la EN se ubica en niveles cercanos al promedio del sistema económico (Pinto, 1970). Su dinámica de cambio tecnológico es predominantemente defensiva y adaptativa, y se encuentra impulsada por los Sistemas Nacionales de Innovación (SNI) de cada país (Lundvall y Johnson , 1994), lo que le otorga cierto grado de autonomía y potencial para generar innovaciones radicales al no depender directamente de las CGV. Sin embargo, en América Latina, la insuficiente inversión privada, la débil articulación público-privada y la escasez de capital humano restringen este potencial, limitando su desempeño.

La Economía Popular

La EP suele ser caracterizada por los modelos duales (o de HE) latinoamericanos como primitiva y atrasada tecnológicamente, con baja productividad y bajos ingresos (Pinto, 1970). Bajo dicha mirada su existencia es un síntoma del subdesarrollo y, por lo tanto, el objetivo final del desarrollo debería ser absorberla con el crecimiento del sector capitalista (EG o EN). Sin embargo, como ya señalamos, el agotamiento del imaginario del pleno empleo abre una puerta de revalorización de estas economías para buscar mejorar sus ingresos; ya sea como herramienta para combatir la pobreza y el desempleo (Robinson, 1973; Pérez, 2012; Chena, 2025), como para pensar una economía sustentable (Morlat et al, 2021)

Como modo de producción, en la EP es el trabajador quien se inventa su propio trabajo y lo realiza al ritmo que viene impuesto por la naturaleza y sus ciclos, combinados con los del propio organismo humano y las costumbres sociales (Chena, 2025). La organización laboral está determinada por formas culturales que incorporan al trabajo a personas que también cumplen otros roles en el ámbito comunitario (familiar, barrial, de relaciones putativas) (Udy, 1971). A diferencia de las otras economías capitalistas, en la EP el trabajador es irremplazable en el proceso creativo y el talento manual en el oficio es el principal activo productivo. En este contexto las herramientas no son consideradas capital, sino una extensión del propio cuerpo del trabajador y, por lo tanto, no buscan sustituir mano de obra sino humanizar y mejorar el trabajo humano.

La innovación tecnológica en este contexto está focalizada en la adopción de tecnologías de plataformas adaptadas a funciones específicas como: pagos, entretenimiento, comercialización y créditos para consumo. Esta dinámica, sin embargo, circunscribe la aplicación de tecnologías a un rol pasivo que reproduce dinámicas de subsistencia. Un desafío tecnológico para el sector será incorporar tecnologías blandas de organización productiva y bajos costos. Para lo cual se requiere un diseño institucional de un Ecosistema Popular de Innovación (EPI) que promueva el surgimiento de relaciones colaborativas para generar innovaciones surgidas de las experiencias propias del proceso productivo de la EP (ver resumen comparativo del EPI y el SNI en Tabla 1).

Características del Ecosistema Popular de Innovación y sus diferencias respecto al Sistema Nacional de Innovación.
Dimensión Sistema Nacional de Innovación Ecosistema Popular de Innovación
Lógica de partida Oferta tecnocientífica: la I+D genera soluciones que el sistema difunde hacia abajo Necesidad social: la innovación emerge desde los problemas concretos de los actores populares
Gobernanza Jerárquica y tecnocrática: ministerios, agencias, academia y grandes empresas como vértice decisor Horizontal y federada: las organizaciones populares en la base; el Estado como habilitador, no rector
Actores centrales Centros de Investigación, universidades, grandes empresas y capital de riesgo Cooperativas, ferias, movimientos sociales; universidades territoriales como acompañantes
Tipo de conocimiento Codificado, universal, formalizable, publicable y escalable globalmente Tácito, situado, colectivo, experiencial; válido en su contexto, aunque no generalizable
Propiedad intelectual Privada y patentable: patentes, copyright, know-how protegido, spin-offs, licencias Commons y propiedad colectiva: dominio público, licencias abiertas, acervos comunitarios no apropiables
Rol del Estado Rector y financiador competitivo: fondos concursables, política científica top-down Facilitador y co-constructor: financiamiento por demanda, infraestructura compartida, marcos legales habilitantes
Temporalidad Urgencia cotidiana: soluciones usables ahora, con los recursos disponibles, innovación frugal e incremental
Escala valorada Global: la innovación valiosa escala masivamente y captura mercados internacionales Contextual: la innovación adecuada a un territorio específico tiene valor intrínseco, aunque no escale
Fuente: elaboración propia.

Economía Mixta de control Estatal (EMCE)

La EMCE se define por el rol estratégico de las empresas mixtas —entendidas aquí como sociedades controladas por el Estado que abren una fracción de su capital al sector privado mediante oferta pública y cotización bursátil— constituyen un instrumento institucional particularmente relevante para economías en desarrollo que enfrentan restricciones externas, volatilidad macrofinanciera y riesgos de desindustrialización. Su importancia radica en que permiten internalizar objetivos estratégicos de desarrollo (coordinación de inversiones, provisión de insumos críticos, aprendizaje tecnológico, integración de cadenas de valor) sin renunciar a dispositivos de disciplina y transparencia asociados a los mercados de capitales, tales como estándares de auditoría externa y escrutinio de accionistas minoritarios (Bałtowski y Kwiatkowski, 2022). En la literatura comparada sobre capitalismo de Estado y formas mixtas de propiedad, este arreglo se interpreta como un modo de compatibilizar el rol del Estado como inversor paciente y asegurador de última instancia con mecanismos corporativos capaces de limitar los riesgos de captura, opacidad y desalineamiento de incentivos (Musacchio y Lazzarini, 2014).

En las economías periféricas, las empresas mixtas resultan especialmente adecuadas para la innovación radical y la creación de mercados porque combinan, en una misma estructura de gobernanza, capital paciente y capacidad estatal de absorción de riesgo con incentivos privados a la eficiencia, el aprendizaje organizacional y el escalamiento comercial. Esa combinación es decisiva en las fases exploratorias de proyectos complejos, donde la elevada incertidumbre macroeconómica tiende a restringir el crédito y desalentar la inversión privada de largo plazo. Mientras que la evidencia sobre propiedad mixta muestra que este tipo de arreglos reduce restricciones financieras —sobre todo en sectores intensivos en capital e información— y eleva tanto la capacidad innovadora general como la innovación de ruptura de las firmas involucradas (Li et al, 2025). Además, al articular objetivos públicos con capacidades empresariales, estas firmas están mejor posicionadas no solo para desarrollar tecnologías nuevas, sino también para contribuir a la formación de los mercados que las vuelven viables, un proceso en el que la coordinación pública de demanda, estándares e infraestructura cumple un papel central (Bleda y Chicot, 2020).

En la Tabla 2 se resumen las principales características de las cuatro economías.

Resumen de las características de las cuatro economías en la actualidad.
Características de las empresas/ emprendimientos Latinoamericanos Economía Global (EG) Economía Nacional (EN) Economía Popular (EP) Economía Mixta de Control Estatal (EMCE)
Sujeto Social que dirige el proceso Tecnocracia Burguesía Nacional Clase trabajadora “excedente” Política/Burocracia
Parámetro exógeno Tasa de Ganancia Global del Capital ajustada por riesgo Costos totales de producción, incluyendo costos de reproducción de la propia burguesía como clase Costo de Reproducción Social de la clase trabajadora Objetivo de producción y desarrollo de mercado.
Variable residual Salarios reales Excedente Económico Horas de trabajo Tasa de ganancia
Espacio de Circulación de mercancías Internacional Nacional Local Mixto
Impulso Dinámica global del Capitalismo Consumo interno Necesidades de subsistencia familiar Requisitos estratégicos para la soberanía nacional
CyT e Innovación tecnológica Innovación incremental subordinada a Cadenas Globales de Valor Adaptativa y dinamizada por los Sistemas Nacionales de Innovación Marginal y vinculada a plataformas de comercialización y pago Innovación radical en instituciones y creación de mercado
Nivel de formalización laboral Alto Medio Nulo Alto
Fuente: elaboración propia.

Efectos de la Economía de Producción Mixta de Control Estatal en el resto de las Economías

Las EMCE son formas híbridas que buscan combinar capacidades públicas (coordinación, horizonte de largo plazo y legitimidad) con capacidades privadas (gestión, acceso a mercados y tecnologías), evitando tanto la pura estatización como la liberalización (Marra, 2006), lo cual genera potenciales efectos virtuosos sobre las diferentes economías que se analizan a continuación:

Un canal específico de impacto de las EMCE sobre la EG es el “de-risking público” (que implica promover la inversión en la etapa de exploración para desarrollar nuevos mercados y/o innovaciones radicales, debido a la incertidumbre que conllevan estas actividades (Mazzucato, 2011). La EMCE permite socializar parte de la incertidumbre inicial (tecnológica, de coordinación, regulatoria, de demanda) mediante instrumentos de inversión pública, garantías, participación accionaria y/o contratos de largo plazo, lo que reduce el costo del capital y habilita inversión privada en proyectos con alta irreversibilidad y grandes costos hundidos. La discusión contemporánea sobre política de innovación y “Estado emprendedor” conceptualiza este rol como creación y configuración de mercados, donde el Estado actúa como inversor líder en etapas tempranas y, crucialmente, donde la cuestión normativa no es solo “quién asume riesgos”, sino también cómo se distribuyen recompensas cuando el proyecto tiene éxito (evitando que la atracción de capital dependa únicamente de rentas extraordinarias o incentivos fiscales regresivos) (Mazzucato, 2011).

Por otra parte, el efecto de las EMCE sobre la EN no se agota en “más inversión”, sino en externalidades productivas inducidas por dichas empresas, cuando se la diseña con mandatos explícitos de desarrollo de proveedores, contenido local eficiente, transferencia de capacidades y coordinación de insumos críticos. El mecanismo central es el fortalecimiento de encadenamientos hacia atrás y hacia adelante (estándares, certificaciones, aprendizaje por interacción, difusión de prácticas, demanda estable), lo que puede elevar productividad y diversificar la base productiva doméstica cuando las reglas son realistas, transparentes y complementadas con políticas de capacitación, financiamiento y competencia. Asimismo, si la EMCE opera en sectores de insumos transversales (energía, logística, servicios industriales) lo que amplía la oferta y puede reducir costos y pérdidas por restricciones de infraestructura.

Finalmente, las EMCE impactan sobre la EP mediante asociaciones estratégicas. En este tercer eje, el efecto deseable no es (principalmente) “absorber masivamente empleo”, sino mejorar condiciones de inserción (ingresos, estabilidad, formalización gradual, acceso a protección, seguridad y capacidades) a través de vínculos de mercado y de organización para: (i) compras con criterios sociales y cadenas de proveedores diseñadas para cooperativas, mutuales u organizaciones productivas populares; (ii) contratos de abastecimiento y asistencia técnica (p. ej., redes de alimentos, logística o servicios locales) con cláusulas de calidad, plazos de pago y acompañamiento; y (iii) ecosistemas de servicios asociados a bienes públicos/estratégicos (por ejemplo, despliegue capilar de instalación y mantenimiento en soluciones energéticas y de conectividad), donde la EMCE fija estándares, financia formación/certificación y reduce riesgos comerciales para micro-proveedores.

Conclusiones

El principal aporte del presente trabajo consiste en desplazar el eje interpretativo del subdesarrollo latinoamericano desde la heterogeneidad estructural, entendida como estratos de productividad, hacia un enfoque de cuatro economías que coexisten con lógicas distintas de organización del trabajo, criterios de decisión y finalidades sociales. Esta transformación no niega la relevancia de las discontinuidades productivas, sino que propone una lectura más robusta, donde los “saltos” de productividad no son únicamente un problema de brecha tecnológica o de dotaciones factoriales, sino la expresión de mecanismos de reproducción social diferenciados y de formas históricas de coordinación (mercantiles, estatales y comunitarias) que operan simultáneamente en las economías periféricas. En ese sentido, pensar en cuatro economías —economía globalizada, economía nacional, economía popular y economía mixta de control estatal— permite reconstruir la complejidad del desarrollo periférico sin reducirla a un camino único, ni a una transición lineal desde “atraso” hacia “modernidad”.

En segundo lugar, el texto enfatiza el debilitamiento del imaginario de pleno empleo asalariado como horizonte universal de integración social (acelerado por la automatización, la reorganización de tareas y la financiarización). Lo que obliga a revisar críticamente los supuestos que estructuran buena parte de las políticas para el desarrollo en la promesa de inclusión laboral únicamente por expansión del empleo asalariado estándar.

Con este diagnóstico, la propuesta de las cuatro economías permite identificar con mayor precisión las funciones estructurales de cada esfera: la EG como generadora (potencial) de divisas y acceso a fronteras tecnológicas; la EN como espacio de reproducción de una burguesía doméstica heterogénea; la EP como ámbito donde la fuerza de trabajo excluida “se inventa” su propio trabajo, sosteniendo reproducción social y la EMCE como dispositivo político capaz de crear mercados, coordinar inversiones, asegurar insumos críticos y producir innovaciones

Esto se refleja en la innovación tecnológica de las cuatro economías y sus potencialidades; donde se destaca que en la EG los países de América Latina tienen una inserción subordinada en CGV, lo que limita el escalamiento de las empresas. En la EN predomina una dinámica defensiva y adaptativa con baja rentabilidad, donde los Sistemas Nacionales de Innovación son clave para sostener y orientar los procesos tecnológicos, aunque se ven limitados por problemas estructurales. En la EP, la innovación se restringe al uso de plataformas digitales para la subsistencia. Sin embargo, para la mejora de su productividad e ingresos es central el desarrollo de Ecosistemas de Innovación Popular que fomenten la cooperación y la generación de innovaciones propias. Finalmente, en las economías periféricas, las EMCE aparecen como una alternativa estratégica al combinar capacidades estatales y privadas para impulsar innovación radical, reducir restricciones financieras y promover la creación de nuevos mercados.

Finalmente, la clave del argumento es que estas economías no deben tratarse como “residuos” o “etapas”, sino como componentes permanentes de la estructura periférica cuya articulación concreta define tanto la viabilidad macroeconómica como la posibilidad de inclusión laboral. De esta forma, se propone un nuevo patrón de desarrollo para los países periféricos que focalice en una estrategia integrada de políticas e instituciones diferenciadas para cada economía; con un principio de coordinación que evite que el progreso de una se haga a costa de la contracción o degradación de las otras.

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    Publicado

    2026-06-02

    Cómo citar

    Chena, P. I., & Panigo, D. T. (2026). Nuevo patrón de desarrollo para América Latina basado en cuatro economías que coexisten. Ciencia, Tecnología Y Política, 9(16), e152. https://doi.org/10.24215/26183188e152