En camino al paraíso, de Osvaldo Bayer

Mediaciones culturales y memoria

Autores/as

DOI:

https://doi.org/10.24215/18536212e139

Palabras clave:

literatura, crónica, memoria, mediador cultural, utopía

Resumen

En camino al paraíso recoge crónicas, cartas, ensayos, artículos periodísticos y conferencias escritas por Osvaldo Bayer entre 1993 y 1999. Se suman estos escritos breves a sus investigaciones historiográficas, novelas y guiones cinematográficos y construyen la imagen de un intelectual que fue mediador cultural entre Alemania y Argentina al tiempo que actor social y político activo de los hechos históricos que retrató. También entre el discurso histórico y el literario Bayer creó puentes y se escribió personaje para invitar al lector a la aventura de intentar construir un mundo mejor desde la ética y la solidaridad. 

Introducción

Leer, pensar o escribir sobre el trabajo como historiador de Osvaldo Bayer es inescindible de la persona y la figura del intelectual de Bayer mismo porque su vida es parte de la historia que cuenta. Osvaldo Jorge Bayer nació en Argentina el 18 de febrero de 1927, en Santa Fe. Su apellido original era “Payr”, pero su abuelo se cansó de que lo escribieran mal y en el Registro Civil de la Ciudad de Buenos Aires y los Territorios Nacionales dijo: “Bayer, como las aspirinas” (2022, entrevista de Jorge Boccanera). Ya en ese abuelo paterno, Josef Georg Payr, venido de Schwaz, pueblo del Tirol austríaco y afincado en Humboldt, en el centro de la provincia de Santa Fe, estaba la semilla de la rebeldía: el herrero devenido agricultor proponía a las autoridades santafecinas construir dos mil arados para sembrar La Pampa y alimentar al mundo.

El trabajo de su padre en el telégrafo llevó a la familia Bayer a vivir en diferentes ciudades: Bernal, el barrio de Belgrano en Capital, en el pueblo patagónico de Río Gallegos -experiencia que luego se convertiría en su más conocida obra: La Patagonia rebelde (4 tomos publicados entre 1972 y 1975) sobre el fusilamiento de trabajadores rurales a manos del militar Héctor Benigno Varela, bajo las órdenes de Hipólito Yrigoyen.

Osvaldo Bayer fue historiador, periodista, escritor, guionista, intelectual, profesor, sindicalista y militante político anarquista. Su formación académica se repartió entre Argentina, donde estudió un año de medicina y otro de filosofía, y Alemania, donde se doctoró en historia en la Universidad de Hamburgo (1952-1956). Su trabajo y residencia también estuvieron repartidos a lo largo de los años entre ambos países, otorgándole un lugar privilegiado como mediador cultural.

En este trabajo analizaremos cómo se construye esa figura y voz de intelectual mediador entre dos culturas y cómo se tematiza la cuestión de la memoria en relación con la última dictadura cívico-militar en Argentina y al régimen nazi en Alemania como procesos históricos traumáticos en En camino al paraíso.(Bayer, 1999)

La voz del narrador

En camino al paraíso recoge escritos diversos: crónicas, cartas, ensayos, artículos periodísticos y conferencias escritas por Bayer en un arco temporal que va de 1993 a 1999. El volumen está compuesto por 67 apartados escritos alternadamente en Argentina y Alemania que se agrupan en seis partes:

Primera parte: De aquí a la eternidad (sobre filosofías, éticas, molinos de viento y fortalezas de carne y hueso)

Segunda parte: Ser y tiempo, hoy

Tercera parte: Lo que fuimos y seguimos siendo

Cuarta parte: Memoria

Quinta parte: Los hijos del pueblo

Sexta parte: Los límites de la tierra

La diversidad de temáticas y formatos en este caso redundan en la virtud de ser un mapa de los intereses que han movilizado toda la escritura de Bayer, desde aquella más histórica hasta la más literaria o artística.

Bayer se autodefinía como un cronista, más cercano a la historia que a la literatura. Esto supone una primera característica fundamental: el cronista histórico es ante todo un investigador que pone el cuerpo a sus indagaciones: visita archivos, recoge en persona los testimonios de los hechos históricos, recorre calles y campos para ver dónde ocurrieron los acontecimientos. Así lo hace Bayer en estos textos, caminando alternadamente por las calles de Alemania o Argentina y mirando hacia sendas coordenadas geográficas y hacia el pasado y condiciones actuales de ambos países.

Walter Benjamin afirmaba que los mejores narradores son aquellos “que en sus textos menos se apartan del contar de los numerosos narradores anónimos” (2009, p. 34). En ese sentido construye Bayer un narrador que busca preservar las voces y testimonios de sus fuentes con rigurosidad y que para ello no duda en recurrir a un estilo coloquial, simple, con uso de lunfardismos y marcas de la oralidad. Sin embargo, también siguiendo a Benjamin, “La huella del narrador queda adherida a la narración, como las del alfarero a la superficie de la vasija de barro” (2009, p. 40), y esa marca es la del intelectual comprometido con la denuncia y la búsqueda de la verdad. En el arco temporal que abarcan estos escritos, el compromiso es sin dudas con la memoria del llamado “pasado reciente” y con el futuro de Argentina en lo que correspondía a refundar las instituciones democráticas y establecer un rumbo económico sustentable y eficaz después de la dictadura militar. Repetidas veces vuelve a las leyes de Punto final y Obediencia Debida para criticar negativamente estas medidas y considerarlas antidemocráticas. En estos escritos también se agolpan sus lecturas y análisis económicos con una lucidez escalofriante si miramos nuestro presente:

(…) O qué aventureros desprovistos de toda calidad humana como los que estamos sufriendo, nos quieren hacer creer que igualdad liberal es aquella consabida fórmula de que mientras unos ganan plata el resto tiene toda la libertad que quiera para morirse de hambre, y si no acepta esta ley profundamente democrática, la Democracia va a saber defender sus instituciones con los bastones largos, gases lacrimógenos, las balas “perdidas” acostumbradas y los mercenarios uniformados de siempre (1999, p.81).

La literatura asoma como lectura que ayuda a comprender la realidad: Chejov, Tolstoi, Brecht, Puig, Cortázar, Arlt, Walsh, Dostoievsky. Pero también como recurso, sobre todo en los dos apartados que se refieren a Osvaldo Soriano, entrañable amigo fallecido en 1997: “Ni penas ni olvido” (1998) y “Hans Otto Chiavini” (1999). Ambos apartados fueron escritos el 29 de enero, aniversario de la muerte de Soriano, y rememoran en clave de sueño o ensoñación fantástica el reencuentro entre los amigos. La literatura se revela en este caso como el único medio de expresión posible del pensamiento. El otro apartado en el que se refiere a Soriano es “El mágico contador de patos” (1997), escrito el mismo día de su fallecimiento y que perfila, en clave de anécdota no exenta de humor y muchísima calidez, la relación de amistad en el exilio de ambos.

El registro del periodista, del cronista y del escritor de ficción se rozan, se superponen, se mezclan y se enriquecen dialécticamente. Incluso por momentos el registro del guion cinematográfico, que también frecuentara Bayer, hace que la escritura se vuelva plástica, fílmica, por la dosificación de la información y la creación de suspenso o expectativa in crescendo, tal como puede verse en la siguiente secuencia:

Estábamos en lo mejor, los chicos haciendo maravillas con los fuegos artificiales, cuando veo mi oportunidad y le digo al pequeño Paul: “yo me voy a parar sobre la alcantarilla y vos disimuladamente metés el petardo adentro de ella, encendido, por supuesto, y a mis espaldas”. Lo hizo. El petardo sonó como un enorme trueno en una tormenta del Mar de la China. Sonó, yo pegué un salto, tiré la gorra al aire y haciéndome el asustado y como perseguido por mil brujas me pongo a correr la calle abajo que tiene una inclinación de casi cuarenta y cinco grados. Y ahí empezó esa sensación desconocida e indescriptible: mientras los chicos reían a carcajadas por mi representación teatral yo sentí que la carrera iba en aumento, mis piernas ya ni siquiera se apoyaban en la tierra y que yo iba remontando vuelo. Atiné a poner mis manos como alas de avión y ahí se produjo como una ruta blanca frente a mí que yo iba recorriendo cada vez más ligero (…)” (1999, p. 296).

En otros momentos, en cambio, la escritura se adelgaza en oraciones breves y datos precisos, con una fuerza que Ana María Ramb llama “efecto stacatto” (2018, p. 12) y coincide con la calidad de seriedad de la materia narrada. Valga de ejemplo el comienzo de “Rosa”, apartado en el que se cuenta la separación de una madre y su hija en el contexto de la dictadura militar argentina:

Rosa se llamó la niña que nació a las 3:15 horas del 2 de abril de 1977 en el Hospital Municipal de Quilmes. Su madre era Isabella Valenzi. Llegó embarazada de siete meses y medio al hospital, custodiada por uniformados de la policía de la Provincia de Buenos Aires, seccional primera de la zona (1999, p. 266).

Continúa el párrafo con la marca del narrador en la interpretación de lo contado: “Diez hombres de gorra y botas que mostraban un celo inusitado en custodiar a una prisionera que, por su estado, no tenía posibilidades de huir” (1999, p. 266). Remata con el uso de la ironía “Diez hombres de la Patria y la sociedad argentina. Policía Bonaerense para servir a usted, a los argentinos de bien y antimarxistas por añadidura (…)” (1999, p.266). El final del apartado cierra, como casi todos, con un párrafo que apela a la emocionalidad del lector:

Contra el silencio de hoy, propongamos que todos los 2 de abril, el día que vio la luz la pequeña Rosa, las maestras pongan jarrones en sus escritorios y que ese día los alumnos traigan rositas silvestres para esos jarrones, en recuerdo de Rosa, la niña recién nacida, a quien se le negó la caricia, la ternura, la tibieza de los brazos de su joven madre (1999, p. 269).

Su escritura a contrapelo del poder y de sus aparatos ideológicos le cuesta en 1975 el exilio obligado en Alemania.

Antes de esa fecha ya había publicado:

* La rebelión de los generales (1962): esta fue una de sus primeras obras.

* Contra la ocupación extranjera (1968): aborda el tema de la injerencia extranjera en Argentina.

* Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia (1970): una biografía sobre el anarquista italiano Severino Di Giovanni.

* Mercenarios y monopolios en la Argentina (de Onganía a Lanusse) (1971): en este libro, analiza el periodo de las dictaduras militares en Argentina.

* La Patagonia rebelde (1972-1974): su obra más conocida, una investigación sobre las huelgas rurales de los años 1920 y la represión posterior en la Patagonia. Fue publicada en varios tomos:

  • Tomos I y II (1972)
  • Tomo III (1974)

* Radowitzky ¿mártir o asesino? (1974): se enfoca en el anarquista Simón Radowitzky, conocido por el atentado contra Ramón Falcón.

En 1958 fundó La Chispa, al que denominó "el primer periódico independiente de la Patagonia". Un año después, fue acusado de difundir información estratégica en un punto fronterizo y obligado por la Gendarmería, a punta de pistola, a abandonar Esquel.

Entre 1959 y 1962 fue secretario general del Sindicato de Prensa.

Durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón y durante la de María Estela Martínez de Perón, Bayer fue censurado, amenazado y perseguido por la Triple A debido a sus obras, sobre todo por su libro Los vengadores de la Patagonia trágica. Esto motivó su exilio en Berlín Oeste desde 1975 hasta la caída de la posterior dictadura militar en 1983.

En este proceso de exilio Bayer envía a Alemania primero a su familia (su esposa y sus cuatro hijos) y se retrasa porque no encuentra manera de sacar de Argentina el manuscrito del volumen IV de La Patagonia rebelde. Saldrá finalmente del país de manos del agregado cultural alemán en Argentina, quien tiempo después consigue sacar el manuscrito, que finalmente se publica en Alemania en español. Una vez afincado en Berlín se desempeñará como traductor, escritor y conferencista en varias universidades alemanas que le otorgan un espacio. La relación de Bayer con Alemania será de entrañable agradecimiento, pero al preguntarle sobre si se sentía alemán o argentino él ha afirmado con orgullo no tener nacionalidad alemana y sentirse profundamente argentino. Lo cuenta mejor el mismo Bayer, con calidez no exenta de agudeza, en su relato sobre su primera y última intervención futbolística:

Y esa vez no encontraron 11 jugadores, entonces el capitán de arcos me hace así, con desprecio, que entrara, que fuera al arco. Y viste, los inútiles al arco. Y toma la pelota Manuela Pedraza, Recani pasa y nadie los para, y me tiran un pelotazo de la puta madre, yo pongo las manos así, me las dobla, me pegó acá, caí sentado y gol. A los 30 segundos. Y los del equipo me miraron, me gritaron hijo de puta y qué sé yo y me empezaron a correr. Yo tuve el error de salir corriendo y entonces me persiguieron, y yo debo haber corrido como nunca porque no me pudieron alcanzar. Entonces, cuando lleguemos a la placita, me gritaron: "Alemán, culo de pan". Ese es el peor insulto que yo recibí en mi vida. Pegué unas vueltas y volví a casa. Me fui al dormitorio, me bajé los pantalones y teníamos un espejo que llegaba hasta el suelo. Y me miré dado vuelta y dije: "Si soy igual a todos, ¿por qué culo de pan?". Tenía 7 u 8 años, qué complejo me dejaron”. (Caminos y Leza, 2024).

El relato es sencillo y coloquial, pero podemos ver el humor como recurso expresivo que también asoma por momentos en las crónicas de En camino al paraíso sin dejar de lado la complejidad del tema que trata, en este caso la identidad nacional con la que se identifica y la compleja inserción de los inmigrantes en Argentina a principios del siglo XX.

Osvaldo Bayer nunca asumió la postura, tan frecuente en los intelectuales argentinos, de mirar con ojos obnubilados la cultura y medios europeos en detrimento de los latinoamericanos. Su mirada es la del intelectual anarquista que, sin filiación partidaria, puede mantener el ojo crítico afilado, e intacto su compromiso ético con la realidad.

La épica de los héroes anónimos

Hemos analizado en el apartado anterior algunos rasgos de estilo que acercan los textos de Bayer a la literatura y mencionado que Bayer insistía en autodenominarse cronista y, como tal, es esperable que “se supedite al tono de sus fuentes y al rigor que él mismo se impone en el rescate de los hechos históricos” (2018, p. 2). Pero al sumar a lo documentado su interpretación y los detalles precisos en los que suceden las entrevistas, Bayer se vuelve personaje de su propio relato.

Incluso cuando Bayer escribe abiertamente literatura, como es el caso de la novela Rainer y Minou. Una realidad literaria (2001),

(…) no puede negar su oficio de historiador e incorpora en la narración una profusa referencia al nacionalsocialismo en Argentina, a la llegada y ocultamiento de jerarcas nazis durante el gobierno de Perón, a la situación del judaísmo en ella, y a los argentinos en el exilio o migrados hacia el país de origen de sus padres (…)” (Wamba Gaviña, 2009, p. 4).

En cuanto a la épica, Benjamin afirmaba que “de entre todas las formas épicas, ninguna ocurre tan indudablemente en la luz pura e incolora de la historia escrita como la crónica” (2009, p. 43). Quizás podríamos pensar el trabajo de Bayer como parte de “un gran texto colectivo: la nueva épica de nuestros tiempos” (Ramb, 2018, p. 2)

A lo largo de En camino al paraíso, Bayer dedica numerosos apartados al rescate del olvido de héroes anónimos para homenajearlos con profunda admiración y, al mismo tiempo, utilizar la materia del pasado para proyectarse reflexivamente hacia el presente de la narración y hacia el futuro.

La medida de la heroicidad queda explícita en el apartado 1 de la Parte 1: “Los altruistas”. Su punto de partida es la conferencia titulada “El proceder moral. El ansia de esclarecimiento” que Ulrike Freund expusiera en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Técnica de Berlín. Se pregunta Bayer con auténtica curiosidad:

¿Por qué hay seres altruistas en mayorías egoístas? ¿Por qué en momentos en que los países caen en regímenes sin garantías prefieren la banalidad del mal, la pérdida de la solidaridad humana, buscar explicaciones para justificar ese mal imaginando enemigos exteriores y crucificándolos de acuerdo a la versión oficial? ¿Pero, por qué al mismo tiempo existen personas que se atienen a principios éticos dispuestos a acompañar en la cruz a los ladrones buenos y malos para no compartir los doce dineros de Judas ni jugar a los dados, con los centuriones de turno, las pertenencias de los crucificados por el poder y los Pilatos de circunstancias? (1999, p. 19).

De los numerosos héroes anónimos que menciona Bayer tomaremos algunos a modo de ejemplo.

El apartado 4 de la Parte 1 se titula “La sonrisa del soldado Beck”. El caso de este soldado alemán surge en el marco de los trabajos de reparación de la memoria que ha realizado Alemania tras el nazismo. El soldado Beck siempre había manifestado a su familia estar en desacuerdo con la guerra y con el uso de armas para matar, de modo que en cuanto tuvo oportunidad se alejó de su tropa sin ser notado. En mayo de 1945 su regimiento se rinde ante los canadienses y sus oficiales son puestos prisioneros. Al mismo tiempo, Beck es capturado en un pueblo vecino por tener identificación nazi y termina en el mismo campo de prisioneros que sus superiores militares. Allí es juzgado por éstos como desertor y fusilado con las armas que para tal tarea pidieron, siguiendo el código de guerra, a los canadienses. Comenta Bayer:

(…) Los que se habían rendido con bandera y banda, traicionando así el juramento “de luchar hasta la última gota de sangre por la Patria” se daban el derecho de juzgar a quien había tenido la valentía de enfrentar a todo un mundo de sangre y bajezas negándose a matar (…). (1999. p. 31)

Los oficiales que asesinaron a Beck tuvieron luego un buen pasar ocupando altos cargos en la nueva administración. Agrega Bayer:

Pero los argentinos no debemos sorprendernos. Los asesinos más baratos y ordinarios de la desaparición de personas pueden aparecer sin problemas en la televisión u ocupan cargos bien remunerados en las organizaciones mafiosas formadas a partir de la dictadura y que fueron ganando licitaciones desde ese tiempo (1999, p. 32).

Esta operación, que consiste en mirar alternativamente a Alemania y a Argentina comparando cómo han resuelto ambos países procesos dictatoriales, estructura todo el volumen. En este punto cobra relevancia la figura de Bayer como “mediador cultural” (Espagne, 2023, p. 50) ya que reúne varias de las instancias que Espagne reconoce en esta figura: es un viajero, es traductor, es editor y como historiador tiene un punto de vista particular sobre la materia narrada, factor que Espagne considera fundamental “porque marca el curso de la narración” (Espagne, 2023, p. 50). Esta suerte de evaluación subjetiva o implicancia en la materia narrada es relevante para Espagne porque el enfoque de las transferencias culturales que promulga se propone como superación de enfoques que en la comparación literaria o la historia social comparada contaban con un observador neutral que no puede existir más que en el plano de la idealidad (Espagne, 2023, p. 50).

Otro ejemplo lo podemos encontrar en el apartado 14 de la Parte 5 titulado “El amigo del pueblo”. En este apartado se cuenta la historia de José Martín Amigo, asesinado el 24 de septiembre de 1976 a sus veintitrés años a manos de “los lóbregos asesinos a sueldo del general Camps y del comisario Etchecolatz” (1999, p. 262) cuando iba a tomar el tren para ir a trabajar. Bayer se entrevista con amigos, familiares y maestros y reconstruye así los hilos de la vida de este joven: sus profesores, sus amistades, sus estudios, su novia desaparecida, su incansable trabajo organizando merenderos en las villas, su espíritu solidario con todo el barrio de Quilmes Oeste, la asistencia de todo el barrio a su velorio y entierro a pesar del miedo hasta llegar al motivo del artículo: la inauguración de una plaza con el nombre del muchacho. Monumentos, plazas, placas son ejercicios de la memoria que, siguiendo a Espagne, son otra dimensión de la transferencia cultural en la que se juega la imagen que tiene de sí un grupo social, se trate de una sociedad académica, un equipo de fútbol o una nación (Espagne, 2023, p. 51).

Bayer aprovecha este acontecimiento para denunciar los entretelones políticos que eran relevantes en 1998, fecha de publicación del artículo:

Los mismos partidos que en el rol municipal de Quilmes votaron por el nombre de José Martín Amigo eligieron en la Capital Federal como juez a un paniaguado de la dictadura asesina, Guillermo Muñoz, asesor de los militares desde 1976 a 1982, electo nada menos que juez por el Frepaso, la UCR y el Justicialismo (…) (1999, p. 265).

Expone la incoherencia política, moral y ética que corroe como una enfermedad silenciosa las instituciones argentinas en la época del artículo y arremete nuevamente con la comparación entre Argentina y Alemania:

Ni Videla, ni Camps, ni Etchecolatz ni ninguno de sus rufianes tuvieron el valor de pegarse un tiro ante ésta, la más absoluta derrota moral, como por lo menos hicieron algunos nazis que atinaron al buen gusto de meterse un balazo final en su podredumbre. No, Videla está esperando dar lástima para que alguien sienta conmiseración (…)” (1999, p. 265)

Y acá reside la derrota que menciona más arriba y el establecimiento de una épica de los héroes anónimos: “(…) Ni él ni sus verdugos jamás serán premiados con el nombre de un jardín de juegos para niños. Ese es el triunfo final de quien dio su vida por la sociedad solidaria (…)” (1999, p. 265). El artículo se cierra con un mensaje que se proyecta hacia el futuro, más allá de 1998:

Bussi gobernador, Paty intendente, Muñoz juez. Para ellos, el poder, para José Martín Amigo, la poesía. Hasta que la poesía llegue al poder, cuando elijamos a luchadores con ética y no a sempiternos oportunistas. Los luchadores libertarios de principios de siglo llamaban “Hijo del pueblo” a todo héroe caído en la lucha por la dignidad y la justicia. A José Martín Amigo le daremos el título indeleble de “Amigo del pueblo” (1999, p. 265).

Los últimos apartados que analizaremos son el 16 y el 17 de la Parte 5 titulados “Batallas argentinas I” y “Batallas argentinas II”. En ellos Bayer cuenta su encuentro con Ana María Disalvo, psicóloga, secuestrada junto a su marido, Eduardo Kiernan, el 4 de marzo de 1977 y torturada durante setenta y tres días en el centro de detención El Vesubio, bajo el mando del coronel Suárez Mason y el teniente coronel Pedro Alberto Durán Sáenz a cargo de las torturas a los secuestrados. Ana María se presenta ante Bayer al final de una de sus clases de filosofía en la Universidad de Buenos Aires y le dice: “Yo estuve con Elizabeth en El Vesubio” (1999, p. 270). Esta frase es el disparador de la memoria de ambos y el pasado irrumpe como una pesadilla: “(…) Volví al drama que me costó tanto insomnio, impotencia y vergüenza (…)” (1999, p. 270). Están hablando de Elizabeth Kaesemann, estudiante alemana llegada a Argentina desde Berlín para hacer su trabajo final de sociología y secuestrada, vejada y asesinada en El Vesubio. Ana María le explica a Bayer que se decidió a buscarlo porque tres años atrás Bayer había escrito el artículo “El regreso de Elizabeth” con motivo de la apertura de una casa destinada a madres solteras jóvenes en la ciudad de Essen. Ana María le cuenta a Bayer:

Fue cuando volví a verla. A recordarla en el campo de concentración de El Vesubio, cuando movía sus labios sin palabras para darme su dirección en Alemania, porque sabía que muy pronto la iban a asesinar. Su boca moviéndose se me presenta siempre y siempre, cuando estoy leyendo, en sueños, cuando viajo, al final de las tareas: mientras yo viva, Elizabeth no cejará de aparecer, y muda, con el movimiento de sus labios, me dará su dirección en Tübingen (…) (1999, p. 271).

En los dos apartados que dedica Bayer a este encuentro escucha con atención lo que Ana María tiene para contar. Se enumeran bajezas y también solidaridades. Nombres de detenidos y militares responsables se multiplican. En ambos apartados, de manera estructurante, se teje un campo semántico en torno a la palabra: la dicha, la no dicha, la susurrada, la murmurada, la gestualizada sin sonido, la pronunciada en los medios de comunicación durante la dictadura:

El ejército argentino había prohibido la palabra. No sólo quemaba libros y asesinaba a intelectuales y cercenaba las vidas de jóvenes, sino que tampoco quería escuchar la voz humana, la de la protesta ante lo injusto. Al pueblo sólo se le enseñaba a gritar ¡gol!, como ahora, y siempre a saber ser verdaderos occidentales y cristianos” (1999, p. 274).

En estos apartados más que en otros puede verse la palabra como instrumento de la memoria, pero como afirma Elizabeth Jelín: “Lejos de propiciar un discurso único, las memorias, con sus recuerdos, silencios y olvidos, son siempre plurales y, en general, están en contraposición o aun en conflicto con otras” (Jelin, 2002, p. 12). De un lado, el silencio ahogado de los pasillos de El Vesubio; del otro, la multitud gritando los goles del Mundial de Fútbol del 78. De un lado, voces que en aras de la “estabilidad de las instituciones democráticas” (Jelin, 2002, p. 28) promueven “políticas de olvido o de reconciliación” (Jelin, 2002, p.28); del otro lado, voces que exigen el esclarecimiento completo de lo acontecido durante la dictadura militar y el correspondiente castigo a los responsables de las violaciones a los derechos humanos. La posición de Bayer es clara y nos involucra a todos como lectores hacia el final con el uso de un nosotros inclusivo: “Elizabeth Kaesemann, sin voz, con el movimiento de sus labios, nos sigue dictando su dirección. Como lo hizo en El Vesubio a Ana María Disalvo, hace justo veintiún años” (1999, p. 277).

Los dos apartados que cierran el libro, “La única aventura de hoy es la utopía” y “Llegada al paraíso”, se estructuran sobre la abolición del tiempo y cobra sentido el título de la obra y su postulación como recorrido o viaje que se abre hacia el futuro. En el primero Bayer reflexiona sobre el concepto de aventura y entrelaza la aventura del Che Guevara, desde los libros de aventuras hacia los viajes en moto y barcos hasta su final, con el recorrido de vida del propio Bayer. Deambula por los bajos fondos de Berlín y entabla conversación con diferentes grupos de jóvenes, uno más desencantado que el otro, para quienes el sentido de aventura ha cambiado de manera radical. Sin embargo, aún hay esperanza:

(…) De pronto van llegando a la “Casa del tiempo libre” un conjunto de discapacitados. Los cinco jóvenes entonces se apresuran a ayudarlos, a trasladar mesas y sillas y a conversar con ellos. De pronto la ética asoma por encima de la resignación. El pesimismo se rompe. No hay imágenes de ballenas blancas, pero es como si comenzaran a abrirse algunas florcitas silvestres en Cottbus. (1999, p. 329).

A la esperanza se suma un proyecto posible: “(…) Tal vez fuera mejor enseñarles a los jóvenes a luchar por esa sinceridad. Esa sinceridad es la gran aventura del conocimiento humano, del coraje civil, de la ternura, de la humildad (…)” (1999, p. 332). El camino se abre hacia el futuro:

(…) La gran aventura, la inigualable, es ponerse en camino hacia la utopía. El camino ya basta, ya es todo, es la felicidad de saber que podremos ver la ballena blanca sin que ella nos hunda ni nos destroce, que nos permita verla acercarse y alejarse, pero siempre a la vista” (1999, p. 332).

El último apartado, “Llegada al paraíso”, tiene a Osvaldo Bayer en el centro de la escena y en el colmo de la felicidad y el agradecimiento porque las Madres de Plaza de Mayo le han otorgado en medio de la plaza el premio “Veinte años juntos”. El corazón de Bayer y su memoria se expanden para que en esa alegría todos tengan un lugar: “

(…) Podré abrazar nuevamente a Rodolfo Walsh y al gringo Tosco, que vendrá en su overol de siempre, directo de la usina, los dos encabezando la columna de los treinta mil. Y por la izquierda llegará con su ancho sombrero Emiliano, al lado de Augusto César y los cien de su pequeño ejército loco. Y por qué no, el mismo Jesús, aquel de las Escrituras, esta vez con rostro mapuche, desde Cutral-Có.” (1999, p. 333).

También estarán en el festejo su madre, su padre y su hermano Rodolfo, “(…) muerto en el sagrado fuego de la solidaridad (…)” (1999, p. 334). La historia individual y la historia colectiva quedan entrelazadas indistintamente y Bayer se convierte en un personaje histórico en su propio relato.

El cierre del volumen es un sueño solidario, pero también un pedido de justicia: “Será cuando reingrese al Paraíso por el camino de los abedules donde divisaré a las Madres del Pañuelo Blanco abrazadas a sus hijos, en el reencuentro definitivo” (1999, p. 334).

Conclusión

Cuando Josef Georg Payr, el abuelo de Osvaldo Bayer, hizo suficiente fortuna cultivando la tierra santafesina con los arados inventados por él mismo declaró a su familia que su sueño era ser vagabundo, de modo que iría caminando hacia Buenos Aires, luego a Austria a su tierra natal y después volvería. Algunos lo vieron recorriendo los caminos de Argentina por sus propios medios, pero el rastro se perdió y no volvieron a saber de él hasta que Osvaldo Bayer encontró en la ciudad de Schwatz su partida de defunción. Había muerto en su tierra natal en 1916, con algo más de ochenta años y, fiel a sus principios de hombre libre, sin ninguna posesión material. Era recordado en su ciudad como “un hombre culto y agradable” (Boccanera, 2022).

Parte de ese destino de interminables viajes, exilio y búsqueda de libertad pasan como una herencia a Osvaldo Bayer y moldean el intelectual comprometido con la búsqueda de la verdad y mediador cultural entre Alemania y Argentina. El compromiso con el pasado y la historia fue con la verdad y la memoria de toda injusticia, llámese nazismo en Alemania, fusilamientos en la Patagonia o “Proceso de Reorganización Nacional”. El compromiso con el futuro, sembrar la semilla de ética y humildad necesaria para construir proyectos de vida igualitaria.

La memoria, sin embargo, no es un fenómeno estático, terminado, cerrado. Siempre es transitoria, poco confiable, acosada por el olvido y las tergiversaciones, un territorio en pugna incesante desde diversos frentes. Según Graciela Wamba, el cine y la literatura recogen el guante para difundir y problematizar el discurso de la memoria y apelan a despertar dos niveles de memoria, la vivida y la colectiva. “(…) El espectador o el lector se encuentra interpelado tanto como individuo que recuerda emocionalmente lo referido y como parte de una cultura que conmemora los hechos de un pasado traumático” (Wamba Gaviña, 2011, p. 2). Osvaldo Bayer fue actor social y político activo de los hechos históricos que retrató en sus investigaciones historiográficas, crónicas, cartas, discursos, novelas, guiones cinematográficos y al hacerlo se transformó en personaje de sus textos y de la historia.

Su confianza estuvo puesta en la palabra como herramienta de conocimiento y de lucha por un mundo mejor: la leída, la escuchada, la escrita, la vociferada en las calles, la declamada en los púlpitos, la departida en aulas. Nuestra confianza, de alguna manera, es la misma.

Declaración de uso de inteligencia artificial generativa

No se utilizaron herramientas de IAG durante ninguna de las etapas de producción del artículo.

Referencias

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  • Benjamin, W. (2009). El narrador. En M. Stoopen Galán (Comp.), Sujeto y relato. Antología de textos teóricos (pp. 33-54). Universidad Nacional Autónoma de México. ↑

  • Boccanera, J. (27 de marzo de 2022). Osvaldo Bayer: Todo es ausencia. Abisinia. https://www.abisiniareview.com/osvaldo-bayer-todo-es-ausencia/ ↑

  • Caminos, M. y Leza, G. (7 de noviembre de 2024). Osvaldo Bayer y el curioso relato de su primer y último partido de fútbol que disputó como jugador. La Nación. https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/osvaldo-bayer-y-el-relato-de-su-primer-y-ultimo-partido-de-futbol-que-disputo-como-jugador-nid1741811/ ↑

  • Espagne, M. (2023). Las transferencias culturales. Campos de aplicación y tendencias de investigación. En P. Birle, S. Carreras, I. Paap, y F. Schmidt-Welle (Eds.), Producción de conocimientos y transferencias culturales en perspectiva interdisciplinaria. Una introducción (pp. 49-66). Vervuert. ↑

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  • Referencias

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    Publicado

    2026-10-30

    Número

    Sección

    Artículos de divulgación

    Cómo citar

    Pavón, M. C. (2026). En camino al paraíso, de Osvaldo Bayer: Mediaciones culturales y memoria. Plurentes. Artes Y Letras, 17, e139. https://doi.org/10.24215/18536212e139